"Huellas. Tras los pasos de los románticos", de Richard Holmes

En el mundo anglosajón, la figura de Richard Holmes posee un relieve extraordinario. Como historiador y biógrafo, Holmes ha acuñado un estilo propio, que podemos resumir con esta reflexión que él mismo citó a un entrevistador de The Guardian: si uno se limita a ser un erudito, el relato que cuente carecerá de vida, pero si se limita a ser un contador de historias, entonces resultará ridículo.

Tanto en sus biografías de Shelley y de Coleridge como en esa red de perfiles intelectuales ‒recordemos: Joseph Banks, Humphry Davy, William Herschel y Fanny Burney‒ que viene a ser La edad de los prodigios (Turner, 2012), Holmes ha seguido un método detectivesco: seguir las huellas de sus personajes. Analizar el modo en que éstas se imprimen sobre el terreno histórico y sobre el paisaje real, reviviendo así episodios del pasado que adquieren esa pátina de verdad que sólo parece reservada a aquello que podemos ver y tocar.

Aunque la ficción no figura en sus escritos, lo cierto es que cada relato biográfico de Holmes posee una expresividad y una voluntad de estilo dignas de un buen novelista. Y esa es otra de las claves que explican el atractivo permanente de su trabajo.

A diferencia de otros estudiosos, Holmes entiende la biografía como una aventura de descubrimiento. Y si entendemos esa aventura como un viaje personal, ya tendremos las claves que definen su nuevo libro, Huellas, que además de una búsqueda de la imaginación romántica, es también una memoria del propio autor, convertido aquí en un nómada que, al recorrer ciertos caminos y contemplar determinados horizontes, conjura aquí sus propios recuerdos y la presencia de aquellas figuras a las cuales ha investigado.

Aparece en estas páginas Robert Louis Stevenson, un escritor al que disfrutó de niño, gracias a su madre, y también se advierte la sombra de muchos otros libros, síntoma de una bibliofilia que le contagió en Cambridge su maestro George Steiner.

Además de viajar por las rutas que recorrió el propio Stevenson en 1878, también asistimos al encuentro de Holmes con otra figura descomunal Mary Wollstonecraft ‒a la que leyó por la misma época en que se sintió fascinado por la trágica figura de Chatterton‒. A su vez, Wollstonecraft se encuentra en Huellas con Wordsworth cuando triunfa la Revolución francesa.

Y saliendo del entorno británico, recordamos la etapa parisina del autor, comprensiblemente seducido por titanes románticos como Théophile Gautier, Baudelaire, y sobre todo, Gérard de Nerval, a quien va dedicado el último tramo del libro.

Sin salir de ese territorio, la cadena montañosa de las Cevenas es el lugar elegido por el biógrafo y por la novelista Rose Tremain para ubicar una de sus casas, que adquirieron en la época en la que Holmes escribía su libro sobre Coleridge. Recordemos (sin perder el hilo) que Stevenson es el autor de Viaje con una burra por las Cevenas (1879), y que esa obra sobrevuela el primer capítulo.

Pero Holmes no se detiene ahí. El nomadeo también le condujo a Italia, a comienzos de los setenta, por las mismas fechas en que estaba febrilmente interesado por Shelley, otro viajero y literato inglés que aprovecho la inspiración italiana en sus escritos y que se refugió en ese país entre 1818 y 1822.

Como ven, Huellas es una obra con muchos estratos. Podemos disfrutarla como un soberbio libro de viajes, se puede interpretar como una apasionante libreta de recuerdos personales, y en definitiva, cabe leerla como una demostración de que vida y literatura son dos caras de la misma moneda.

Sinopsis

Richard Holmes supo que se había convertido en biógrafo cuando le devolvieron un cheque: sin darse cuenta, lo había fechado en 1772. Es que son muchos años dedicado a seguir los pasos de los protagonistas de sus libros, viajando en el tiempo y en el espacio. En estas páginas, recorre las Cevenas francesas siguiendo los Viajes con una burra de Stevenson. Viaja a París en pleno mayo del 68 y descubre allí las aventuras revolucionarias de Mary Wollestonecraft, la pionera del feminismo. Se asoma a los acantilados italianos que despidieron a Shelley el día en que se ahogó, y visita las casas que aún acogen el espíritu de Lord Byron. Vuelve a París decidido a desentrañar el tristísimo misterio de la vida y la muerte de Gérard de Nerval. Y mezcla en cada página la literatura, el romanticismo, el amor, los fantasmas, la aventura… ¿Será su vida o será la vida de ellos la que está contando?

Richard Holmes es uno de los principales biógrafos británicos de la actualidad, autor de las vidas de Coleridge y Shelley, además de diversas obras sobre el Romanticismo y sobre estudios literarios. Holmes es miembro de la British Academy, y ha sido profesor de Estudios Biográficos en la universidad de East Anglia, por la que tiene un doctorado honorífico.

Traducción de Guillem Usandizaga.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Turner. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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