"Golpes bajos", de David Gistau

La novela de David Gistau nos conduce hasta los márgenes de una doble frontera: la que separa los barrios altos de las zonas menos prósperas de Madrid, y la que se alza por culpa de la pantalla televisiva, distanciando a la vida real de esa telerrealidad frívola, engañosa y pasajera.

Debería decir ahora que, además de todo eso, Golpes bajos es una novela sólida, escrita con brío, humanidad y socarronería. Si nos empeñamos en llenar este maletero con etiquetas literarias, encontraremos dos muy reconocibles. Gistau ama el género negro ‒pienso en obras como Más dura será la caída (1947), de Budd Schulberg‒ de la misma manera que se siente cómodo en el costumbrismo castizo. Y aunque modula bien ese vaivén entre los aires de thriller y el realismo más cercano y brutal, lo cierto es que uno sale de esta lectura con un gesto entre amargo y risueño, como si nos hubieran proyectado, en programa doble, un noir de la vieja escuela y una tragicomedia de Berlanga y Azcona.

El relato proporciona sueños con fecha de caducidad a un antihéroe ‒Alfredo, entrenador de boxeadores en un gimnasio humilde‒, y lo sitúa en territorio hostil tras la invitación (fáustica, por supuesto) de un mafioso.

La coprotagonista es Magda López, una musa televisiva que ha dejado caer por el camino todo ese lastre de honradez y dignidad que fomenta la mitología del periodista clásico. De hecho, llamar a Magda periodista es tan complicado como ver a Alfredo como un triunfador, sobre todo cuando el boxeador penetra en ese mundo de parásitos y luciérnagas al que ella se ha ido acostumbrando en su decadencia.

En este sentido, Gistau se mueve como un buen reportero por las arterias más congestionadas de la capital: desde ese barrio donde radican las esencias populares, marcado siempre por la frustración, hasta esa zona privilegiada donde el whisky y la coca sustituyen al vino de cartón con gaseosa y la heroína.

Además de un recorrido semidocumental por la celebridad catódica, y sobre todo, por el mundo del boxeo ‒léase: testosterona, veladas, camaradería‒, David Gistau completa un dibujo excelente de esos sueños rotos que solo se recomponen cuando uno regresa al suelo, comprende de qué lado están los buenos y se acostumbra a las cicatrices.

Sinopsis

Alfredo es el propietario de un modesto gimnasio de boxeo en el barrio del Lucero. Tiene entre sus pupilos a un púgil prometedor al que prepara para ser campeón. Un día, sufre un encuentro fortuito con el jefe de una organización criminal que lucha para hacerse con todo el territorio de Madrid. Piñata, que así se apoda, convencerá a Alfredo para que participe en un montaje sentimental con Magda López, una presentadora de televisión venida a menos que necesita publicidad. Junto a ella, Alfredo conocerá los salones de la alta sociedad mundana y los palacios aristocráticos, a toreros, a disolutos herederos de negocios millonarios y a ídolos del rock. Todos tienen algo en común: están en manos del gánster Piñata y, de una u otra forma, pueden ser destruidos por él. 

David Gistau (Madrid, 1970) es columnista y cronista en el diario ABC, así como colaborador radiofónico. Esta es su tercera novela, con la que intenta compensar en parte que el destino no le permitiera ser un escritor americano de los que frecuentaban el Madison Square Garden durante los años en blanco y negro del siglo pasado. Cuando en las primeras filas había que taparse con un periódico para que no salpicara la sangre.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © La Esfera de los Libros. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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