The Libertines: "Anthems for Doomed Youth"

Pete Doherty, antes de conseguir éxito y fama con The Libertines, dejó por escrito el objetivo que él y Carl Barât compartían en el mundo de la música:  "To gain a measure of immortality in the plastic bubble of popular culture. A tricky task—unless one happens to be equipped with the belief, the talent, and the fervour." (Conseguir un pedazo de inmortalidad en la burbuja de plástico de la cultura popular. Una tarea complicada, a menos que uno cuente con la convicción, el talento y el fervor para ello).

Semejante declaración de intenciones puede parecer excesiva, igual que buena parte de la biografía de los miembros más famosos de The Libertines, pero las audaces palabras de Doherty no fueron una simple declaración grandilocuente propia de un ególatra, sino la verbalización de un auténtico compromiso con la música rock, a cuya historia han aportado con su música precisamente lo que se propusieron: convicción, talento y fervor.

The Libertines son, ante todo, apóstoles del rock y poetas punk, que con su disco Anthems for Doomed Youth, dan voz al desencanto de varias generaciones a partir de la expresión de sus propios demonios personales y sus errores vitales, exponiendo sus flaquezas  e inseguridades, o también sus decepciones.

Ese desencanto va unido a la melancolía propia de quienes han bajado a los infiernos y han vuelto. Aunque parte del mensaje es positivo, pues, al fin y al cabo, su viaje, su catábasis, ha sido de ida y vuelta, cualquiera comprenderá un viaje se salde con profundas cicatrices. En ese sentido, se podrían interpretar los primeros versos de la única composición antigua que The Libertines han recuperado para Anthems for Doomed Youth. Se trata de los versos que inician la preciosa y rebosante de vulnerabilidad You’re my Waterloo. Cantados por Pete Doherty, dicen así: “You'll never fumigate the demons / No matter how much you smoke” (“Nunca acabarás con los demonios, por mucho que fumes”). 

Con estos poderosos primeros versos, enlaza la canción que actúa como eje del disco y que lleva su mismo título: un homenaje al poema de Wilfred Owen Anthem for doomed youth, dedicado a la generación de británicos que perdieron su juventud luchando en la Primera Guerra Mundial, y que regresaron cambiados para siempre por el horror en el que habían participado.

Aunque en el caso de The Libertines las guerras han sido personales, también han sido cruentas. No repasaremos aquí la retahíla de escándalos de los que se han nutrido tabloides (y publicaciones supuestamente serias), pues eso tendría más interés para un programa de prevención de la drogadicción que con la historia de la música. Es mucho más interesante destacar unas líneas de la citada canción, Anthem for doomed youth. Barât y Doherty cantan: «Yes, we thought that they were brothers./Then they half-murdered each other./ Then they did a karaoke turn. And murdered our best song.» (Sí, pensábamos que eran hermanos. Después casi se matan el uno al otro. Al final se dedicaron al karaoke y destrozaron nuestra mejor canción). Este pequeño extracto es elocuente por sí mismo, y resume bastante bien la deriva que acabó con la amistad (y la banda) que ahora resurge de sus cenizas. 

Y es que The Libertines no existe sin la amistad de los dos frontmen, que se conocieron a través de la hermana de Doherty a finales de los noventa. La relación de ambos fue intensa desde el inicio, crearon una mitología propia, donde, al timón del buque Albion, se presentaban ante el mundo con los ideales más puros del rock & roll.

Ambos son capaces de sacar lo mejor (y lo peor) del otro. Probablemente la suya sea una de las historias de amor destinadas a pasar a la historia de la música moderna. La misma You’re my Waterloo, de la que hablábamos antes, podría parecer una canción de amor, para quien no conozca las referencias personales. Sin embargo, cuando Pete Doherty recita los versos «And you see I've brought you flowers / All collected from the Old Vic Stage / Well I've been sitting here for hours, baby / Just chasing these words /Across the page», está haciendo una referencia directa al teatro Old Vic, donde trabajó Barât, y donde también se acostumbra a lanzar flores al escenario.

En el mismo sentido, Waterloo se refiere a la estación de metro del mismo nombre, una de las mayores de Londres, y que Carl Barât, en su autobiografía, Threepenny memoir: The lives of a Libertine, calificaba como el corazón de Albion; así que tal vez, en una interpretación algo aventurada, pero no del todo imposible, Doherty le esté diciendo a Barât que él es el corazón de Albion.

Sin duda, es una canción especial, porque Doherty se la dedicó a Barât durante una actuación, cuando este último estaba hospitalizado. El tema parece hablar de reconciliación y resulta muy significativo que sea la única composición antigua (demos de ella circulaban desde hacía varios años y Doherty la tocaba en sus sets en directo) que hayan recuperado.

Ahora bien, como todo en The Libertines, la reconciliación de la que hablan es agridulce. Después de la estrofa final en la que Doherty canta «Well, I’m so glad we know just what to do / And everyone’s one gonna be happy / Everyone’s gonna be happy / Everyone’s gonna be happy», tres palabras se quedan colgando en el aire, y ponen en duda todo lo anterior. Se trata de la expresión «But of course», que viene a decir: «todo saldrá bien… pero claro…». De la frase que queda, a medias se deduce la inevitabilidad de que surjan nuevos problemas. 

