Florence + The Machine: "How Big, How Blue, How Beautiful"

Imagen superior: Florence Welch fotografiada por Norman Jean Roy para el artículo "The Vogue 120: The Stylish Singers, Designers, Actors, Models, and More (Under 45)" (Vogue, edición americana, septiembre de 2012)

Florence Welch parece salida de un cuadro de la Hermandad Prerrafaelita. Con su característica melena pelirroja, su piel pálida, su figura frágil y sus rasgos finos, podría ser la modelo que inspiró los cuadros de Perséfone o de Lady Lilith de Rosetti, o bien La dama de Shallot, Miranda de La Tempestad, o la joven que se para a oler las rosas de The Soul of a Rose. Quizás por esa imagen, a Florence Welch suelen etiquetarla con adjetivos de lo más confuso, como “etérea” y “barroca”, que resultan, cuanto menos, ridículos.

Más allá de la belleza decimonónica de Welch, su persona escénica recuerda mucho más a mujeres que arrasan en un escenario, como Kate Pierson de los B-52’s, o Stevie Nicks, de Fleetwood Mac. Con la primera comparte la fuerza arrolladora sobre el escenario, y con la segunda, una sensibilidad a flor de piel que consigue transmitir en cada una de sus actuaciones.

Con solo dos discos publicados, Florence Welch y su banda, Florence + The Machine, se hicieron un hueco en la escena de la música indie internacional. Su primer disco Lungs (2009), incluía algunas canciones pop perfectas que le granjearon el favor del público. "Dogs Days are over", la primera canción de su primer disco, fue de las más coreadas por el público que la vio en directo en el último festival de Coachella (donde actuó como cabeza de cartel). En ese disco, se incluían otras canciones también muy destacables, como "Howl", o "Drumming song".

Lungs fue solo el principio, con Ceremonials, el disco que publicó en 2011, confirmó el talento de Florence Welch, con cortes fantásticos como "Shake it Out", "Spectrum" o "Breath of life". Con este trabajo también se inició su colaboración con el productor Calvin Harris, que remezcló "Spectrum (Say my name)". Fue precisamente su participación con este último en el llenapistas de música dance "Sweet Nothing" la que acabó de encumbrarla para el gran público.

Había, sin embargo, algunos defectos que reprochaban a Florence + The Machine, su excesivo lirismo y tendencia a la grandiosidad. Es cierto que sobre todo en Ceremonials se hacía un uso abundante del crescendo, y la falta de matices más tenues podía acabar por saturar a quien escuchara el disco de principio a fin. Hubo alguna crítica bastante malintencionada que definía a Florence Welch como una Adele de segunda categoría y con tendencia al melodrama y a las metáforas acuáticas.

Las críticas eran injustas, Welch tiene una personalidad propia y diferente a la de Adele. Todo el hieratismo de Adele, Florence lo transforma en dinamismo, y, si me apuran, diré incluso que Florence Welch es mucho más versátil. Es capaz de realizar un impecable unplugged con la MTV, más íntimo y sutil, pero también puede levantar a todo el público de grandes festivales, como demostró en la actuación del festival de Coachella de este mismo año –y que les recomiendo ver encarecidamente–, que acabó con un tobillo roto tras saltar del escenario.

En cualquier caso, el nuevo disco de Florence + The Machine parece demostrar que se han tenido en cuenta las críticas. Con nuevo productor, Florence Welch apuesta por un sonido más crudo, directo, potente y despojado de algunas florituras que podían distraer de lo esencial, esto es, la contundencia de su talento y su capacidad para escribir grandes y bellas canciones.

Según Welch, How big, how blue, how beautiful (2015) es la muestra de que una ruptura, un desengaño o una decepción pueden hacerte más fuerte, o, como mínimo, pueden servirte de material para componer un disco. Las letras de las canciones incluidas en él no dejan lugar a dudas: hay desamor, tristeza y necesidad de tener fe en la capacidad de volver a empezar. Así, vean la letra de "Delihah", en la que Florence parece mantener una conversación consigo misma, en la que se muestra confiada en que podrá estar bien y recuperarse de un desengaño, aunque no sea esa noche: «’Cause I’m gonna be free and I’m gonna be fine/ (Holding on for your call)/ ’Cause I’m gonna be free and I’m gonna be fine/ (Maybe not tonight).»

"Delilah", titulada así en referencia a la Dalila de Sansón, es precisamente una de las mejores del disco, aunque las que la preceden están absolutamente a la altura: el álbum se abre con el single "Ship to Wreck", que gana mucho en directo, y continúa con dos canciones fantásticas, la desgarrada "What kind of man", y la que da título al álbum, "How big, how blue, how beautiful", que consigue aunar melancolía y asombro, en una canción sobre el cielo de Los Angeles, con una estructura redonda.

Tras las seis primeras canciones, el disco deriva a ritmos más intimistas, y destacan "Caught", con referencia, precisamente, a Perséfone incluida, y "St. Jude", patrón de las causas perdidas, y donde Welch muestra su lado más vulnerable con versos como «maybe I've always been more comfortable in chaos» (tal vez siempre me he sentido más cómoda en el caos).

Con How big, how blue, how beautiful, Florence + The Machine se consagran como uno de los grupos más importantes del panorama internacional, no solo por la potencia de sus directos, y la solvencia de su sonido más maduro, sino porque, tal y como recogía la revista Rolling Stone, ha conseguido llegar al número 1 de la listas de ventas estadounidenses –en concreto de la Billboard’s Hot 200 chart– algo que hasta ahora había conseguido pero solo en el Reino Unido.

Éxito de ventas al margen, este es un álbum destinado a permanecer mucho tiempo en nuestra memoria, que se disfruta de principio a fin, y que a muchos nos ha dejado rendidos a los pies de la grande y bella Florence Welch.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos. 

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

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Sitio Web: www.juliaalquezar.com/

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