"Vampiros", de Alexéi K. Tolstói

Leí por vez primera a Alexéi Konstantinovich Tolstói (1817-1875) por casualidad, que es la manera en que uno acaba descubriendo siempre a los escritores de culto. Se lo debo a aquella magnífica antología en dos volúmenes que J.A. Molina Foix reunió bajo el título de Horrorscope: mitos básicos del cine de terror (Madrid, Nostromo, 1974).

Uno de los relatos del segundo volumen, "El viyi", de Nikolai Gogol, me puso tras la pista de la película Las tres caras del miedo (I tre volti della paura, 1963), la entrañable producción de Mario Bava en la que se incluía el episodio "Los vurdalak", ambientado en la Rusia del XIX, y protagonizado por el aristócrata Vladimir Durfe (Mark Damon) y por su inesperado adversario, un anciano vampiro encarnado por el bueno de Boris Karloff.

Conocer esa historia de una familia condenada por la maldición de la sangre me llevó al texto en el que su guión se inspira: uno de los cuentos clásicos de Tolstói, considerado por los especialistas como un hito de la literatura vampiresca. En aquellos años, no era complicado encontrar este y algún otro relato de Tolstói en las antologías del género, pero resultaba imposible dar con una buena edición de sus mejores obras de horror.

Ahora, gracias a la editorial Renacimiento, ese deseo de los aficionados más veteranos se ve cumplido con este magnífico volumen, prologado por Luis Alberto de Cuenca.

En Vampiros, como bien dice su título, se reúnen las obras que Tolstói dedicó a los no muertos. De paso, esta antología resume las dotes de este escritor para la narrativa de terror: su goticismo clásico, un romanticismo por el que no pasan los años y un ritmo ominoso e impactante, que lo sitúa a la altura de maestros como Sheridan Le Fanu.

Paradójicamente, la posteridad le ha otorgado a Tolstói su fama gracias a estos relatos y novelas breves, dejando en segundo término sus éxitos en géneros como la poesía satírica o el drama histórico, que cultivó a la sombra de Pushkin o Scott. La historia de la literatura tiene estas ironías: aquello que parece una obra menor ingresa, al cabo de los años, en el panteón de las piezas memorables. Eso no impide, claro está, que los niños rusos sigan estudiando en el colegio los muchos méritos de este titán del romanticismo eslavo.

Además de "Una familia de vampiros" (1884), la obra que Bava adaptó junto al viejo Karloff, y "El vampiro" (1841), probablemente su mejor texto, Tolstói nos obsequia en estas páginas otros relatos sofisticados y admirables, impregnados del mejor folklore ruso y matizados por ese tono decadente que le sedujo cuando leyó otro clásico del género, El vampiro (1819), de John William Polidori, en torno a 1828.

Sinopsis

Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.

Vampiros reúne seis relatos de Alexéi Konstantínovich Tolstói (1817-1875), primo segundo del autor de Guerra y paz: las dos célebres novelitas Una familia de vampiros (también conocida como La familia del vurdalak en nuestros pagos) y El vampiro, los cuentos "Amena", "Dos días en las estepas de los kirguises" y "Artemi Simiónovich Bervenkovsky", y un último e inquietante relato de corte vampírico, titulado Reunidos después de trescientos años, que se ofrece aquí por vez primera en castellano.

Se trata, pues, de la edición más completa de la obra de A. K. Tolstói que puede rastrearse en nuestra lengua.

Para los cinco primeros textos se ha utilizado la añeja traducción argentina de Olga de Wolkonsky, corrigiéndola para la ocasión. El resultado es una colección de relatos fantásticos cuya lectura resulta tan apasionante como adictiva. Junto a Vampirismo de E. T. A. Hoffmann y a Carmilla de Sheridan Le Fanu, las aportaciones al género de Alexéi Tolstói representan la cumbre de la literatura de vampiros antes del Drácula de Stoker.

El conde Alexéi Konstantínovich Tolstói nació en San Petersburgo en 1817 y murió en una de sus muchas propiedades rurales del norte de Ucrania en 1875. Hijo de un matrimonio aristocrático que se separó casi inmediatamente después de su nacimiento, Alexéi pasó una infancia pletórica y feliz con su madre, una dama cultísima y bellísima que lo instruyó en todas las artes.

A partir de los diez años comenzó a viajar por el extranjero, llegando a disfrutar del honor de que Goethe lo sentase en sus rodillas. Sabía francés, italiano, inglés y alemán con soltura.

Como escritor, se adscribió a la corriente esteticista del Arte por el Arte y, aunque su cultura y su formación eran cosmopolitas, apostó siempre por los valores de la Rusia medieval de Kíev y practicó la eslavofilia. Lo más valioso de su producción literaria no son sus versos, ni sus novelas históricas de raíz scottiana, ni sus piezas teatrales de carácter historicista, sino sus dos nouvelles fantásticas El vampiro y Una familia de vampiros, adscritas a una estética abiertamente pulp y adaptadas al cine más de una vez.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Renacimiento. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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