"Los caballos de la Conquista", de Robert B. Cunninghame Graham

Existe una etiqueta para presentar a narradores como Robert Bontine Cunninghame Graham (1852-1936). Se la debemos a un editor y periodista ilustre, Frank Harris, quien definió a Cunninghame Graham como un amateur genial. Sinceramente, hoy no se me ocurre una categoría más precisa para describir su prosa.

Ajeno a las grandes pretensiones o a la retórica grandilocuente, este escritor, pese a que tiene un paladar literario muy aguzado, es fiel a una serie de rasgos. Me quedo, de momento, con estos tres: la amenidad, la concisión y un tono cordial a la hora de interpelar al lector.

Podría añadir aquí ese impresionismo que los críticos de la época hallaron en sus ensayos y relatos cortos. Evidentemente, nada de lo dicho hasta ahora merma la reputación de Cunninghame Graham, aunque conviene añadir que no todos los coetáneos fueron igual de generosos. Así, Leonard Woolf dijo de él que era "un escritor competente", pero que no alcanzaba con su obra el nivel de un maestro. Para un personaje como el que nos ocupa, sin petulancia alguna, las palabras de Woolf son más un cumplido que un reproche. Por otro lado, no olvidemos que entre sus admiradores figuraron personajes tan diversos como el presidente Teddy Roosevelt y el propio Oscar Wilde.

Londinense de nacimiento pero escocés de pleno derecho, R.B. era descendiente de un linaje paterno que nos lleva hasta Roberto I (es decir, Robert the Bruce, aquel caudillo medieval, conocido popularmente por su cercanía al rebelde William Wallace).

R.B. también era nieto, por vía materna, de una aristócrata española que moldeó buena parte de sus intereses culturales y literarios. De hecho, la primera lengua que habló fue el español y sus primeros recuerdos infantiles y juveniles tienen mucho que ver con nuestro país.

De espíritu inquieto y amante de la aventura, viajó por América del Sur, y acabó enamorándose de un país, Argentina, donde pudo identificarse con otra de sus pasiones: la tradición ecuestre.

La hispanidad de Cunninghame Graham fue tan llamativa para sus compatriotas, que más de uno acabó llamándole “the modern Don Quixote”, no sólo por su apariencia de hidalgo excéntrico sino también por su carácter, decididamente más mediterráneo que sajón.

Durante buena parte de su vida, se consagró a los viajes y a la actividad política. En este sentido, casi podríamos decir que su biografía fue la mejor de sus creaciones. Recorrió Marruecos ataviado como un jeque, buscó oro en España, dio clases de esgrima en México y conoció a celebridades de medio mundo. Así lo demuestra su pintoresca lista de amistades: Joseph Conrad, Aimé Tschiffely, William Morris, H.G. Wells, George Bernard Shaw... Incluso fue compañero de Buffalo Bill, otro caballista excepcional, inmortalizado como uno de los iconos del Oeste norteamericano.

Entre sus temas predilectos como escritor, destaca la conquista española de América. A esa línea pertenecen varios de sus libros: desde A Vanished Arcadia (1901), que inspiró a los guionistas de la película La misión (1986), hasta Los caballos de la Conquista (1930), la obra que motiva estas líneas.

En realidad, el atractivo de Los caballos de la Conquista deriva, precisamente, de la personalidad de su autor, que transmite en sus páginas todas las pasiones e inquietudes que hemos venido describiendo: el amor por los caballos, la aventura y el respeto por la historia de España y América.

No es el único libro en el que R.B. aborda cuestiones ecuestres (en este aspecto, comparte catálogo con la miscelánea Rodeo y con los cuentos reunidos en el volumen Tales of Horsemen). Sin embargo, es una excelente manera de penetrar en su universo personal, tan próximo a los jinetes y a los nobles brutos.

Escrito con tanto encanto como rigor –y con una lícita nostalgia–, este libro recorre las crónicas de la Conquista para relatarnos hazañas y anécdotas protagonizadas por caballos excepcionales. Créanme, ningún amante de la historia debe perderse esta apasionante lectura.

Sinopsis

El gran y desconocido escritor escocés Robert B. Cunninghame Graham empezó a conocer y tratar a los caballos en las pampas argentinas, a donde llegó con 17 años para convivir tres años con los gauchos. En muchos de sus cuentos de las dos Américas, desde Nuevo México al Río de la Plata, pasando por Colombia y Brasil, así como en sus numerosas biografías de personajes de la conquista, el caballo tiene un papel principal.

Pero es en este libro, Los caballos de la Conquista, escrito como homenaje a los nobles brutos que acompañaron a los conquistadores, donde Cunninghame Graham vierte de modo más caudaloso sus profundos conocimientos sobre este apasionante asunto histórico.

En estas páginas, Cunninghame Graham nos hace asistir a las extenuantes jornadas de Hernán Cortés a través de los ojos de Bernal Díaz del Castillo, su cronista y amigo, para continuar luego con Hernando de Soto en su viaje al Perú, siguiendo las huellas de Pizarro, y en su llegada a Cuba y el posterior desembarco en la Florida. La conquista del Río de la Plata nos es narrada a través del dieciochesco Félix de Azara y de Thomas Falkner, un jesuita inglés, autor de un curioso libro sobre la Patagonia.

Libro nacido de la frecuentación de archivos y manuscritos, pero también, y sobre todo, de la propia experiencia de Cunninghame Graham y de una pasión, la de los caballos, que le acompañó hasta la muerte

Ficha editorial

Los caballos de la conquista

Robert B. Cunninghame Graham

Espuela de plata, 2015

ISBN 9788416034277

Nº de páginas: 160 págs.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Espuela de plata. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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