El inconformismo y la artesanía electrónica de Ki: Theory

La Super Bowl es un fenómeno que en Europa no acabamos de comprender. Es la quintaesencia de la cultura televisiva estadounidense (no, las series de Aaron Sorkin, por mucho que queramos, no ocupan ese lugar).

Si la expresión «el tiempo es oro» puede entenderse de forma literal es precisamente durante el tiempo de anuncios de la Super Bowl. Las cadenas utilizan el espacio publicitario para promocionar los programas por los que apuestan con mayor confianza. Por eso, fue significativo que no hubiera anuncio alguno de Glee. La muerte del pobre Cory Monteith acabó de fastidiar sus posibilidades y la serie, en otra época la niña mimada de su cadena, acabará el año que viene. Sin embargo, sí hubo un anuncio de una serie de la cadena Fox que a mí, particularmente, me gusta mucho, probablemente porque no tengo mucho criterio y, en cuanto en una misma serie aparecen referencias a Edgar Allan Poe, un asesino en serie y un policía torturado, tienen asegurada mi presencia delante de la pantalla; en este caso hablo de The Following, protagonizada por Kevin Bacon, y que estrenó su segunda temporada hace muy poco.

Ahora bien, otros compañeros de The Cult ya se ocupan espléndidamente de crítica televisiva y de cine, yo me quiero centrar en la música y es que para promocionar un producto, en este caso una serie de televisión, nada mejor que una banda sonora potente. Y si vas a pagar por un anuncio en la Super Bowl quieres que los espectadores dejen de hacer lo que estén haciendo y se giren a ver qué es eso que suena por su televisor. En este caso era nada más y nada menos que una versión, me atrevería a definirla como deconstruida, de Stand by me

Hablamos de un hit que se hizo famoso en 1961, interpretado por Ben E. King, y que ha seguido de actualidad hasta ahora. ¿Quién puede olvidar la versión de John Lennon, por ejemplo? Se ha usado en películas y en anuncios. La revista Rolling Stone la colocó en el puesto 121 de los 500 mejores temas de todos los tiempos, y BMI la nombró la cuarta canción más interpretada de todo el siglo XX. Estamos hablando, pues, de una melodía tan reconocible como el himno de la alegría de Beethoven, hasta el punto, incluso, de volverse un poco banal.

Sin embargo, llegó la Super Bowl y con ella esta versión, cuyo autor trabaja en solitario bajo el nombre de Ki: Theory.

Ki: Theory ha conseguido ponerla patas arriba y cambiar totalmente su significado: ha pasado de ser una canción de amor incondicional y de rendición absoluta al ser amado, a un tema dedicado a la otra cara del amor, la obsesión, los celos, el acoso y la posesión. Hay que reconocer que tiene mérito, y el resultado es más que satisfactorio, de ahí que, desde que apareciera en el anuncio de la Super Bowl de The Following y posteriormente en el tercer capítulo de la segunda temporada de esa serie, la popularidad de Ki: Theory haya experimentado un incremento espectacular.

En realidad, probablemente todos ustedes hayan oído ya su trabajo. Tras el nombre tan particular se esconde Joel Burleson, nativo de Virginia, Estados Unidos, que ha producido y grabado remixes y versiones de artistas conocidísimos y superventas como Daft Punk (Tron: Legacy), Kings of  Leon, Cypress Hill, Queens of the Stone Age y, no podría olvidarme, de Rob Zombie.

Su trabajo se extiende al cine, a los videojuegos, a la publicidad… En definitiva es un productor musical, un ingeniero de la música, en el más amplio sentido del término. Por eso maneja tan bien los tiempos, los arreglos y las voces de su genial versión de Stand by me.

Sin embargo, Ki: Theory o Joel Burleson no se conforma con colaborar en todo tipo de medios del espectáculo, sino que en 2013 sacó disco propio, aunque no puede pasarse por alto que lleva trabajando en su propia música desde 2006.

El álbum más reciente se llama KITTY HAWK y, atentos todos, está disponible para descargarlo gratuita y legalmente en su página web http://kitheory.com.Yo recomendaría hacer un donativo si gusta el disco, pero en fin, lo mío sea probablemente deformación profesional.

En su último álbum sigue la senda de mezclar rock alternativo y electrónica, en ese sentido no arriesga, hace lo que mejor sabe hacer, pero es que lo hace muy bien. A mí me atrapó desde los primeros compases de The man I left behind, la canción que abre el álbum.

Además de la electrónica y el rock alternativo, me dio la impresión de que se mueve con comodidad en un ritmo hip hop, aunque sin llegar a traspasar completamente barreras. Stasis es una buena canción que demuestra su perfecta mezcla de estilos. Empieza con una base muy electrónica hasta evolucionar a algo más parecido al rock progresivo. Sin duda, destaca en el álbum, al igual que las dos colaboraciones con Maura Davis, artista también de su Virginia natal, I wanna run (cuyos remixes harán las delicias de los amantes de la electrónica y el progressive más puros) y Needless. Esta última, en palabras de su autor, evoca un mundo orwelliano condenado por el conformismo y el control mental.

En cualquier caso, el lector encontrará en este disco a un profesional de la música que trabaja y manipula las bases, los ritmos, los arreglos, la progresión, la armonía vocal hasta que consigue exactamente lo que quiere.

Por mucha electrónica que veamos, aquí hay un artesano de la música, que simplemente usa las herramientas a su disposición y consigue auténticos aciertos.

En mi opinión, como álbum de electrónica, por ejemplo, es muy superior al último de Daft Punk, y debería estar llamado a convertirse en unos de los clásicos del género, junto a algunos de Faithless, aunque eso no esté ya en manos del público por entero, sino de los departamentos de márketing correspondientes.

Además, Joel Burleson parece bastante cómodo en las sombras y trabajando para otros, y no hay mayor prueba de ello que el que haya colgado su álbum para que quien quiera se lo descargue gratuitamente.

Aprovechen la mano que les tiende Ki: Theory y disfruten sin prejuicios de esta mezcla única de rock alternativo y la electrónica más pura. Hay pocos artistas en el panorama actual que puedan presumir de la originalidad de Joel Burleson, y más después de desmontar un mito de la música como Stand by me y adecuarlo a los tiempos más tenebrosos de este principio de siglo.

Copyright del artículo © Julia Alquézar. Reservados todos los derechos.

 

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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