"El Pensionado de Neuwelke", de José C. Vales

Siguiendo la tradición de la novela decimonónica (del feuilleton a las truculencias góticas o las emociones de las sensations novels), José C. Vales (Zamora, 1965) teje un relato de complejas relaciones personales en el que no siempre lo más relevante se encuentra en el lado fantasmagórico y espectral de la historia.

El Pensionado de Neuwelke se basa en uno de los casos más conocidos y documentados de doppelgänger.

Doppelgänger es un vocablo alemán que se utiliza habitualmente para definir el doble espectral de una persona viva. La palabra proviene de los términos germánicos doppel, que significa doble, y gänger, andante.

El folclore nórdico hace referencia a estos dobles fantasmagóricos desde tiempos ancestrales y, aunque con distintas variantes, su presencia suele relacionarse con desgracias y muertes inminentes. En la literatura contemporánea se ha asociado con la parte más oscura, perversa o siniestra del ser humano.

A partir de las escasas noticias que en su día ofreció Robert Dale Owen en Footfalls on the Boundary of Another World (1859), José C. Vales elabora un apasionante relato, magistralmente construido, que puede entenderse como un homenaje a la literatura decimonónica y a los grandes narradores de la época, desde Lewis a Dickens o desde Austen a Trollope.

El conocimiento de José C. Vales de la literatura inglesa del siglo XIX –traductor de obras de Dickens, Collins, Shelley, Austen y Trollope, entre otros– queda patente en el cuidado y el mimo que ha empleado en la construcción de cada uno de los elementos y personajes que componen la novela. En El Pensionado de Neuwelke no faltan los elementos propios de la imaginería romántica del siglo XIX: brumas y nieblas, tormentas y vendavales, galerías oscuras, jardines escondidos, habitaciones prohibidas, posadas apestosas, manicomios y ermitas sombrías...

Por estos escenarios románticos pululan jovencitas rebeldes y curiosas, románticos de pasión arrebatada, hombres justos y honestos, clérigos enloquecidos y fanáticos, funcionarios ambiciosos, campesinos crédulos... y Émilie, naturalmente, abrumada por su terrible... dolencia.

Aunque Émilie Sagée es en realidad una “intrusa” en el pequeño mundo de El Pensionado de Neuwelke, su figura no tarda en adquirir un inevitable protagonismo, dado que su presencia en el colegio alterará de modo definitivo la convivencia y la historia de la institución. En torno a Émilie y a sus espantosos episodios giran los personajes y las relaciones, las historias privadas y las escenas públicas que irán delineando el amargo drama de la protagonista.

Con Émilie nos adentramos en el peculiar mundo privado de un colegio de señoritas, y con ella conoceremos a toda una galería de personajes extraordinarios, en los que iremos descubriendo, a través de breves y precisas pinceladas, sus pasiones, sus miedos, sus frustraciones, sus deseos, sus ilusiones rotas y sus secretos. A lo largo de este drama romántico asistimos también a la transformación que sufren cuando los sentimientos y las pasiones zarandean sus vidas.

José C. Vales utiliza una prosa elegante y pausada. Empleando algunos de los recursos y técnicas habituales de las narraciones románticas y victorianas, y asegurando los elementos tradicionales de la ficción popular decimonónica, el autor propone un relato amable, a veces irónico, bienhumorado, con referencias librescas, en el que busca desde el principio la complicidad del lector. El objetivo declarado no es sino contar una buena historia.

“Siempre he sido de la anticuada opinión de que el objetivo primordial de una obra de ficción no es otro que contar una historia”, escribe Wilkie Collins.

Personajes

Por las galerías, escaleras y estancias de El Pensionado de Neuwelke deambulan numerosos personajes: profesores, institutrices, damas de compañía, criados, alumnas... Todos ellos contribuyen a dar forma a esta historia en la que, en numerosas ocasiones, sabemos de unos por las suposiciones de otros, o por conversaciones o sugerencias de unos respecto a otros.

No convendría dejarse embaucar por la aparente sencillez de los trazos con que se presentan los personajes, porque con frecuencia se les ve retorciéndose las manos entre dudas y titubeos, aprensiones y temores, presagios y recelos.

Émilie Sagée: institutriz francesa, de Dijon. Llega al Pensionado de Neuwelke casi por casualidad. Con una infancia desgraciada y una juventud amargada por una dolencia sobre la que no tiene ningún poder, Émilie tiene la conciencia de ser una verdadera apestada para el mundo. Su único interés reside en intentar ocultar su espantoso secreto mientras le sea posible...

