Ver la música

Ver la música Dancing Colours © Fabian Oefner

Los humanos somos animales primordialmente visuales. Por eso a veces no nos damos cuenta de lo importante que resultan los estímulos que recibimos de nuestros otros sentidos, y de cómo enriquecen nuestra experiencia sensorial. A menos que los perdamos, claro.

Sin embargo, hay personas –entre un 2 y un 4% de la población– que tienen una percepción más allá de lo común: presentan el fenómeno neurológico llamado sinestesia, en el que dos sentidos se mezclan permitiendo “oler” los colores o “ver” los sonidos. Se cree que la sinestesia es producto una deficiencia en el “podado” de neuronas que ocurre en el desarrollo normal del cerebro, lo que resulta en la existencia de conexiones extra. (Remy, la rata chef de la película Ratatouille, de Walt Disneyve colores al saborear los alimentos, fenómeno que casi experimenté hace unos años cuando comí unos exquisitos chiles en nogada en un restorán de Puebla).

¿Qué sentirá un sinestésico que ve sonidos al escuchar una pieza de música maravillosa? La película Fantasía, también de Walt Disney, hizo en 1940 un intento de traducir en imágenes varias obras de música clásica. Pero se trataba de una interpretación, no de literalmente verlas notas musicales. Un director de orquesta puede, al ver una partitura, tener una muy buena idea de cómo suena la música, pero sólo luego de haber estudiado varios años. Mirar un rollo de pianola mientras se escucha la pieza que contiene puede aproximarnos un poco a esa experiencia.

Malinowski y su máquina de visualizar música © TEDxZurich /TED Conferences, LLC.

Pero las computadoras abren nuevas posibilidades: resulta que el músico e ingeniero en computación estadounidense Stephen Malinowski, sin ser sinestésico, tuvo una visión –luego de consumir LSD mientras oía a Bach– de lo que significaría poder ver la música, y comenzó a desarrollar, en 1974, lo que llama “la máquina de animación musical” (music animation machine, o MAM): un sistema que puede, a partir de archivos MIDI (el lenguaje de computadora usado mundialmente para controlar instrumentos musicales electrónicos) traducir una pieza musical a una secuencia visual.

Según Malinowski, su invento busca permitir que el usuario entienda intuitivamente, al observar varias barras de colores –cada una representa un instrumento o voz– que se desplazan horizontalmente, como una partitura en movimiento, los aspectos de la música que los profesionales reconocen fácilmente, pero que para quien no tiene entrenamiento musical pueden pasar desapercibidos.

A partir de un primer intento en rollos de papel, y de versiones burdas usando una computadora Atari con sonido monofónico a mediados de los ochenta, Malinowski ha ido perfeccionando su idea hasta lograr la versión actual, que puede ofrecer diversos tipos de visualización y que continúa evolucionando. También ha desarrollado un proceso para sincronizar la versión MIDI con el sonido real de una interpretación, lo cual le permite –mediante un proceso todavía más laborioso– visualizar piezas tocadas por músicos reales, no sólo por computadoras o sintetizadores.

Ver y escuchar una fuga a cuatro voces de Bach usando la máquina de Malinowski es una experiencia fascinante: uno puede distinguir cada voz, seguir sus evoluciones y admirar visualmente las filigranas barrocas con las que el gran maestro entretejía su música. Y qué decir de una pieza orquestal como La consagración de la primavera, de Stravinski

Las animaciones de Malinowski pueden verse en YouTube o en su propia página: www.musanim.com. Si es usted amante de la música, profesional o no, permítase disfrutarlas. Le aseguro que no se arrepentirá.

Algunas sugerencias extra:

Tocatta y fuga en re menor, de Bach:

Primer movimiento de "Invierno", de Las cuatro estaciones de Vivaldi

Arabesco no. 1, de Debussy:

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en La ciencia por gusto. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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