"Madrid-Moscú. Notas de viaje, 1933-1934", de Ramón J. Sender

La experiencia soviética emprendió su camino como un estallido libertador y luminoso que, al cabo de los años, reveló su naturaleza liberticida y opresiva. El mito revolucionario y la carnicería del gulag fueron las dos caras de un fenómeno sociopolítico que define al siglo XX, y que dividió irremediablemente a sus intelectuales.

Madrid-Moscú. Notas de viaje, 1933-1934 reúne los artículos que Ramón J. Sender publicó en La Libertad, relatando el viaje que hizo a la URSS gracias a la Komintern. Este itinerario ruso de Sender coincide en el tiempo con el de muchos otros escritores y artistas que, salvo excepciones, aceptaron las promesas de la propaganda soviética y se alinearon en las filas de sus defensores.

Es cierto que Sender, siguiendo la trayectoria de George Orwell y de otros pensadores independientes, acabó situando al régimen entre las pesadillas totalitarias menos recomendables. Sin embargo, estos escritos, obra de un joven autor que por entonces simpatizaba con el anarquismo, describen la patria del socialismo real con la simpatía que aún era lógica en aquellos años, a pesar de que el ciclo interminable de las purgas ya había comenzado.

En este sentido, este libro no sólo nos ayuda a comprender la evolución personal de Sender ‒una figura admirable y compleja, desprovista de aquellos tempranos fanatismos tras la Guerra Civil‒. También detalla y nos ayuda a entender esa fascinación que la URSS despertó en tantos occidentales.

Contamos, además, con la ventaja de saber que Sender acabó siendo un antiestalinista con las ideas muy claras sobre lo que, a la hora de la verdad, representaba Moscú. Por eso mismo, esa simpatía inicial que demuestra en este libro puede catalogarse entre los pecados de juventud que muchos otros no fueron capaces de dejar atrás en la madurez (Es cierto que Sender padeció otra ceguera política ‒un proamericanismo sin matices‒, pero, sin lugar a dudas, fue más demócrata que otros colegas, encandilados con el maoísmo e incluso con el estalinismo en fechas muy tardías).

Al tratarse de unas modélicas crónicas periodísticas, también podemos disfrutar de otra cualidad en Madrid-Moscú. Notas de viaje, 1933-1934, y esta no es otra que la fuerza y rigor de su escritura, dos rasgos que nunca le faltaron a un narrador a quien siempre deberíamos reivindicar.

Sinopsis

Prólogo de José Carlos Mainer

En los años veinte y treinta del siglo pasado, fueron muchos los escritores, periodistas y políticos españoles los que emprendieron las que Ernesto Giménez Caballero denominó «romerías a Rusia». La nueva Unión Soviética, la «inédita construcción del paraíso socialista sobre las ruinas del más vetusto de los regímenes», en palabras de José Carlos Mainer, atraía a aquellos viajeros fascinados por el triunfo de la tecnología y la industria.

Ramón J. Sender fue uno de aquellos viajeros: en 1933, invitado por la Internacional Comunista –Komintern–, visitó la URSS, un país que llevaba a cuestas un largo proceso revolucionario, iniciado en 1905, que no interrumpieron ni la catastrófica intervención rusa en la Gran Guerra ni la sangrienta guerra civil. Tras la muerte de Lenin, Stalin asumiría en 1924 la jefatura del Estado y presidiría la hegemonía del Partido soviético sobre todos los partidos «hermanos» de otras naciones. Sender visitará y dará cuenta de la mayor obsesión del régimen estalinista, la industrialización, que en pocos años consiguió duplicar la producción del carbón y triplicar la de acero. Pero el faro de la humanidad también ocultaba sombras a las que Sender no fue ajeno, dando noticias de los errores de planificación, las pésimas cosechas, las requisas indiscriminadas de grano o la matanza de miles de ucranianos.

Las crónicas de viaje de Sender, publicadas en La Libertad entre el 27 de mayo y el 13 de octubre de 1933, fueron la base del libro que, con modificaciones y ampliaciones posteriores, publicó la editorial Pueyo en 1934. Con una calculada mezcla de impasibilidad y desparpajo, de curiosidad abierta a los hechos y de dogmatismo en sus presupuestos, en sus crónicas Sender se inventaba un comunismo alejado de la realidad del primer estalinismo. Más allá de sus cegueras y sus legítimas esperanzas, estas febriles páginas son una inmersión de primer orden en la cenagosa historia del siglo xx.

Ramón J. Sender (1901-1982). Nació en Chalamera de Cinca (Huesca) en 1901 y se crio en distintos pueblos aragoneses. Empezó a escribir y a colaborar en prensa a temprana edad. Participó en la guerra de Marruecos como soldado de reemplazo y a su vuelta se instaló en Madrid, donde ingresó en la redacción del diario El Sol como redactor y corrector. Antes del comienzo de la Guerra Civil, ya era uno de los escritores más prestigiosos del momento. Hasta entonces había publicado las novelas Imán (1930), Siete domingos rojos (1932) y Míster Witt en el Cantón (1935); y sus crónicas, aparecidas en La Libertad, en forma de  libro: Madrid-Moscú. Notas de viaje, y Viaje a la aldea del crimen (Documental de Casas Viejas), ambos publicados en 1934. De ideas revolucionarias, simpatizó primero con movimientos anarquistas y, más tarde, comunistas. Por razones personales y discrepancias personales e ideológicas, que terminaron apartándolo de su militancia comunista, en 1938 se exilió a Francia, y en 1939 se embarcó hacia México, donde vivió hasta 1942, en que se trasladó definitivamente a Estados Unidos, donde trabajó como profesor de literatura. Cultivó todos los géneros literarios –novela, poesía, relato, ensayo, teatro, artículo periodístico, memorias–, pero es la novela el género al que pertenecen sus creaciones más recordadas. Falleció en 1982 en San Diego, EEUU.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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