"Origen y meta de la historia", de Karl Jaspers

La idolatría contemporánea por el presentismo, por ese momento fugaz al que llamamos actualidad y que en tantas ocasiones sólo es un engaño pasajero, nos impide comprender el verdadero sentido y significado del ser humano en el flujo del tiempo, inserto en ese circuito de doble vía que forman la naturaleza y la cultura.

Este síntoma de nuestra época, en la que el embrujo tecnológico parece esterilizar el pasado, se conjura en este libro clásico de Karl Jaspers (1883–1969): un ensayo excepcional y revelador que nos permite regresar al presente con puntos de referencia en el ayer y con cimas por alcanzar en el porvenir.

Publicado en 1949, Origen y meta de la historia nos regala una lectura tan placentera como beneficiosa, y prácticamente todas sus páginas contienen alguna frase memorable o alguna lección a reivindicar. Obviamente, su esquema de la historia universal, organizado sobre los polos de Oriente y Occidente, provoca cierta nostalgia de aquel periodo de prodigios en el que surgieron Buda y Confucio, los filósofos griegos y los autores de los Upanishads, los profetas hebreos y demás protagonistas de aquel tiempo-eje, indispensable para la construcción de nuestras identidades culturales.

Aunque la obra está sólidamente estructurada, uno también puede disfrutarla como una suerte de miscelánea filosófica cuya genuina razón de ser es el subrayado de dos virtudes: la libertad y el conocimiento.

Aunque comparado con otros pensadores alemanes de su época, Jaspers solo ha alcanzado un prestigio marginal ‒en el sentido de que ocupa los márgenes de un debate protagonizado por otros‒, lo cierto es que hoy podemos leer sus escritos con la certeza de su validez.

Criado intelectualmente en un ambiente liberal y protestante, bajo el influjo temprano de Kant y Kierkegaard, Jaspers estudió psicología en la Universidad de Heidelberg, donde fue privatdozent (profesor independiente) antes de convertirse en catedrático de filosofía. Gracias a ese vaivén entre los estudios psicológicos y la doctrina filosófica, su obra fue adquiriendo cierta transversalidad que la hace especialmente atractiva para el lector moderno.

Si hubiera que rastrear a un maestro cuya sombra se proyecta en este libro, tendríamos que pensar en Max Weber. No en vano, Jaspers formó parte de su círculo más próximo, junto a intelectuales tan heterogéneos como György Lukács, Ernst Bloch, Emil Lask y Georg Simmel. A partir de otra influencia decisiva, la de Martin Heidegger, Jaspers encontró su ruta más personal, que en lo político, como ya se imaginan, le distanció mucho de Heidegger. Así, mientras que éste se unió a los nazis en 1933, Jaspers, tras algún que otro titubeo inicial, eligió el camino opuesto. No es de extrañar, si tenemos en cuenta sus raíces liberales, su compromiso democrático y el hecho de que su esposa era judía.

En la posguerra, abordó con agudeza la cuestión de la culpa alemana tras la evidencia atroz del holocausto. Se aproximó a Konrad Adenauer, participó en los debates que dieron lugar a la Europa que hoy conocemos, y emprendió un interesantísimo intercambio intelectual con Hannah Arendt. Asimismo, se le ha querido ver como un precursor de Jürgen Habermas. Sin duda, hay signos de todo ello en este magnífico libro, caracterizado por un humanismo a ultranza que, sin duda, logra contagiarnos.

"Contra todas las negaciones respecto a una ordenación pacífica, justa y jurídica del mundo ‒escribe, en este sentido‒, siempre surge indestructible, nacida de la observación de la historia y de nuestra voluntad, esta pregunta: ¿no será, sin embargo, posible algún día la novedad de encontrarnos todos reunidos en un reino de paz?"

Sinopsis

Este hermoso texto, publicado originalmente en 1949, se propone describir la situación del hombre. Para ello, aboga por situar al ser humano en el tiempo, en el fluir de la historia universal, para lo cual no debemos únicamente mirar al pasado, sino que tenemos que pensar en el futuro, precisar cómo se inscribe y se articula la existencia del individuo en esa totalidad que, como producto de la conciencia de cada época, cambia. Comprender la historia es comprendernos a nosotros mismos. Esta edición de Origen y meta de la historia recupera la traducción de Fernando Vela que se publicó por primera vez en Revista de Occidente en 1951.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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