"El amor en la literatura: de Eva a Colette", de Blas Matamoro

Es la respuesta que, sin meditarlo demasiado, solemos dar cuando alguien pregunta sobre las metas de la existencia humana. El amor, decimos al pensar en lo que nos da felicidad y esperanza. Al fin y al cabo, nos mueven el deseo y los afectos, y por eso mismo nos inquieta su ausencia.

La literatura explica ese automatismo mejor que cualquier psicólogo. Pocos temas hay tan capitales para el escritor como el sentimiento amoroso, y ahí reside la importancia y el interés de este nuevo ensayo de Blas Matamoro, magnífico como todos los suyos.

La necesidad del otro está en nuestra naturaleza. La biología nos lo explica. Ese fenómeno viene a ser la culminación evolutiva de un proceso que, en la noche de los tiempos, emprendieron los primeros seres vivos: aquellos microorganismos que lanzaban señales químicas para interactuar con sus congéneres. Con esas criaturas surgió la necesidad de unirse a un semejante.

Sin embargo, aunque este impulso genético ya brinda una metáfora poderosa, ésta no determina nuestra sofisticación a la hora de amar y sentirnos amados. ¿Dónde quedan el amor cortés o el amor platónico? En este sentido, a diferencia de las ciencias naturales, la literatura sí que refleja la decisiva diferenciación entre el amor y la sexualidad: otro rasgo que también nos distingue como especie.

Pero vayamos al fondo del asunto. ¿Cómo nació el amor? Al comenzar su ensayo, Matamoro lee las primeras páginas de la Biblia para llegar a esta conclusión: "No hay amor en el Paraíso. El amor es proyectarse el amante sobre el amado, en quien se advierte que posee algo del enamorado que éste no tiene y desea. Pero Adán y Eva lo tenían todo, o al menos así lo creyeron al principio". De ahí que sea la expulsión del Edén lo que conduce al verdadero descubrimiento del amor.

Con esa pareja primordial empieza un recorrido ameno y apasionante por la biblioteca universal, que el autor colorea con numerosos ejemplos. El primer destino ‒no podía ser de otro modo‒ es la antigüedad grecolatina. Tras hojear las reflexiones amorosas de diversos autores, Matamoro subraya un nombre propio, Sócrates. "El filósofo ‒escribe‒ parte de una distinción entre desear lo que se tiene, es decir no perder nada de lo adquirido, y amar lo que no se tiene. Al igual que Aristófanes, define el amor a partir de la carencia".

Esa carencia es otro lugar común en la poesía trovadoresca. El amor... ¿una invención del siglo XII? Algo hay de ello. Gracias a los trovadores, cuyo influjo se hace notar en la poesía de Dante, sabemos que el amor cortés transcurre fuera del matrimonio. Furtivo y secreto, este nuevo pacto amoroso origina un canon estético que ha desafiado el paso de los siglos, y que a modo de reacción, ha generado críticas igualmente apreciables. Por ejemplo, el Quijote, donde ese amor sublimado no es de provecho para la auténtica Dulcinea.

Tiene un particular interés seguir este derrotero en la obra de Shakespeare. El amor que describe el Bardo "pone al amante en el lugar de un niño que demanda el cariño de su madre, la mujer amada". En ese anaquel donde figuran los volúmenes de Romeo y Julieta y Otelo, Blas Matamoro hace otra anotación: "El objeto de amor es fugitivo y permanece siempre amado en tanto se conserva lejano e inalcanzable".

Cambia el tercio con la llegada de los pensadores ilustrados, que añaden el condimento de la psicología a la dialéctica entre la pasión y la razón. En todo caso, y a pesar de sus nuevos ropajes que obtiene en el Siglo de las Luces, el amor como experiencia literaria sigue influyendo en el modo de ver el mundo.

En esta sucesión de mitos y arquetipos, van abriéndose camino lecturas más analíticas y realistas del amor. Pasan los siglos, y el ensayista se abastece de nuevos casos a estudiar ‒Rousseau, Jane Austen, Freud, Colette...‒ para responder los porqués del alma enamorada.  

Tengan muy presente este libro. Filosofía, pasión, psicología y grandes figuras novelescas resumen el índice de El amor en la literatura, una monografía excelente, que, sin perder de vista el tema central, atraviesa los pasillos de nuestra historia para abrir muchas de sus puertas.

Sinopsis

El amor en la literatura no pretende ser una exhaustiva historia de la literatura amorosa; eso sí, aporta, más o menos ordenadamente en el tiempo, algunas referencias tomadas por Blas Matamoro de las letras europeas y americanas, sobre la razón y la locura del amor, y sugiere abundantes definiciones del amor, aunque todas parciales y armonizables. El amor es un mito que, por no haber ocurrido nunca, está ocurriendo siempre. Aunque difieren en lenguas y en retóricas, las literaturas del amor son todas temporales, circunstanciadas en el devenir. Y, así visto, el amor es histórico.

Según Blas Matamoro, no hay amor en el Paraíso. La expulsión del Edén hace ganar al hombre la libertad moral y la historia; es más: la iniciativa de Eva lleva al descubrimiento del pudor, la libertad y la reproducción de los humanos. Eva, pues, es la inventora del amor, es la primera madre de los mortales, es también la madre del amor. Eva constituyó al primer sujeto, Adán, haciéndole patente una falta que él no advertía por sí mismo, sujeto inconcluso que sale al cosmos en busca de la plenitud deseada y tal vez inhallable. Al enigma que comenzó con Eva, ha pretendido dar respuesta, nunca definitiva, la literatura del amor de más de veinte siglos. Ya en Colette, la mujer es esa entidad cósmica, en tanto el varón es la entidad subjetiva. De ahí que complete la parábola abierta por Eva en el inicio mítico de la historia humana, una historia de libertad, subjetividad, trabajo, sexualidad y muerte.

Las literaturas del amor tienen que ver, muy ampliamente, con la concepción moderna del individuo, quien tiende, entre muchas otras cosas, a distanciarse de la naturaleza y de sí mismo, intentando dar sentido y fin al mundo de los afectos. La experiencia propia es motivo de reflexión, dando lugar a la psicología, y el pensamiento racional se traduce, inevitablemente, en saber moral. Verdad inalcanzada por la historia, verdad inalcanzable al humano entendimiento, acaso misterio o mero enigma: el amor.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Fórcola. Reservados todos los derechos.

 

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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