Chlöe Howl: El placer del pop

Aunque cuando he escrito sobre música he hablado poco de pop, y me he centrado en artistas de ritmos más rock o folk, o en música más “adulta” como la de John Grant o Eels, creo que ha llegado el momento de reivindicar el pop. Todo ha venido porque un amigo me ha recordado la canción de Fangoria que dice aquello de “hagamos algo superficial y vulgar”.

Por supuesto, no ha sido porque crea que el pop sea algo vulgar. Hay críticos de música (o de cualquier cosa) que descartan una opción simplemente porque gusta a mucha gente. No comparto esa visión. Todos hemos crecido oyendo música pop. Los Beatles, para empezar, son el epítome del pop. Pero además alguien de mi generación mentiría como un cosaco si citara entre los discos que escuchó en su adolescencia, en los noventa por ejemplo, a Nirvana, y no citara también a Oasis o a Blur. Y si me apuran, a las Spice Girls.

En cuanto al arte, en todas sus disciplinas, me confieso plenamente hedonista: escucho y veo lo que me gusta, lo que me proporciona placer, a veces será una canción tristona de Eels, otras un poco de rockabilly de Jake Bugg, y otras veces necesitas escuchar algo que te lleve a coger un cepillo y cantar delante del espejo (o como se hace ahora, delante de la cámara de tu ordenador), gesticulando como si no hubiera un mañana.

Por muy exquisitos que sean ustedes, si solo tienen en su lista de reproducción álbumes como el Nacho Vegas (a quien unos sabios amigos llaman Nacho Penas, con mucho cariño, pues lo tienen en gran estima), verán el cielo más nublado de lo que está. Y ya hay suficientes nubarrones.

De ahí que al oír lo de superficial y vulgar me viniera a la cabeza el placer que proporciona la frivolidad. Una frivolidad bien llevada, responsable y que no tiene por qué conllevar aborregamiento. ¿Y a quién he buscado para darme un chapuzón de ligereza? A una joven promesa del pop británico. No creo que mucha gente me lleve la contraria si digo que los británicos le tienen cogido el tranquillo a eso de generar nuevos talentos del pop; con mayor o menor enjundia, pero todos los años hay una buena cosecha. Y este año ha debutado con un álbum en solitario una chica que me parece a mí presenta un trabajo interesante.

Se trata de Chlöe Howl. Una pelirroja pecosa de solo 19 años, que remata su aspecto andrógino con un corte pixie impecable. Afirma que su artista de referencia es Amy Winehouse, cosa que tal vez le quede un poco grande, por ahora; sin embargo, es una muy buena alternativa a Lily Allen, que a mí ya me cansaba un poco (y por sus declaraciones también se cansa a sí misma), y por supuesto a Miley Cyrus.

Chlöe Howl presenta una propuesta que te crees, que transmite honestidad, aunque por supuesto esté estudiadísima por publicistas y expertos en márketing; pero el truco funciona, así que nada que reprochar. Además tiene una voz que los ingleses califican de husky, un adjetivo que me gusta mucho, porque es casi onomatopéyico, y que se traduce como ronco, pero no es exactamente eso. La voz de Howl suena grave, a veces susurrante, y con unos agudos insinuantes.

Lo cierto es que el referente que me parece más cercano es Annie Lennox, en su etapa más ligera y electrónica con Eurythmics, por ejemplo. Porque en la música de Howl, hay pop, pero también hay electrónica, y, de hecho, las remezclas de algunos de sus singles, como la de No Strings, son notables.

Respecto a sus colegas de generación que se clasifican también dentro del pop, me atrevería a afirmar que no hay color. De entrada, es una chica que no tiene que escandalizar con letras o vestuarios que dejan poco a la imaginación. A veces desagradablemente poco, y sí, me refiero a Miley Cyrus, que parece creer que para rebelarse hay que desnudarse y fumar marihuana, y frotarte con, bueno, un poco todo y todos. Cyrus es un estereotipo andante, como el Girl Power de las Spice Girls pero enseñando más inglés, más delgada y con aficiones poco saludables.

Chlöe Howl, en cambio, tiene clase, tiene porte y genera credibilidad en quien la ve o la oye. Las letras de sus canciones no suponen una sorpresa: hay momentos para reivindicar la independencia, y por supuesto para hablar de relaciones y rupturas. La letra de Rumour quizás sea la más lograda del disco, pero hay temas muy conseguidos como Girls & Boys, No strings y la más naïve Paper Heart.

¿Y en qué se diferencia Chlöe Howl de Taylor Swift, pueden ustedes preguntarme? Bien, las diferencias van más allá de que Chlöe lleve unas botas Dr Martens, y no dedique las tardes a hacer cupcakes en Nueva York y a narrar el proceso por Twitter o Instagram, como hace la buena de Taylor.

En sus vídeos y actuaciones, Howl rebosa frescura e incluso tiene un punto de malicia traviesa. Taylor Swift, y sobre todo en su último single, se ha vuelto una parodia de sí misma, es una más. Chlöe Howl, por su parte, se come los escenarios. Sabe actuar. Ha creado un buen personaje escénico que rezuma descaro.

En el vídeo de Rumour, donde parece sacada de una película de Wes Anderson, juega con el aspecto nerd-hipster con mucha gracia, y se come la pantalla. La interpretación es impecable, y una prueba de que el vídeo funciona es que lleva ya casi 4.000.000 de visitas en su canal oficial de YouTube. Y todo ello sin desnudarse, sin hablar de drogas, sin recurrir a la carnaza fácil, y sin ser una cursi. Con carácter y una personalidad atractiva, una buena voz, una imagen propia, y, por supuesto, una buena producción.

En definitiva, hacer buen pop es posible. Se pueden reinventar las fórmulas de siempre si hay talento con el que trabajar.

Además, Howl demuestra que una intérprete femenina no tiene por qué basar toda su imagen en una exageración de su sexualidad, al estilo de lolitas como Selena Gómez, ni centrar una actuación en los movimientos del trasero, como Iggy Azalea. Me encanta poder encontrar un ejemplo de una chica joven, guapa y con talento que triunfa sin necesidad de recurrir a las estrategias más arriba mencionadas. En mi opinión, es toda una declaración de intenciones y un buen modelo para el público más joven que escuche su música.

Y disfrutar del pop, del que ustedes quieran, es una frivolidad que debemos permitirnos sin complejos, porque, como en el caso de Chlöe Howl, es una bocanada de aire fresco.

Copyright © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

 

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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