Cien años de Thelonious Monk, el monje del jazz

Cien años de Thelonious Monk, el monje del jazz Imagen superior: Thelonious Monk en el Minton's Playhouse, Nueva York, 1947. (Autor: William P. Gottlieb)

Thelonious Monk (10 de octubre de 1917-17 de febrero de 1982) cumple su primer centenario en 2017. Este aniversario lo es por partida doble. No solo se celebran 100 años de su nacimiento, sino también 70 de la grabación de su álbum debut: The Genius of Modern  Music Vol.1 (1947), un título que supone una declaración de intenciones y donde la genialidad sobrepasa el tamaño de un LP.

Monk es una figura consagrada en el panteón del jazz. Un icono singular que, sin embargo, vivió apartado del reconocimiento durante bastante tiempo. Si uno desconoce su música y desea tener una idea de en qué estilo encaja, conviene tomar como punto de partida los años cuarenta.

Dentro del gran árbol que supone el jazz,  a esta década corresponde el nacimiento del bebop (la definición del término se encuentra en el artículo que dediqué a Barry Harris). Las dos figuras a las que se les asigna el  inicio de este subgénero son el saxofonista Charlie Parker y el trompetista Dizzy Gillespie. A Monk no se le incluye en este movimiento como un protagonista mas, pero sí como un jazzman que orbitaba en ese panorama. Él mismo comentó, con amarga ironía,  en entrevistas posteriores que “Dizzy y Bird (Charlie Parker) venían a verme para hacerme preguntas, para aprender algo de mí”.

Junto a ellos, se suele mencionar un tercer músico clave en el desarrollo del bebop. Se trata del pianista Bud Powell, considerado “el Charlie Parker del piano”. Fue un importante colaborador de ambos astros y se aseguró un puesto en el pódium con los dos.

Parece que el hecho de contar con Bud Powell para abordar el bebop desde el piano llenó un cupo al cual Monk ya no tuvo derecho a acceder. Pero, siendo justos, Monk debe ocupar un pedestal mayor, como el icono principal del jazz moderno.

 monk underground cover 1920

Durante los 40, y antes de realizar su primer registro discográfico, desarrolló su estilo principalmente en las jam session.

Las jam sessions son conciertos cuyo germen es la espontaneidad del directo (véase, una vez más, lo dicho a propósito de Barry Harris). En esos mismos conciertos. Monk coincidió, precisamente, con Parker y Gillespie. Llegado a 1947, se embarcó en su primer trabajo discográfico como líder. En The Genius of Modern Music vol. 1 quedan registradas algunas de las composiciones que se han consagrado como pilares del jazz (por ejemplo "Round Midnight", que trataremos después).

A diferencia de lo que hizo posteriormente, aquí contó con diversas bandas distribuidas en tres sesiones diferentes (15 y 24 de octubre y 21 de noviembre de 1947). Esas agrupaciones van desde el trío estándar piano-bajo-batería, pasando por el cuarteto y hasta el sexteto, donde se añaden instrumentistas de viento variados. No sería hasta finales de los 50 cuando Monk contase con el saxofonista Charlie Rouse como su mano derecha durante gran parte de su carrera.

Monk ha sabido labrar un estilo personal que aborda distintos registros. Desde el manierismo cromático que muestra "Blue Monk" (véase el curioso arreglo que hay al final de la melodía en el disco Art Blakey's Jazz Messengers With Thelonious Monk) hasta la difuminada melodía que muestra en "Evidence" y que roza la abstracción de la música contemporánea o vanguardia clásica.

Como curiosidad, existe un poema sinfónico de Richard Strauss llamado Till Eulenspiegels lustige Streiche op. 28 (Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel op. 28) donde, nada mas comenzar, la trompa toca una melodía que es idéntica al inicio del blues "Straight No Chaser". Es como si Strauss dejase ver la cabeza de la melodía y Monk se encargase de hacer el cuerpo.

Pero, de entre todas ellas, las que más fama y reconocimiento ha logrado es sin duda "Round Midnight". Una obra que tanto el propio autor como muchos otros han interpretado en numerosas ocasiones y que, actualmente, mantiene su vigencia en los escenarios.

Tal es su prestigio y repercusión que incluso ha llegado a pasar por las manos de la vanguardia clásica mencionada previamente. El compositor George Crumb sentía fascinación por esta melodía y  compuso la obra Eine kleine Mitternacht Musik (Una pequeña música de medianoche) para piano. Aprovechó así la propuesta del pianista Emanuele Arciuli para componer un homenaje a Monk. Esta obra se compone de nueve piezas y toma como eje central la melodía de "Round Midnight".

Crumb no usa la melodía de manera íntegra, sino de forma parcial ‒como el giro inicial‒ a modo de guiño en cada movimiento. Le sirve de excusa para experimentar formas de tocar el piano: ya sea formalmente desde las teclas o percutiendo las cuerdas de su interior y así explorar nuevas sonoridades. Solo queda imaginar cómo vería Monk el tratamiento de su obra.

