Sleater-Kinney : No Cities to Love

Image superior © Brian Appio

Da gusto ver a Janet Weiss tocar la batería de nuevo como miembro de Sleater-Kinney. Ella misma, durante las entrevistas promocionales para presentar No Cities To Love, define el sonido de la banda como visceral. Y el adjetivo resulta acertado, tanto para sus primeros trabajos, publicados a finales de los noventa (Call the Doctor, en 1996, y Dig me Out, en 1997), como para el álbum que publican ahora, diez años después del que fuera su anterior trabajo, The Woods (2005).

Sleater-Kinney nació en 1994, como un proyecto de Carrie Brownstein y Corin Tucker, con la muerte de Kurt Cobain en abril, aún reciente, y al calor del movimiento Riot Grrrl, que aunaba feminismo y música punk, y que se creó con el objetivo de organizar y reivindicar el papel y el talento de las mujeres en el mundo del rock & roll y el grunge, tradicionalmente dominado y copado por los hombres. Así, en 1991, en Olympia (Washington) se celebró el Girl Day, dentro de la International Pop Underground Convention.

Durante esa jornada, tocaron grupos que influyeron definitivamente en el estilo y la concepción de la música de Sleater-Kinney, pero podríamos  destacar especialmente la influencia que tuvo en ellas el grupo Bikini Kill,  cuya vocalista Kathleen Hanna, creó posteriormente la banda Le Tigre y es una figura fundamental en la música de principios de los noventa. Se cuenta incluso que ella es la responsable casual del famoso título de la canción "Smells like teen Spirit" de Nirvana. Al parecer, después de pasar una tarde con Cobain, Hanna escribió en una pared «Kurt smells like teen spirit». Cobain no sabía que se refería a una marca de desodorante femenino, pero le pareció que era la imagen o metáfora perfecta para el tema de su canción.

Así pues, imbuidas del espíritu del Grrrl Riot de Olympia, y del grunge de Seattle, Sleater-Kinney crearon un estilo particular, original y absolutamente reconocible, gracias a la fuerza de las guitarras, al trabajo de Janet Weiss, que se deja el alma en la batería, y sobre todo a la superposición de las voces de Brownstein y Tucker.

Brownstein se caracteriza por un fraseo marcado y desgarrado, mientras que Tucker (que idolatra a Aretha Franklin) da el contrapunto a la voz de su compañera con vibratos salvajes y un tono que puede llegar a ser más lírico y nostálgico. El resultado es un contraste musical sublime, absolutamente original y personal, que crea un sonido propio.

Ahora bien, la personalidad de Sleater-Kinney no se fundamenta solo en su gran calidad musical, sino en sus letras, que siempre se han caracterizado por la honestidad con la que tratan todo tipo de temas sensibles.

Aunque ellas no se definen como una banda feminista —y siguen asombrándose de que los periodistas les pregunten por el hecho de que no haya ningún miembro varón en el grupo (¿acaso alguien una pregunta similar a bandas integradas solo por hombres?)—, no faltan las referencias al sexismo en la música o en la cultura, ni las reivindicaciones de igualdad. En su disco de 1996, Call the doctor, la canción «I wanna be your Joey Ramone» utiliza una referencia metamusical para cuestionar la idolatría de las estrellas de rock masculinas, mientras que en «Anonymous», plantean la invisibilidad de la mujer.

En el año 2000 firmaron el que probablemente es su álbum más abiertamente reivindicativo, All Hands on the Bad One, que contiene la canción «You're No Rock n' Roll Fun», y que sirve a las tres componentes de la banda para afirmar su personalidad e independencia, y de paso para reírse de los estereotipos tanto masculinos como femeninos.

En otro corte más serio, «#1 Must Have»,  piedra angular del disco, no dudan en criticar los resultados del Grrrl Riot y en hacer una reflexión crítica sobre los éxitos o fracasos de los movimientos feministas, y de lo mucho que queda por conseguir, tomando como ejemplo y punto de partida las salvajes violaciones a mujeres durante el festival de Woodstock de 1999. Lo dicen con tanta sencillez como contundencia: «The number one must-have/ Is that we are safe.»

