Damien Rice: "My favourite faded fantasy"

 

Seguro que la mayoría de ustedes se habrán encontrado en la situación, casi mágica y que desafía la lógica más fría, en la que te reencuentras con un amigo al que no ves desde hace años, y tras diez minutos de conversación, sientes que el tiempo alejados desaparece, y puedes hablar con esa persona como si la hubieras visto el día anterior. Sé que se da en contadas ocasiones. Diría que es más fácil ver un eclipse solar, y no digamos lunar. Pero en ocasiones ocurre. Y como son tan raras, son ocasiones que atesoramos.

Algo semejante me ocurrió cuando oí las primeras notas del adelanto del nuevo disco que Damien Rice ha publicado. A finales de verano, en un vídeo de minuto y medio de duración, aparecía él, con un paisaje de fondo, la iglesia de Cadaqués, también muy familiar para mí desde niña, y se oían las primeras notas de la canción que da título al disco.

Damien Rice llevaba retirado de la música 8 años, desde que publicara su álbum 9, que incluía una de sus canciones más conocidas porque apareció en un capítulo de True Blood y en algunas series más de la televisión americana. En todo caso, Rice no era ajeno al éxito, pues el disco anterior O, publicado en 2002, se convirtió en un éxito inesperado de ventas.

Tan inesperado fue que cuando terminó de grabarlo Rice se sentó con la banda, convencido de que había grabado uno de los álbumes menos comerciales del momento, y les ofreció dos opciones. Él confiaba en vender 5.000 copias, así que les dio la oportunidad de cobrar la tarifa pactada o de llevarse una parte de los beneficios, pues calculaba que más o menos serían cantidades similares. Todos los miembros de la banda menos uno aceptaron ceder su tarifa y participar de los beneficios. El álbum no solo vendió las copias que Damien Rice había prometido, sino que llegó a los dos millones de ventas, algo que parece reservado para artistas como Taylor Swift.

En ese primer disco, hay canciones inolvidables. Las cuatro primeras, Delicate, Volcano, The Blower’s Daughter y Cannonball, ocupan ya un lugar privilegiado en la historia de la música contemporánea. Y con todo mérito.

Damien Rice lleva muchos años en la música. Nacido en 1973, en Irlanda, este músico y productor, domina el piano, la guitarra, el clarinete y la percusión. Su vida entera ha girado en tonor a la música. Formó su primera banda, de rock en este caso, Juniper, en 1991, es decir, a los 18 años, y con la que alcanzó un éxito moderado. Ahora bien, Rice empezó a destacar cuando regresó a Irlanda, después de una estancia en Italia, y empezó su carrera en solitario. Y así surgió “O”.

Al hablar de Damien Rice es imprescindible hablar también de Lisa Hannigan. La vocalista de sus dos anteriores álbumes, y también su novia hasta que tuvieron una sonada ruptura en la gira de “9”. Lisa Hannigan, tal y como el propio Rice reconoce en varias entrevistas, y eso le honra, no era simplemente quien le acompañaba en la música, sino que su criterio y sus conocimientos de música guiaron a Rice de forma determinante para componer sus dos primeros discos (hay quien dice que 9 ni siquiera habría aparecido sin ella).

Hannigan lleva ahora una carrera en solitario, y ha publicado dos discos muy bonitos, Sea Sew (2008) y Passenger (2011), que aprovecho para recomendarles encarecidamente.

Cuando se le pregunta por qué dejó su carrera en un momento de gran éxito, Rice no duda en hacer autocrítica. Se confiesa abrumado por el éxito. Dejó de gustarle lo que hacía, la música que componía, y empezó a tener problemas con los miembros de su grupo. Probablemente le pudo la presión de un éxito que no esperaba, y que es reacio a aceptar. Sus actuaciones son contadas, y el dinero que ganó cuando versionaron en 2011 su canción Cannonball en la final de X-Factor (que llegó al número 1 de las listas británicas) lo donó casi en su totalidad a las víctimas de la catástrofe de Haití.

En algunos de estos personajes públicos, este tipo de quejas y actos parecen artificiales, pero hay algo en Damien Rice que parece honesto. Tanto en su persona, como en su música. Hasta tal punto intentó alejarse de la escena, que algunos ya daban por sentado que su carrera se había acabado, por ejemplo.

