“A las 3 son las 2”, de Rodrigo Cortés

¿Tiene nombre ese continente? Pues sí, llámalo Twitter. ¿Y quiénes son sus habitantes? Bueno, eso ya depende del punto de vista. Sus partidarios lo disfrutan como un parque temático de la realidad, libertario y caótico. En cambio, los apocalípticos lo consideran una jungla de reductores de cabezas, o como el territorio de pandillas que, en lugar de quemar neumáticos, intercambian arengas, gruñidos y consignas.

Hay tuiteros que susurran y otros que claman en el desierto. Hay tuiteros pasivos y los hay que presumen de insurrectos frente al sistema. En todo caso, son pocos, muy pocos los que tuitean con ambición literaria. De ahí que el caso de Rodrigo Cortés sea una de esas felices excepciones que, aun en el caso de que uno deteste al pájaro azul, atrapan a cualquiera que tenga sensibilidad para el talento.

A las 3 tres son las 2 es el libro en el que Cortés reúne una selección de sus tuits. Gracias a esta edición, comprobamos que un ejercicio fugaz, pasajero y breve ‒140 caracteres‒ trae como consecuencia una espléndida antología de aforismos y greguerías.

El repertorio de Cortés debe leerse despacio, buscando sus alusiones menos evidentes, sus referencias cruzadas, y en definitiva, todos esos destellos de ingenio que se encadenan en cuanto el lector abre los ojos. Catalogarlos es un ejercicio inútil, pero aquí tienen algunas etiquetas. Como verán, hay un poco de todo. Presagios ("Algún día, hijo mío, todo esto lo deberás tú"). Paradojas ("Los marineros con una novia en cada puerto no saben que las novias suelen tener un marinero en cada barco"). Certezas históricas ("A los emperadores romanos los mataban los amiguetes"). Peticiones del robespierre que todos llevamos dentro ("Perdone, ¿podría prohibir esa música?"). Reflexiones narrativas (“Reescribir es quitar”). Microcuentos que podrían haber firmado Robert Bloch o Fredric Brown ("Tengo manos de pianista, dijo el asesino, sacándolas, recién cortadas, de su mochila de lona"). Espejismos de un consumidor de medios ("He visto dos niños en la calle sin la cara pixelada")...

Aerolitos y delirios

A estas alturas, no hace falta insistir en la excepcionalidad de Rodrigo Cortés como cineasta. Películas como Concursante –base de su reciente novela Sí importa el modo en que un hombre se hunde–, Buried o Luces rojas han demostrado que es un realizador de ilimitados recursos, capaz de desafiar cualquier prejuicio.

En esa actividad cinematográfica hay que buscar el origen de este libro. Cuando Warner Bros. diseñó la estrategia de promoción de Buried, propuso a Cortés que abriera una cuenta en Twitter. Lo que empezó siendo una operación de márketing, se transformó, en manos del director, en un medio atrevido y experimental, del que surgieron haikus inesperados y greguerías sorprendentes. O más bien, aerolitos que irradian ondas allí donde caen.

De hecho, más allá de la concisión que impone el tuiteo –o precisamente por ello– la cuenta de Rodrigo Cortés (@rodrigocor7es) nunca defrauda a quienes buscan en la red píldoras de inteligencia, finura y delirio. Cualidades insólitas en un territorio en el que predominan la endogamia o el adoctrinamiento tribal. Y lo más importante: el escritor lo consigue sin tomarse a sí mismo demasiado en serio.

En este sentido, el cambio de hora al que alude el título es bien significativo. "Los textos que forman este libro –aclara el autor– han nacido en esa prórroga en que el tiempo se arquea sobre el espacio y reorganiza las calles. Robados del futuro o el pasado, volverán a imaginarse, naturalmente. Al apagarse los abucheos del estreno recibimos una segunda oportunidad: A las tres son las dos, muchacho, espero que esta vez lo hagas mejor."

En fin, no quiero adelantarles más. Estoy seguro de que lo pasarán estupendamente con la homeopatía literaria de Rodrigo Cortés, un magnífico contador de historias, sumamente intuitivo y nada convencional.

Sinopsis

A las 3 son las 2 es la cabeza de Rodrigo Cortés destilada en monodosis, oro puro, una selección afilada y brillante de delirios que no deja respirar, sin concesiones, a bocajarro, balas en forma de risa. Píldoras para pensar.

Su interés por la dirección se despierta muy temprano: a los 16 años ya había rodado su primer corto en súper-8. En julio de 1998 realiza el cortometraje Yul, que obtiene una veintena de galardones internacionales, y, en 2001, 15 días, mítico falso documental que se convierte en el cortometraje más premiado de la historia del cine español en ese momento. Experimenta con diferentes creaciones y piezas reconocidas en festivales online. Concursante, su primer largometraje, se estrena en el Festival de Málaga en marzo de 2007, donde obtiene varios galardones, incluyendo el Premio de la Crítica a la Mejor Película. Buried (Enterrado), que conmocionó a crítica y público en el Festival de Sundance de 2010, se estrena a la vez en 52 países y más de 4.000 salas. Su tercera y última película como director hasta la fecha, Luces rojas, con Cillian Murphy, Sigourney Weaver y Robert de Niro, se estrena de forma masiva en más de 60 países. Su última película como productor es Grand Piano, dirigida por Eugenio Mira, con Elijah Wood y John Cusack, que tuvo su premier mundial en el Fantastic Fest de Austin e inauguró el Festival de Sitges.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Editorial Delirio. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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