Angus & Julia Stone: la redención del fenómeno hipster

Si están un poco al tanto de las últimas tendencias se habrán dado cuenta de que en las redes sociales, en televisión y en los clubs del país se ha impuesto un odio a lo hipster. Es decir, por las cuentas de Instagram de todo el país corren chistes sobre barbudos con camisas de cuadros a los que confunden con leñadores, e incluso han sacado unos adornos de Navidad adecuados para colgar en las abundantes barbas del individuo identificado como hipster.

Este antihipsterismo que recorre España se podría comprender dada la pesadez con la que se ha impuesto desde el término (ah, cómo añoro aquellos tiempos en los que decías que algo era trendy, y no delatabas inmediatamente que tenías más de treinta años) hasta el atuendo. Y lo que empezó siendo de unos pocos entendidos en la materia se extendió a todas las tiendas de ropa de las ciudades.

Mientras las barbas no dejaban de crecer, las gafas gruesas de pasta quedaban desfasadas por las de resina o madera (sí, madera, la pasta es de otra década) y los jóvenes del país rebuscaban en los armarios de abuelas y abuelos.

El caso de las chicas es más heterogéneo, pero supongo que podríamos resumir a la chica hipster por excelencia en la persona Zooey Deschanel (hasta estuvo casada con el líder del grupo Death Cab for Cutie). Y con esto no pretendo negar que la chica sea una monada. Pero a veces habría que recordarle que hasta el ser pizpireta e ingenua acaba cansando.

En el fondo, los estereotipos no han cambiado tanto: si ellos son leñadores, ellas son princesas delicadas perdidas en los bosques. Y volvemos al cuento de Blancanieves.

Regresemos, no obstante, al tema del antihipsterismo. No me llamaría la atención que una tendencia banalizada pasara de moda, y más si es tan cargante como esta; lo que me sorprende es que este odio a lo hipster lo practiquen los propios hipsters. De este modo, se entra en un bucle metahipstérico, que podría producir alguna ruptura en el tejido espacio-tiempo si no nos andamos con cuidado.

Ahora bien, si nos olvidamos un poco de toda esta cháchara sin sentido, que más parece un trabalenguas que otra cosa, cabría preguntarnos si, debajo de toda esa unificación del rebaño humano, que es consecuencia precisamente de un intento fallido de mostrar personalidad propia, hay algo que podamos salvar

Y yo les digo que sí. Que sin duda. Angus & Julia Stone son mucho más que una moda. Y probablemente sean una de las formaciones que mejor ha evolucionado durante los últimos años, hasta llegar a este 2014, cuando con su disco homónimo han demostrado toda su valía.

Si les cuento la biografía de Angus & Julia Stone es probable que les dé algo de rabia. No son uno de esos grupos que nacen en Chicago o en Seattle y que van trabajándose un público en clubs, que malviven en las giras, ni nada similar.

Angus y Julia Stone son dos hermanos, nacidos en Sidney, Australia, que se unieron como grupo en 2006. Antes de que ellos nacieran, sus padres formaban ya un dúo de música folk. Así, tocaban ya desde pequeños en reuniones familiares, y crecieron en un barrio de las afueras, de clase acomodada. De modo que nada de historias tristes que hayan curtido su carácter, y que tanto parecen gustar a la industria musical.

Lo que importa aquí es que debajo de esa imagen perfecta hay dos chicos que saben hacer muy buena música. Tienen tres discos, pero el último, publicado en 2014, es perfecto de principio a fin. Es una mezcla de pop y folk, así que no podemos decir que basen su éxito en la innovación.

Al contrario, su música enlaza con una tradición folk muy clara. Lo que los hace especiales es la belleza que consiguen crear a partir de su unión como dúo. Julia aporta toda la dulzura pop y una voz golosa, que no dulzona o cargante; sabe susurrar, pero también imponerse a la melodía y alzarse cuando la canción lo requiere. Mientras tanto, Angus da un toque más amargo y melancólico a las composiciones: es más guitarrero, y su voz rasgada es el contrapunto perfecto a la de su hermana.

En este último disco no hay ni una canción de relleno, pero por resaltar algunas, podríamos citar A heartbreak, Grizzly bear, por supuesto, y Heart Beats Slow. No obstante, todas las canciones están compuestas con gran inteligencia. Algunas, como Main Street, contienen melodías más pausadas, y algo más oscuras, pero se nota que sus autores saben lo que se hacen, y además están perfectamente interpretadas por ambos. Por otro lado, tenemos All this love, que es un tema que levanta el ánimo en el día más gris y lluvioso del solsticio de invierno.

En definitiva, si nos olvidamos de todos los prejuicios, de todas las imposturas, en esta nueva hornada de músicos encontramos a tipos como estos dos hermanos australianos, con el cabello teñido de rubio por el sol, y que saben escribir e interpretar una música que conecta con la sensibilidad del tiempo que vivimos.

Si en estas fechas quieren una alternativa a los villancicos de siempre, pero desean disfrutar de una sonoridad que mantenga el calor y el ambiente en su casa, tanto si llueve, como si nieva, apuesten por Angus & Julia Stone. Su repertorio es un método infalible para poder convertir estas tardes inacabables de invierno en preciosos atardeceres primaverales. Sean o no sean tendencia.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © American Records. Reservados todos los derechos.

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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