También podrían ustedes decirme que hay muchos músicos melancólicos, para escuchar en una tarde de bajón, o cuando uno quiere regodearse en las muchas miserias que tiene la vida, bajo una manta y hecho un ovillo en un sofá. Y tendrían razón. Hay muchos. Y de hecho, no es un tipo de música que a mí me guste especialmente. Pero Damien Rice solo hay uno, y la música que él crea traspasa géneros, gustos y normas. Cuando te gusta mucho la música, a menudo solo distingues dos tipos, la buena y mala. Y sin duda, la de Rice es de la mejor.

Cada uno de sus discos (incluido 9) es una pieza pensada como un todo. Son un antídoto perfecto para los discos hechos a pedazos, sin coherencia, y que puedes comprar a trozos. Los discos de Damien Rice se escuchan de principio a fin. Cuentan una historia, no tanto por sus letras, como por su música.

Su música aprovecha la melancolía, yo diría que condensa su esencia; pero la melancolía es solo un elemento más. Además, es una melancolía cruda, mezclada en ocasiones con ironía. Y por esa falta de sentimentalismo impostado, creo yo, consigue abrirse paso hasta las vísceras de quienes lo escuchan y dar un pellizco al corazón. Él mismo usa una expresión inglesa muy características para definir el proceso creativo de este disco dice que “has opened every can of worms I could…”, en referencia a que no ha temido profundizar en áreas de su vida que podía temer y que podían escaparse a su control.

Las letras de este último disco, de las que Damien Rice no suele querer hablar, hablan de sus demonios personales y del amor perdido. Aunque pudiera parecer que ya está todo escrito sobre estos temas, y más en música popular, de nuevo Rice consigue demostrar que sigue habiendo campo por explorar si se tiene talento.

Juega con imágenes y con la propia lengua inglesa, y todo ello con la sencillez aparente que dominan quienes conocen su oficio. Damien Rice consigue que parezca fácil hacer canciones como las suyas, pero esa ilusión es la misma que consiguen los bailarines clásicos sobre el escenario: tras esos saltos que parecen la forma natural de moverse de esas criaturas gráciles que son las estrellas del ballet clásico se esconden horas y horas de trabajo. Del mismo modo, Damien Rice escribió cerca de 100 canciones para este nuevo disco, y de ellas se quedó solo con ocho. Las ocho, dice él, que le gustaba escuchar.

Y son perfectas. En muchos artículos encontrarán a críticos que intentan usar metáforas para explicar las canciones de Damien Rice. Hay quienes las comparan con cascadas, con fuegos artificiales. A mí, desde hace años, concretamente desde que me regalaron un libro de origami, me recuerdan a esta técnica. Partes de un papel simple, y lo vas doblando, le das vuelta, haciéndolo pequeñito, hasta que lo despliegas y obtienes (si tienen mejor maña que yo) una preciosa grulla de papel. Más o menos, así explicaría yo la música de Damien Rice, parte de una melodía sencilla que va creciendo, se va formando poco a poco hasta que esa melodía sencilla se ha convertido en una canción de 9 minutos preciosa, gracias a imponentes arreglos de cuerdas, delicadas notas de piano o incluso silencios.

Para acabar, es difícil destacar una canción de My favourite faded fantasy. La primera mitad del disco se escucha casi conteniendo la respiración. Y quizás It takes a lot to know a man destaque un poco más, pero The Greatest Bastard y la misma My favourite faded fantasy que abre el disco le van a la zaga. La segunda parte del disco puede que requiera una escucha más atenta, pero tiene canciones como Colour me in o The Box, que son una maravilla.

Así que no puedo más que recomendarles encarecidamente a este irlandés enamorado de Islandia, que afirma tener muchas ganas de volver al estudio de grabación. Tal vez, por fin, haya encontrado una forma cómoda de vivir con la fama y de compartir su música con el mundo. Como admiradora de su música, solo me queda desear que no tarde ocho años más en grabar más canciones, y que, por supuesto, se deje caer por España. También me permito apuntar que vale la pena comprar el CD, pues la edición normal viene en un formato muy bonito, con ilustraciones. Es uno de esos álbumes que quieres tener entre las manos, y capaces de plantar cara a las plataformas digitales.

Copyright © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

 

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

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Sitio Web: www.juliaalquezar.com/

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