Glinka como pianista

La obra operática y sinfónica de Mijaíl Glinka no deja oír –nunca mejor dicho– su tarea como compositor para el piano. Y ello, en contra de su vocación y su oficio, que lo acompañaron toda la vida.

No fue un autor orgánico del teclado blanquinegro. Diríamos que, románticamente, cedió a las irreprimibles sugestiones del instrumento y las satisfizo al instante. Pero no dejó de constituir una querencia fuerte y vocacional que admite varias raíces.

Glinka era un pianista brillante y capaz de arrebatos de improvisación que suscitaban el entusiasmo inmediato del público. Su formación era más que sólida pues su maestro –tanto en ejecución como en composición pianísticas– fue John Field, antecesor necesario del romanticismo y referencia especial para Chopin, con lo que todo está dicho.

Examinando este programa se advierte que el ruso sabía cumplidamente redactar para el solista del teclado. Sus tesituras son claras, los momentos de virtuosismo resultan siempre oportunos, las sugerencias inspiradoras están bien elegidas. Sin duda, con él nos internamos en el pianismo romántico y, más especialmente, eslavo. La cercanía chopiniana es innegable y bienvenida sea en este caso.

Glinka acude a las pequeñas formas como el nocturno y la barcarola y se luce especialmente especulando con los ritmos bailables: mazurca, polca, galop, tarantela. España le interesa –de nuevo, románticamente– y así recoge un aire popular andaluz. En algún momento, como en Plegaria, se torna meditativo y su discurso acórdico evoca al órgano.

No estamos en la sala de conciertos. Acaso, en un salón palaciego y mecenático. Más bien, estas músicas parecen llevarnos a una casa de familia en la época Biedermeier, con un piano arrinconado junto a la estufa de leña. El pianista está solo, acompañado apenas por el murmullo del mundo. O ha elegido a un puñado de amigos que huyen de la calle invernal y se concentran en el silencio que cede al canto del piano. Escuchemos con ellos.

MIKHAIL GLINKA (1804-1857): Obras para piano Valery Kamyshov, piano / MELODIYA / Ref.: MEL 1001827 (1 CD) D5

Copyright © Blas Matamoro. Imágenes y notas informativas extraídas de diverdi.com. Este artículo se publica en The Cult por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

 

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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