"Los Primeros Hombres en la Luna": la aventura espacial de H.G. Wells

Aunque no sean los únicos, es un hecho oficial declarar a Julio Verne y a H.G. Wells como los padres de la ciencia-ficción, ya que su influencia e ideas siguen vigentes a día de hoy.

Julio Verne sería el progenitor de la rama de ciencia-ficción denominada “hard”, donde la ciencia es tomada muy en serio. El francés era un autor que estaba al día sobre los nuevos descubrimientos y teorías científicas, y lo demostraba en sus novelas con la intención de entretener pero también de educar a la juventud en las más diversas disciplinas: ingeniería, geografía, zoología, geología, etc. En el proceso, Verne adelantó creaciones que revolucionarían el siglo XX, desde el submarino a la televisión, pasando por los viajes espaciales.

En cuanto a H.G. Wells, un inglés con formación científica, le preocupaba menos ajustarse a la realidad como conjeturar con “lo que podría pasar si”. A Wells le interesaba más sorprender, divertir y utilizar sus historias como sátiras del mundo real, dada su fuerte faceta de activista político. En el proceso, creó los subgéneros más populares de la ciencia-ficción: viajes en el tiempo, invasiones extraterrestres, hombres invisibles, mutaciones genéticas y, en cierto modo, space-opera gracias al libro que aquí nos ocupa.

Si expongo superficialmente las diferencias entre ambos autores es para decir que el ejemplo perfecto de comparación sería leer De la Tierra a la Luna (Verne) y Los Primeros Hombres en la Luna (Wells), dos obras que parten de una idea similar pero que toman derroteros totalmente distintos.

Como casi todo el mundo sabe, el libro de Verne nos narra con profusión de detalles técnicos el viaje de unos estadounidenses alrededor de nuestro satélite, mostrándonos que no es más que un yermo deshabitado. El libro (y su continuación Alrededor de la Luna), escrito en el siglo XIX, se ajusta escalofriantemente en muchos de sus detalles a lo que sería la misión del Apolo 11.

El propio Wells lo cita en Los Primeros Hombres en la Luna, y deja claro que los científicos de su época (1901) creen que la Luna está más muerta que Julio César. Cuando los protagonistas llegan allí, no encuentran más que un desierto gélido, pero todo cambia al salir el sol. La atmósfera congelada se derrite, y comienzan a germinar con rapidez inusitada cactus, hongos y todo tipo de plantas. Luego vendrán las “vacas lunares” y la civilización de selenitas subterráneos. A Wells, evidentemente, la realidad o el rigor científico no le van a estropear una buena historia.

Los protagonistas de la novela son el despistado científico Cavor y el joven pícaro Bedford (narrador de la historia). El método de viaje, una esfera cubierta por persianas de “cavorita”, un material inventado y desarrollado por Cavor que posee la capacidad de bloquear la gravedad. Sus motivaciones para viajar a nuestro satélite son el interés científico (por parte de Cavor) y la codicia (por parte de Bedford), ya que en la Luna podría haber metales preciosos y un jugoso monopolio para explotarlos.

El ritmo de la obra es rápido y el tono es un ejemplo de socarronería británica. Wells no se corta ni un pelo a la hora de criticar el colonialismo victoriano, encarnado por el propio narrador, y de paso se ríe un poco de la especialización laboral, al mostrar una sociedad lunar semejante a una colmena, donde los habitantes son educados y modificados físicamente desde la cuna para llevar a cabo una labor predeterminada.

En Los Primeros Hombres en la Luna se sientan ciertas bases del futuro género de aventuras espaciales, al combinar los prodigios de otros mundos con la acción y el suspense. De hecho, nuestros “héroes” aprovechan los poderes físicos que le otorga la escasa gravedad lunar para realizar saltos enormes y machacar selenitas con fuerza sobrehumana, en lo que bien podría ser un antecedente del futuro John Carter de Edgar Rice Burroughs (y, posteriormente, cientos de superhéroes).

En la parte final de la novela de Wells, además, se habla de un invento de un tal Julius Wendigee, basado en unas investigaciones de Tesla, que permite recibir mensajes desde el espacio exterior. Además de resultar un detalle que entusiasma a cualquier fan del genial Tesla, un similar cachivache sería “reinventado” por Burroughs en sus novelas: la útil Onda Gridley.

Encontrar esta novelita en España siempre ha sido una epopeya para el aficionado patrio, evidenciando que no es la obra de Wells más popular y, sin embargo, Los Primeros Hombres en la Luna resulta ser una de sus novelas más maravillosas y entretenidas, cuya lectura debería ser obligatoria para cualquier niño, de edad o de espíritu.

Por si fuera poco, Los Primeros Hombres en la Luna cuenta con una apasionante adaptación cinematográfica (titulada en España La Gran Sorpresa) dirigida por Nathan Juran y dotada de la magia del maestro de los efectos especiales Ray Harryhausen. Una versión libre, pero que mantiene el espíritu ligero y soñador de la novela.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyrght de la ilustración © Des Hanley. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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