Una importante contribución de Monk fue la elaboración de armonías originales. Son acordes peculiares cuyo interés reside en el uso de disonancias y otros sonidos coloristas. Sin embargo, esta labor contrasta con su silencio y parquedad a la hora de acompañar las improvisaciones de otros solistas del grupo. En varios videos se le observa bailando mientras sus colegas desgranan sus melodías.

monkbaronesa

Imagen superior: Thelonious Monk y la baronesa Pannonica de Koenigswarter.

Otro aspecto a mencionar es su técnica en el piano. Monk se desenvolvió sin necesidad de tocar a velocidades vertiginosas. Contrasta mucho con los tempos frenéticos que logran alcanzar grandes pianistas posteriores, como Oscar Peterson. Pero la ausencia de virtuosismo no supuso un límite a su virtud musical.

En las grabaciones donde toca solo, lo habitual es que, cuando quiere dar más ritmo a la música, muestre mayor habilidad haciendo uso de la técnica stride piano (alternancia de bajo y acorde en la mano izquierda), lo que requiere la soltura del brazo para desplazarse por el teclado. En este sentido, Monk no es un músico limitado por la técnica, sino simplemente subordinado a su imaginación musical.

Para analizar más su técnica, conviene ver sus manos en los videos que realizó. Dejando a un lado los portentosos anillos que suele llevar, llama la atención la posición de las manos en el piano. A diferencia de la técnica clásica, que propone una curvatura mínima de los dedos, Monk toca con la mano plana, cual zarpa de animal. El ataque de las notas, tanto individual como conjuntamente, es certero pero lejos queda la búsqueda de la pulcritud sonora. Esa pulcritud por la que muchos intérpretes pelean buscando un sonido redondo y de matices variados. Monk dio más importancia a transmitir llanamente lo que rebullía en su cabeza que valorar “las maneras” de hacerlo llegar.

Una de las personas que acompañó a Monk en la última década de su vida fue Barry Harris. Afectado físicamente, fue un periodo oscuro en el que Monk optó por el exilio del panorama jazzístico. Harris ha contado en distintas entrevistas, sin embargo, que Monk no dejó de tocar en privado. Comenta con fascinación la capacidad que tenía de tocar una canción durante una hora sin parar. Y confiesa que llegaron a hacer dúos al piano. Lástima que, tal y como el mismo recalca y por las razones que fuese, nunca se realizasen grabaciones de aquellos dúos. 

Se puede ver a Barry Harris y a otros músicos de jazz hablando sobre Monk en los dos principales documentales que retratan su figura. Uno es Straight No Chaser (1988), producido por Clint Eastwood y donde podemos ver a Monk detrás de las grabaciones. Además, y en compensación, tenemos la suerte de ver a Barry Harris tocando a dúo con Tommy Flanagan. El otro documental es Thelonious Monk: American Composer (1991), que cuenta con testimonios de Barry Harris y otros músicos como Randy Weston hablando sobre Monk y su música.

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Imagen superior: Kenny Barron, Cyrus Chestnut, Benny Green y Eric Reed (Cortesía del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz).

Este verano, España ha sabido sumarse al homenaje que merece el legado de Monk. Se han incluido actos en su memoria en el calendario de algunos festivales. Cabe destacar el concierto celebrado el pasado jueves 13 de julio en el festival de Vitoria. Se dividió en dos partes: la primera estuvo a cargo de cuatro pianistas: Kenny BarronCyrus ChestnutBenny Green y Eric Reed. La velada que dieron incluyó tanto números en solitario como dúos de piano.

De los cuatro artistas mencionados, sin duda sobresale Kenny Barron, ya que el formó parte del grupo Sphere a principios de los 80. Fue un proyecto a modo de homenaje, que surgió recién desaparecido Monk. Es digno de destacar este conjunto porque Barron tuvo como compañeros a colaboradores directos de Monk, como el saxofonista Charlie Rouse o el batería y habitual acompañante Ben Riley.

La noche continuó con el concierto protagonizado por el hijo de Monk: Thelonious Monk Jr. Fue la figura que más expectación creó. Se presentó en el festival con su sexteto y con la participación especial de la cantante Nnenna Freelon.

Aunque escritas con la mejor de las intenciones, estas líneas no serán suficientes para abarcar de manera justa todo el intenso siglo de música que ha propiciado Thelonious Monk.

Copyright del artículo © Guillermo G. Valdecasas. Reservados todos los derechos.

Guillermo G. Valdecasas

Estudiante de musicología en el Conservatorio Superior de Madrid, inició su carrera musical a los seis años, recibiendo sus primeras clases de violín y piano. Posee una amplia formación, obtenida tanto en conservatorios como en escuelas de música privadas. Ha participado en numerosas masterclasses internacionales y talleres de diversas temáticas. Es un gran apasionado de la dimensión intelectual del estudio musical, que cubre las reflexiones técnicas, analíticas e investigaciones que ponen de manifiesto la importancia de la música en el contexto social actual.

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