"Luna de sangre en Voramar", de José Luis Rodríguez del Corral

Escribir una historia de amor y muerte, con el foco dirigido a sus cuatro narradores y protagonistas, es un reto que pone de relieve la ambición literaria de José Luis Rodríguez del Corral, escritor veterano, autor de obras muy reconocidas y premiado en el certamen literario "Letras del Mediterráneo" por el libro que nos ocupa.

"La luna está más alta ‒nos dice el personaje que justifica el título de la novela‒ y me mira indiferente envuelta en un cerco de nubes rojizas. Abro el maletero. La cabeza del tipejo está vuelta hacia a mí aunque él está de espaldas, doblado. Tiene un ojo estrellado como un huevo y le baja por la oreja un grueso hilo de sangre seca. Es siniestro. El miedo me encoge el estómago y tengo que darme la vuelta".

Nosotros, los lectores, sabemos quién es el muerto. De hecho, en el primer capítulo, el difunto reparte las cartas del relato con deliberada intención, consciente de que ya es un espectro.

Su nombre es Martín. Ejercía de abogado, aunque se va de este mundo sin servir a una buena causa. Se dedicaba a lavar dinero negro y a recibir droga como premio a sus servicios. Su voz se oye con ese interés que siempre despierta quien ha cruzado al otro lado.

A la vuelta de una página, Martín cede paso a una mujer madura, curtida en el comercio carnal y en los rigores de la cárcel. Ella se enamoró de un tipo capaz de matar a sangre fría. No adelantaré más detalles, porque esta mujer y los otros dos protagonistas son quienes van enredando la trama y dosificando las revelaciones que van conformando la intriga.

Quédense con este mínimo adelanto. Martín muere, sí, pero deja atrás un botín que sirve de McGuffin en la trama: un argumento hecho de dolor, ambición, erotismo, amor y sueños truncados.

Si completásemos el cóctel con cigarrillos a medianoche, alcohol barato y la revisión de expedientes en algún laboratorio de criminología, obtendríamos un thriller negro de manual. Pero la intención de José Luis Rodríguez del Corral va, obviamente, más allá de las fórmulas tradicionales, y apunta hacia un destino literario menos predecible, aunque a ratos, y por razones que el propio autor deja bastante claras, sea inevitable identificar esta novela con esa tradición del noir, en la que, como decía James Ellroy, los buitres y los policías de Homicidios esperan a que la gente muera para, respectivamente, lanzarse sobre el cadáver o acotar la escena del crimen.

No quiero inducir a error: Luna de sangre en Voramar no es, insisto en ello, una novela policiaca, sino una historia de amor y desamor. Una de ésas en las que el destino y sus casualidades llevan incorporada una cláusula de compasión. Escrita con sabiduría y fluidez, confirma el talento de su autor a la hora de construir personalidades densas, repletas de matices, tan coloridas y contradictorias como la propia existencia.

Sinopsis

Luna de sangre en Voramar está inspirada en el mito de Eros y Psique. La historia de los amantes que sólo pueden encontrarse a oscuras porque si se miran tendrán que separarse, es narrada en un entorno criminal en el que a través de cuatro personajes se mezclan el dinero ilícito, el sexo explícito y el amor furtivo. Un homicidio impremeditado conduce a un secuestro y desencadena la acción, que transcurre en poco más de cuatro días entre el Grao de Castellón y las cercanías de la playa de Voramar en Benicassim. La narración se desarrolla íntegra en presente y primera persona por cada uno de esos cuatro personajes: Amores, Alma, Beltrán y Carmen, que se van pasando el «testigo» del relato como en una carrera de relevos. Escrita en un estilo sobrio y vivaz, en el que se aúnan la expresividad y la eficacia del lenguaje, Luna de sangre en Voramar tiene, como una partida de ajedrez, una apertura brillante, un desarrollo absorbente y un jaque mate inesperado. Es toda una invitación a leer con fascinación e intriga desde la primera a la última línea.

José Luis Rodríguez del Corral nació en Morón de la Frontera en 1959. Cursó en Sevilla estudios de Filología que abandonó felizmente para fundar en 1982 la librería universitaria La Roldana. Perseveró durante veintiún años en el oficio de librero, hasta que en 2003 cerró la librería al tiempo que publicaba su primera novela: Llámalo deseo, al ganar el XXV y último premio de la Sonrisa Vertical. Tras publicar una novela histórica: La cólera de Atila, una biografía: Memoria y fábula de Manuel Ferrand, una continuación del Coloquio de los perros titulada La noche de Cipión, y trabajar algo en televisión y publicidad, ganó en 2011 el Premio de novela Café de Gijón con Blues de Trafalgar, obra con la que obtuvo una notable aceptación de crítica y público. Éxito que volvió a repetirse en 2015 con la publicación de Sólo amanece si estás despierto. Ha estrenado una obra teatral, la tragedia Helena y las Furias. Reside en Sevilla dedicado a la literatura y a otras actividades relacionadas con las Letras.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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