Reseña: "Lucifer 113", de Jonathan Maberry

La hierba está quemada por el sol. Erizado de ruinas, el horizonte ofrece todos los síntomas de la catástrofe. Sin embargo, esa fantasía apocalíptica impacta menos que sus nuevos pobladores. Una legión cadavérica y hambrienta, en constante peregrinaje, que resume el fin de nuestra civilización con un simple zoom sobre sus labios entreabiertos.

Las apariencias no engañan. Seguir estando vivo es esto: aterrorizarse ante la visión de esa boca violácea, insaciable, de la cual chorrea un hilo de sangre oscura.

No hace falta que añada más detalles al cuadro. Ya saben que hablo de zombis.

Me duele decirlo pero, a estas alturas, el subgénero de los muertos vivientes acumula pocas obras maestras y un sinfín de despropósitos. Al fin y al cabo, estas critaturas han prosperado en la serie Z, y solo una sucesión de circunstancias sociales –la crisis, la moda de la autosuficiencia, la conspiranoia, la posmodernidad– han conseguido que, en muy contados casos, los no muertos alcancen la primera división del cine, la televisión, el cómic o la literatura.

Lucifer 113 pertenece a esa rara y admirable categoría. Jonathan Maberry, que es un estupendo escritor, emplea la tradición de los zombis –eso que los sajones llaman undead fiction– para hilvanar una alegoría sobre los demonios ocultos de nuestra sociedad: desde la ignorancia hasta el fanatismo.

"Así es como acaba el mundo", leemos en la primera línea de la novela. Una montaña rusa que arranca en Stebbins, un pueblo de Pensilvania, con el escalofriante paso a la otra vida –no me refiero al paraíso, sino a la zombificación– de Lee Hartnup, asesinado en la morgue por un hombre que, en apariencia, dormía el sueño de los justos sobre una camilla.

Como en todos los relatos de este tipo, la epidemia es desatada por un mad doctor, empeñado a convertirse en aprendiz de brujo. En este caso, se trata de Herman Wolker, quien prueba su novedoso suero en las venas de un psicópata condenado a la inyección letal. El mismo asesino en serie que, hambriento de carne y vísceras, desata el horror en Stebbins.

Jonathan Maberry maneja excepcionalmente los tiempos y diseña personajes que atrapan al lector, como la carismática policía Desdemona Fox y el periodista Billy Trout, dos de los protagonistas de esta mórbida aventura.

A medida que discurren las páginas, se hace evidente que Maberry es un fan de George A. Romero y de la imaginería que éste consolidó en La noche de los muertos vivientes.

No obstante, el escritor va más allá del tópico, y consolida un microcosmos crudo e implacable, en el que se hospedan seres con la carne desgarrada, que doblan la esquina de la calle profiriendo gemidos guturales. En definitiva, justo lo que necesita un aficionado a la buena literatura de horror.

Sinopsis

El doctor Herman Volker ha estado investigando una nueva fórmula. Quién mejor para probarla que el desalmado asesino en serie Homer Gibbons. Donde muchos ven una merecida pena de muerte por inyección letal, Volker ve una oportunidad de hacer justicia. Le inyecta a Gibbons el fármaco que hará que mantenga la conciencia mientras su cuerpo se pudre en la tumba. Desgraciadamente, nada sale según lo planeado. En vez de ser enterrado en la prisión, llevan al asesino al cementerio de una pequeña ciudad de Pensilvania. Y toda sustancia experimental tiene efectos secundarios imprevistos... El criminal despierta antes de que lo entierren. Está hambriento. Infectado. Y es contagioso.

Cuando la agente Dez Fox llega al camposanto, solo encuentra un par de cuerpos a medio masticar y una bolsa para cadáveres... vacía.

Jonathan Maberry ha ganado varios premios Bram Stoker. Escritor profesional y profesor de redacción desde 1978, ha publicado más de mil cien artículos, diecisiete libros de no ficción y siete novelas, así como relatos, poesía, letras de canciones, guiones y dos obras de teatro.

Ficha editorial

Lucifer 113

ISBN: 9788490180945 | 344 páginas | Rústica con solapas | 0.47 kg

20.95 € 19.90 €

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © La Factoría de Ideas. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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