Jonas Fou’fingers es el jardinero del Pensionado. Escocés de nacimiento, refunfuñón y de modales bruscos y secos, es un verdadero alquimista de las flores. Con el tiempo, será uno de los aliados más fieles de Émilie. Es también el contrapunto de antigua sabiduría frente al caos que se desata en Neuwelke. Julie von Güldenstubbe, Antoinette de Wrangel y Sönke Buttgereit-Dientzenhofer son las alumnas preferidas de Émilie. A ellas les dedica buena parte de su tiempo, y las jóvenes agradecen su generosidad con una fidelidad a prueba de espectros y fantasmas. Julie, Antoinette y Sönke, de personalidades y aspectos bien distintos, con sus ingenuas conversaciones y sus dolorosos ritos de iniciación en la madurez, son tal vez el gran hallazgo de José C. Vales.

David Whimple. Profesor de lenguas y literatura en el Pensionado. Bien parecido, de mirada sombría y pasado oscuro, con cabellos desordenados al modo romántico, como corresponde. David Whimple es un hombre encantador, muy educado, sensible, incluso “ingenioso y divertido en primavera”, pero incapaz de saber a ciencia cierta a quién ama. Es el defensor y paladín de Émilie, hasta las últimas consecuencias.

Augusta Dehmel es la maiden o chaperone de Sönke. Hermosa y con modales y ademanes capaces de hechizar a cualquier hombre, sufrió un desengaño a los 19 años que la hizo refugiarse en un caparazón y disimular sus sentimientos. Está perdidamente enamorada del señor Whimple. Los celos la destruirán y la empujarán a un trágico final.

Leónidas Buch es el propietario y director del Pensionado. Un hombre justo y bueno que cuida de su mujer enferma, Eveline. Hombre de leyes con un porvenir brillante, abandonó un futuro muy prometedor en Londres para casarse con Eveline y abrir en Wolmar un pensionado para señoritas.

Eveline von Buxhoeveden, postrada y aquejada de una terrible enfermedad, es otra versión de las distintas dolencias, irreparables, inevitables e injustas, que aparecen en la novela.

El señor Klöcker, profesor de historia y geografía, cuyo único interés en la vida es el Imperio romano, el señor Schafthausen, que enseña álgebra y geometría, famoso por su aspecto de cigüeña, y la oronda y cárnica señorita Amalia Vi, responsable de inculcar a las alumnas los conocimientos que necesitan para convertirse en señoritas, son los tres profesores de Neuwelke.

El père Balkas, de pelo cano y largo, rostro enjuto y huesudo, boca hundida y maliciosa, casi lasciva y perversa, enloqueció tras los trágicos episodios de la Revolución. Se convirtió con el tiempo en un eremita vagabundo y pregona por los pueblos sus doctrinas sobre el fin del mundo y el Juicio Final. Está persuadido de que Emilie está endemoniada y desde años atrás sigue sus pasos, dispuesto a darle caza.

Uldis Balotrjiodis es el juez de Wolmar. Aquejado de aires –secretos– de grandeza, intentará alcanzar la gloria y el reconocimiento público escuchando al père Balkas y yendo al Pensionado en busca de la señorita Sagée.

Otros personajes secundarios también merecerían algún comentario, como el joven Nikolai Yielovnovich, hijo de los arrendatarios, ayudante a la fuerza del jardinero escocés y enamorado de Latia, una de las criadas del Pensionado. Latia e Irina forman la pareja de doncellas que ayudan a la señora Bertha Huns, la imaginativa cocinera del colegio.

Algunos lectores han reclamado atención para la pequeña alumna Christa Dix, llamada “la revolucionaria” e hija primogénita de unos acaudalados terratenientes de Riga: sus iracundos y terribles desplantes aterrorizan a todo el Pensionado.

El caos, las sonrisas y la muerte

Desde la introducción del narrador (un embajador de la reina Victoria en la Europa oriental) parece evidente que la propuesta del autor es mostrar hasta qué punto la existencia es un compendio maravilloso y aterrador de circunstancias sobre las que el individuo no tiene ningún poder. “Nuestro universo es caótico”, dice el narrador en las primeras páginas, “azaroso, incomprensible y sorprendente, y no admirarse ante el monumental desconcierto de la vida sólo revela una cierta incapacidad para gozar de ella”.

Los personajes de la novela, y muy especialmente Émilie, se sienten aterrados ante un mundo atestado de circunstancias sobre las que no tienen ningún poder. Émilie, como la señorita Eveline, no son más que víctimas de un mundo incomprensible y caótico. “Todo lo que podía explicar razonablemente era que la vida le parecía un acontecimiento desconcertante y misterioso, tan hermoso como aterrador, tan lógico como ridículo; la vida le resultaba ingobernable, y los hombres y mujeres que deambulaban por la existencia se parecían demasiado a pequeños barcos perdidos en el océano...”.

Y añade más adelante: “La vida le parecía un milagro asombroso, una formidable casualidad, una sorpresa irremediable y peligrosa”. Sin embargo, y por fortuna para el lector, El Pensionado de Neuwelke no es una excusa para un fárrago filosófico. Se trata sencillamente de una buena historia contada del mejor modo posible. Los lectores han apreciado especialmente el sentido del humor del narrador, que con frecuencia se inclina hacia la ironía o el sarcasmo, a las burlas sociales y las chanzas sobre caracteres.

En este punto parece seguir de cerca el humor dickensiano, y también el de Trollope o Austen o Collins.

Curiosamente, es el humor – en una historia dramática– lo que aporta la dosis de verosimilitud que precisa una buena historia. Los lectores que frecuenten la novelística británica decimonónica encontrarán lugares en los que divertirse enormemente. Aunque es probable que El Pensionado de Neuwelke acabe resumiéndose como la historia del doppelgänger de una maestra en el siglo XIX, los lectores seguramente cerrarán el libro con una impresión bien distinta. Desde luego, es cierto que el armazón argumental es la sucesión de apariciones espectrales que acontecieron en El Pensionado de Neuwelke –aquí oportunamente modificadas frente al relato de Owen, para dar forma a una narración–, pero la novela se esfuerza sobre todo en las relaciones humanas, en la generosidad y la fidelidad de la amistad, en la solidaridad frente a la desgracia, y en el valor de la honradez y la justicia frente a la mezquindad. Émilie, en su tragedia, se despide de sus jóvenes alumnas asegurándoles que su amor las hará inmortales.

El siglo XIX fue el siglo del spiritualism (espiritismo). En términos generales, esta corriente de pensamiento sugería que los vivos podían entrar en contacto con las almas de los muertos. Toda esta teoría se engarza con la ancestral tradición de espíritus que se aparecen tras una muerte, de espíritus que advierten a alguien de un peligro, de espíritus que enloquecen a determinadas personas... o de espíritus que se desprenden de los vivos: el doppelgänger. (Uno de los doppelgänger más famosos tuvo lugar en Londres: se asegura que vieron a lord Byron en la capital inglesa mientras él agonizaba en Grecia).

Ante los acontecimientos que se suceden en Neuwelke, algunos personajes deciden investigar. La joven Julie es consciente de que “cuando un hombre se entrega a investigaciones sobre fantasmas y ectoplasmas, se dice que está llevando a cabo estudios científicos; cuando una mujer mete la nariz en esos asuntos, se dice que ha perdido el juicio”. De todo ello sacará conclusiones jugosas, que compartirá con sus amigas y otros personajes del internado. Los más sensatos, como el profesor Whimple y el señor Buch, están dispuestos a no dar pábulo a esas ridículas historias de fantasmas... “Somos personas adultas, y con una formación intelectual moderna, propia de nuestro revolucionario siglo XIX: no podemos entregarnos a estas supersticiones y a estos temores”. Pero la razón no siempre puede explicar los asombros del mundo. El caos incomprensible en el que se mueven los personajes amenaza con destruir El Pensionado de Neuwelke. Y si se salva, sólo se salvará por la honradez, la generosidad y el amor de sus moradores.

Sinopsis

El Pensionado de Neuwelke narra la historia de una institutriz francesa llamada Émilie Sagée. Corre el año 1844 y Émilie se presenta en el internado de señoritas de Neuwelke con la intención de ser admitida como maestra de francés. El Pensionado de Neuwelke, situado en un antiguo palacio, aislado en el campo, cerca de la ciudad de Wolmar, en la república báltica de Livonia, es una escuela de señoritas que prepara a las jóvenes de la nobleza de Livonia, Polonia y Rusia para convertirlas en deslumbrantes damas que brillen en la sociedad parisina y londinense.

Tras su rostro angelical y sus exquisitos modales, Émilie esconde un terrible secreto. Sufre extraños episodios que han convertido su vida en un horrible tormento y que la hacen aparecer ante el mundo como una proscrita y una apestada. Desde muy joven, Émilie se ha visto obligada a huir de ciudad en ciudad, perseguida por un clérigo enloquecido, el père Balkas, convencido de que la señorita Sagée es un verdadero espíritu infernal.

En Neuwelke, y rodeada del afecto de sus moradores, Émilie encontrará un verdadero hogar y algo parecido a una familia: el director del colegio, los profesores, las alumnas, las damas de compañía y los criados, junto a un viejo y malhumorado jardinero escocés, conforman un paisaje humano en el que la amistad, la generosidad, la piedad y la honradez se verán forzadas a luchar contra la envidia, los celos, las ambiciones y el fanatismo.

Cuando Émilie comienza a sufrir sus aterradores episodios, el mundo del pensionado de señoritas comienza a derrumbarse y obliga a todos sus habitantes a mostrar, para bien y para mal, sus verdaderos rostros. Unos tratarán de ocultar o de explicar qué le ocurre a la señorita Sagée; otros aprovecharán para sacar partido de la conmoción que supone la convivencia con espectros y fantasmas.

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