Por supuesto, el feminismo no ha sido el único tema de relevancia social, de hecho en 2002, Sleater-Kinney publicó One Beat, su álbum más político, influido inevitablemente por los ataques del 11 de septiembre y las consecuencias que tuvieron tanto en el extranjero, con el envío de tropas, como en el territorio nacional, con el debate del recorte de las libertades civiles a favor de la seguridad como telón de fondo. «Far Away» y «Combat Rock» son dos ejemplos de este aspecto del álbum. Pero también hubo lugar para otros temas de igual profundidad, pero menor tono político. «¡Oh!» es una canción de amor, mientras que «Sympathy» se inspira en el famoso «Sympathy for the devil» de los Stones, pero cambia absolutamente su temática, ya que expresa la preocupación y el miedo de Tucker por el destino de su hijo prematuro.

The Woods (2005) el disco más complicado, sofisticado y con un uso más salvaje de la distorsión, también es el más alejado de la política. Destacan canciones como «Modern Girl», una de las más icónicas del grupo, pero también y, sobre todo, «Jumpers». Esta última toma su título de un artículo del New Yorker sobre los suicidios en el Golden Gate de San Francisco, el mayor punto negro de suicidios de Estados Unidos, y el segundo del mundo. Brownstein explica que la canción trata del abrumador sentimiento de no encontrarle sentido a la vida, y de la necesidad consecuente de encontrarlo en la muerte. El vídeo que acompaña a la canción y que retrata el tedio de una vida de insatisfacción y sin sentido resulta conmovedor.

Y así llegamos hasta No Cities To Love, publicado en enero de 2015. La crítica y los seguidores lo han recibido con gran entusiasmo, porque Sleater-Kinney suenan como si no se hubieran ido nunca. Siguen teniendo una presencia escénica extremadamente potente y las voces de Brownstein y Tucker se compenetran como nunca.

Las influencias que las han traído hasta aquí son grandes nombres como Sonic Youth, Pearl Jam, Yo La Tengo, la mejor Patti Smith, Fugazi o Go-Betweens; sin embargo, ahora, en febrero de 2015, Sleater-Kinney se han ganado su propio hueco al lado de otros grandes nombres del rock & roll gracias a su honestidad, su independencia y control creativo (siempre han rechazado entrar en el circuito más comercial, y se han mantenido fieles a sus sellos discográficos), así como a su capacidad para crear buena música e interpretarla en directo, y escribir letras que recogen la realidad social del mundo en que vivimos.

Su último disco destaca también por todas estas virtudes, tiene temas buenísimos como «New Wave» o la misma «No Cities To Love», y otros más sociales como «Price Tag». No solo se trata de una de las mejores sorpresas musicales de este 2015, sino también de un regreso absolutamente necesario para la escena indie-rock, que en los últimos años ha perdido parte de la espontaneidad y del talento en bruto que abundaba a principio de la década de los años 90, y que se echa de menos (un ejemplo de lo que estoy diciendo lo pueden encontrar en el último y prescindible trabajo de Arcade Fire).

Sleater-Kinney es un grupo formado por chicas, sí, pero que nadie cometa el error de pensar que es solo para chicas. Sleater-Kinney es un grupo de rock fabuloso, con una carrera extremadamente sólida, y con un rendimiento en directo fantástico porque sus tres componentes son grandes intérpretes de una música en la que creen.

Precisamente por todo eso, los seguidores de Sleater-Kinney han respondido de maravilla a su reunión para este año. Los amigos más famosos de la banda (los actores Fred Armisen, Ellen Page y Norman Reedus, los humoristas Sarah Silverman y Andy Samberg o Gerard Way de My Chemical Romance, entre otros) participaron en un videoclip cantando «No Cities To Love», cada uno a su manera.

Esta no es una de esas reuniones que parecen hacerse solo con fines únicamente recaudatorios. Sleater-Kinney tienen todavía mucho que decir y que hacer en el panorama musical y cultural actual. Y para poner el broche de oro a este nuevo trabajo, actuarán en el Primavera Sound 2015 de Barcelona, después de una gira por Estados Unidos y otras capitales europeas.

Copyright © Julia Alquézar. Reservados todos los derechos.

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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