"Las calculadoras de estrellas", de Miguel Ángel Delgado

En el idioma inglés hay una expresión, larger than life, que se aplica a esos personajes cuya figura excede lo común. Figuras tan impresionantes que, por su propia naturaleza, merecen ser inmortalizadas en el recuerdo. Tal es el caso de las protagonistas de esta novela inspirada en hechos reales: mujeres cuya aportación a la ciencia fue poderosa e ignorada a partes iguales.

Felizmente, Miguel Ángel Delgado acumula varias profesiones en su tarjeta de visita, y dos de ellas ‒escritor y divulgador científico‒ afloran en este estupendo relato, cuyo rigor documental se expresa con gran amenidad literaria.

¿Qué más le puede pedir uno a un libro tan inspirador como éste? Sin duda, nos hallamos ante uno de esos ejemplos de novela histórica ‒no todo van a ser templarios y reinos perdidos‒ que interpelan al lector con mensajes de plena vigencia.

Hacer visibles a las mujeres científicas es una necesidad imperiosa, y esta obra se abre paso en esa dirección. Una de sus protagonistas, Maria Mitchell (1818–1889) fue una investigadora de enorme carisma ‒ya lo dije, larger than life‒. No sólo descubrió un cometa sino que fue la primera estadounidense que ejerció como astrónoma profesional. También fue la primera mujer que ingresó en tres instituciones de gran prestigio, la Academia Americana de Artes y Ciencias, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y la Sociedad Filosófica Americana.

Amiga de personalidades como Nathaniel Hawthorne, Mitchell fue, además, profesora en una universidad femenina muy destacada en la novela ‒Vassar College, fundada por el filántropo Matthew Vassar‒ y una precursora de las reivindicaciones feministas.

En Las calculadoras de estrellas, Miguel Ángel Delgado usa a otro personaje, Gabriella Howard, para resaltar la posición de aquellas mujeres del XIX, marcadas siempre por la situación económica de su familia y con sus aspiraciones limitadas por los convencionalismos sociales de la época. Mujeres que, sin embargo, tomaron parte en iniciativas tan reveladoras como la que sirve de eje a la novela: las “calculadoras de Harvard” ("Harvard Computers"), contratadas por el director del Observatorio de Harvard, Edward Charles Pickering, para que catalogasen los cielos, midiendo el universo con telescopios y cuadernos de notas.

Aquellas astrónomas ‒entre ellas Williamina Fleming, Annie Jump Cannon, Henrietta Swan Leavitt y Antonia Maury‒ observaron y registraron el espectro luminoso de las estrellas durante años. La suya fue una labor muy mal pagada, casi anónima, que sólo últimamente empieza a ser debidamente reconocida.

Me parece muy acertado que el autor haya relatado esta hazaña científica desde la ficción. Y la razón es obvia: nos encontramos ante una historia emocionante, a ratos conmovedora, en la que los sentimientos ‒el coraje, el afán por conocer, la tenacidad, la impotencia frente a los prejuicios‒ cobran un relieve que no se puede transmitir con lenguaje académico y notas a pie de página.

En serio, háganse con este libro. Además de ser una lectura amenísima, el amor por la ciencia y el respeto por las mujeres que lo protagonizan está presente en cada una de sus páginas.

Sinopsis

Es 1865, y Estados Unidos lleva varios años de una guerra cruel que está afectando a todo el país. Gabriella Howard es una niña sin muchas opciones, huérfana de madre, que vive junto a su padre en Poughkeepsie, un pequeño pueblo del estado de Nueva York, a orillas del Hudson.

Pero demasiado pronto la guerra le arrebatará también al padre y tendrá que trasladarse a un orfanato.

Su suerte cambia el día que Maria Mitchel, una antigua amiga de su padre, aparece en el orfanato decidida a hacerse cargo de ella para que la asista y la acompañe en su nuevo empleo como profesora. La señora Mitchel es la joven y reconocida astrónoma que empezará a impartir clases de esta materia en Vassar College, una monumental universidad, y la primera en Estados Unidos dedicada a la formación superior para mujeres.

Las calculadoras de estrellas aborda una historia de superación, un canto a aquellas mujeres que lograron abrirse un camino con todo en su contra y que en muchos casos no llegaron a ver en vida ningún reconocimiento por su trabajo.

Miguel A. Delgado (Oviedo, 1971) es periodista, escritor, divulgador científico y crítico de cine. Colaborador habitual en El EspañolYorokobu y Quo, ha escrito, además, para ABCEl CorreoLa RazónLa Vanguardia o El País. También ha sido profesor de cinematografía en la Universidad Francisco de Vitoria. Ha comisariado exposiciones sobre la figura de Frankenstein, el escritor Julio Verne y el inventor Nikola Tesla, a quien le dedicó su primera novela, Tesla y la conspiración de la luz (Destino, 2014). En la segunda, Las calculadoras de estrellas, vuelve a mezclar ciencia, emoción e historia, centrándose ahora en aquellas mujeres anónimas que con su trabajo invisible impulsaron los mayores avances en astronomía de todos los tiempos.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Destino. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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