Aunque The Libertines de 2015 siguen defendiendo los mismos ideales musicales que el primer día, ya no son los veinteañeros que en 2004 batieron récords al vender más de 72.000 copias en solo una semana de su disco homónimo. Aquel álbum logró un reconocimiento unánime de la crítica, que no tardó en calificarlo como imprescindible para entender la cultura moderna. Tanto el disco de 2004, como su debut, Up the bracket (2002), contienen canciones de referencia que entroncan con la realeza del rock británico (y mundial), pues uno de sus primeros productores fue Mick Jones, miembro de The Clash.

Además de por el hecho de ofrecer unas canciones potentes, el grupo cautivó a su público por su autenticidad: Doherty y Barât se dejan las tripas en las canciones con un sonido sucio, bruto y honesto, tremendamente adictivo. Y esa honestidad surge de la estrecha amistad de Barât y Doherty. Las referencias a su relación son continuas a lo largo de todo este último disco, como en Fury of Chonburi, donde cantan sobre devoción y conflictos, dirigiéndose el uno al otro por su mutuo apodo personal, “pig man”.

Otro corte del disco, Belly of the Beast, sirve en este caso a Carl Barât para destapar sus demonios personales, en este caso la depresión y el alcoholismo, y llega incluso a escenificar una sesión con su terapeuta en la que se define a sí mismo como «the most messed-up motherfucker I know». Ahora bien, la disección de sus personas públicas llega a su punto más álgido con Heart of the matter, que es a la vez una reflexión personal sobre el estilo de vida autodestructivo de Doherty y Barât, y una crítica de cómo explotan los medios la caída en desgracia de los ídolos.

Como decíamos, The Libertines han tenido una década complicada, y su perspectiva ha cambiado en consecuencia, pero su evolución solo los ha acercado más a la sensibilidad de sus seguidores, pues se erigen en narradores del desencanto que se ha adueñado de toda una generación que ahora se encuentra en la treintena.

Esa nueva perspectiva la encontramos, por ejemplo, en Fame and Fortune, un retrato mordaz y completamente desmitificador de la fama y del mundo bohemio de Candem, centro neurálgico de la escena indie londinense.

En definitiva, la decisión de The Libertines de hacer un nuevo disco ha sido audaz, pues perfectamente podrían haber llenado estadios con una recopilación de sus viejos temas.

La jugada podría haberles salido mal, ya que las comparaciones con sus primeros discos iban a ser inevitables. Además, el trabajo en solitario de Barât y Doherty (muy especialmente el del primero) no se consideró a la altura de sus logros conjuntos.

¿Cuál es pues el motivo de que este disco sea un paso más en la carrera de The Libertines? La respuesta es simple. El disco rebosa talento. La firma Barât / Doherty es sinónimo de poesía punk desgarrada. Si me permiten la comparación, los dos líderes de The Libertines serían más unos Rimbaud y Verlaine de nuestro tiempo ‒encarnan a la perfección el atractivo del artista maldito‒ que unos Sex Pistols modernos, pues aunque inciden en la falta de futuro, aquí la música importa, y mucho.

The Libertines son, ante todo, grandes músicos de rock, que han sabido reencontrarse y sacar un muy buen disco cuando nadie daba un céntimo por ellos, y que traducen a acordes la angustia, el miedo y la felicidad de quienes les escuchaban hace más de 10 años y siguen haciéndolo ahora.

Copyright © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

http://fabularios.com/

Sitio Web: www.juliaalquezar.com/

Social Profiles

logonegrolibros

  • Una última frontera
    Escrito por
    Una última frontera Entre finales del siglo XIX y principios del XX, nuestro planeta se volvió de repente mucho más pequeño. Los Estados Unidos cerraron oficialmente su frontera, dando por acabada una expansión de tres siglos,…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • ¿Ciencia vs. religión?
    ¿Ciencia vs. religión? Es frecuente pensar que la ciencia es, de alguna manera, “enemiga” de la religión. Un ejemplo son los debates sobre la evolución que se han dado en Kansas y otros estados de la Unión Americana.…
  • Leña al monte y agua al mar
    Escrito por
    Leña al monte y agua al mar Cuenta Baltasar Porreño, en sus Dichos y hechos del Señor Rey Don Felipe Segundo (Sevilla, 1639), que acudió un extranjero a la corte del todopoderoso Felipe II con la intención de venderle "un pedaço de unicornio"…

Cartelera

Cine clásico

  • El cine flamenco de Carlos Saura
    Escrito por
    El cine flamenco de Carlos Saura Flamenco, flamenco (2010) El camino que abrió Edgar Neville en 1952 con Duende y misterio del flamenco fue continuado por Carlos Saura, director de dos trilogías de enorme influencia en el cine flamenco, tanto por…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • Reinecke, la serenidad
    Escrito por
    Reinecke, la serenidad Un par de augurios recibió en su juventud Carl Reinecke que, podemos imaginarlo, apuntalaron su biografía de compositor. Uno fue Mendelssohn, quien revisó, benevolente, sus pinitos para piano de adolescencia. Otro fue Schumann, encantado con…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC