"El hombre tecnológico y el síndrome Blade Runner. En la era del biorobot", de Santiago Navajas

En 1999, Ray Kurzweil escribía esta profecía en La era de las máquinas espirituales: alrededor del año 2020, los ordenadores llegarán a tener la capacidad de memoria y la velocidad de cálculo del cerebro humano. La previsión de Kurzweil, que en su momento aún remitía a la ciencia-ficción, hoy se verifica como promesa liberadora o como amenaza. Todo depende de nuestra percepción de las máquinas inteligentes.

Una percepción que admite un abordaje multidisciplinar como el que propone Santiago Navajas, en un libro extraordinario, concebido como una síntesis en la que la filosofía, la tecnología y el análisis cultural nos ayudan a entender los principales retos del siglo XXI.

Como anuncia su título, el ensayo de Navajas tiene tres protagonistas que, como ya se imaginan, tenderán a confundirse: los seres humanos, los androides y los cyborgs, situados los tres en la frontera del transhumanismo. En este sentido, el autor nos avisa de que, a estas alturas del progreso tecnológico y teniendo en cuenta las posibilidades de la inteligencia artificial, lo importante es "habernos dado cuenta de que realmente no importa si soy o no un robot. La cuestión hamletiana es si, seas lo que seas, te comportas como una «persona». No todas las personas son humanos. No todos los humanos son personas. La novedad nos confunde y las fronteras nos asustan".

El estudio de Navajas no se limita al porvenir de la inteligencia mecánica o a sus reflejos cinematográficos o literarios ‒heraldos más o menos fantasiosos del futuro‒, sino a cuestiones que ya han cambiado nuestras vidas. Me refiero, por ejemplo, a la economía digital o a las implicaciones sociopolíticas del Big Data.

Por expresarlo con una pregunta que no es trivial: Twitter, Facebook o Instagram... ¿son plataformas liberadoras o alienantes?

Quizá ambas cosas. "Los inteligentes se hacen más inteligentes ‒responde el autor‒, los idiotas se hacen más idiotas". Y sin embargo, persiste el optimismo en este ensayo, concebido para resolver ciertas contradicciones que no terminan de calibrar ni los utopistas tecnológicos ni los observadores apocalípticos.

En el momento en el que las máquinas comiencen a superar, por regla general, el test de Turing, las reflexiones de Santiago Navajas seguirán siendo actuales. Vuelvo a su dimensión formativa, esencial en las páginas que el autor dedica a la efervescencia educativa y cultural que brinda internet. O al perfil filosófico y político de la cuestión, que podríamos resumir con la siguiente advertencia: "Tanto la derecha reaccionaria como la izquierda revolucionaria ‒escribe Navajas‒ abjuran del proyecto emancipatorio individual de la democracia capitalista-tecnológica considerando que dicho proyecto liberal es intrínsecamente «pecado» y/o «criminal». De nuevo, lo que se manifiesta es el odio hacia la autonomía que en dicho proyecto se le prescribe al sujeto individual, en contraposición a los sujetos trascendentes de «Dios» o el «Estado» (que no por casualidad son siempre escritos por sus creyentes con la mayúscula de la trascendencia)".

Profundo, inteligente y de ágil lectura, El hombre tecnológico y el síndrome de Blade Runner es un libro que apasionará a todos aquellos lectores que perciban a las personalidades automatizadas como algo más que una curiosidad pintoresca.

Sinopsis

Descartes creía que los organismos vivos son máquinas biológicas, sometidas como cualquier otra entidad física a las leyes del universo. Los seres humanos, en cambio, seríamos diferentes, poseedores de libre albedrío. Pero Deckard, el protagonista del clásico Blade Runner, tenía serias dificultades para distinguir a un “replicante”, un robot biológico, de un ser humano, y así no equivocarse a la hora de “retirar” (eufemismo de matar) a las “entidades electrónicas». Cuando Isaac Asimov se planteó cómo sería la relación entre humanos y máquinas, comprendió que a medida que los robots se hiciesen más complejos y les encargásemos más tareas antes en manos humanas, habría que dotarles de ciertas reglas morales “innatas” o programadas de serie. De lo contrario, podrían ser peligrosos en su relación con los seres humanos.

Pero las leyes asimovianas —las famosas tres leyes de la Robótica— adolecían de errores de planteamiento que científicos como David Woods y Robin Murphy han puesto de relieve posteriormente. En este formidable ensayo, imprescindible para entender el futuro que nos aguarda, Santiago Navajas —autor de títulos tan precursores como Manual de filosofía en la pequeña pantalla o De Nietzsche a Mourinho. Guía filosófica para tiempos de crisis—, ahonda en los peligros (¿reales o imaginarios?) que acechan tras la globalización de la tecnología y razona que, si anhelamos una evolución del ser humano que vaya más allá de la propia naturaleza humana pero sin caer en la hybris del Dr. Frankenstein, debemos situar al homo tecnologicus siempre un paso por detrás del homo ethicus.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Berenice. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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