Vegetarianos, ideología y salud

Vegetarianos, ideología y salud Imagen superior: Sergiu Bacioiu, CC

La ciencia suele dar sorpresas. Muchas veces nos revela cosas que van en contra de nuestro sentido común. A veces profundamente en contra, como cuando la física cuántica nos mostró que las partículas pueden ser al mismo tiempo ondas, que no podemos conocer su posición de manera precisa al mismo tiempo que su velocidad, o que pueden pasar de un punto a otro sin transitar por el espacio intermedio.

Pero otras veces sólo se contradice el sentido común de forma moderada, como ocurre con frecuencia en las ciencias médicas (que son, por su propia naturaleza, y por la complejidad y variabilidad de su objeto de estudio, mucho menos tajantes, precisas y universales que las ciencias físicas). Por ejemplo, como cuando nos dice que comer carne puede ser dañino (pues, como se reveló hace algunos meses, aumenta el riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer), que los suplementos vitamínicos son esencialmente inútiles, o cuando un estudio revela que la alimentación vegetariana (y probablemente también su variante más extrema, el veganismo) puede no ser benéfica para la salud, como se cree, e incluso pudiera ser dañina a largo plazo.

El estudio, realizado por un equipo de especialistas del Instituto de Medicina Social y Epidemiología de la Universidad Médica de Graz, en Austria, es ya viejo. Se publicó en febrero de 2014, en la revista PlosOne. Sin embargo, la discusión sobre el tema resurgió recientemente en foros y redes sociales de internet.

Se basó en datos de una encuesta de salud que hace el gobierno austriaco a sus ciudadanos cada 8 años. Los investigadores tomaron una muestra de mil 320 hombres y mujeres de diversas edades y situaciones socioeconómicas. Se estudiaron cuatro tipos de dieta: vegetariana, carnívora con alto consumo de frutas y verduras, carnívora con poca carne y carnívora con alto consumo de carne. Se analizó en cada uno de estos grupos su percepción subjetiva respecto a su salud, la presencia de incapacidades físicas o enfermedades crónicas, su riesgo de padecer enfermedades vasculares, la calidad de sus cuidados médicos (si se vacunan, si reciben cuidado médico regular, si se realizan estudios preventivos) y su calidad general de vida (que se mide con métodos estandarizados). Lo que se halló fue que, en resumen, los vegetarianos, aunque son menos obesos y consumen menos alcohol que los demás, tienden a ser menos saludables en general, pues padecían más de cáncer, alergias y padecimientos mentales que los otros grupos, y requerían más cuidado médico y tenían una menor calidad de vida.

Los detalles del estudio son complicados y no totalmente claros; la discusión que se ha dado desde que se publicó ha sido intensa. Pero a mí lo que me llamó la atención sobre todo fue el tipo de argumentos que se manejaron en internet. En general, los vegetarianos y veganos descalificaban el estudio, sosteniendo que sus resultados eran “basura” y rechazaban su validez. En cambio, quienes objetan el vegetarianismo lo veían como una “demostración” absoluta de lo inútil que es evitar el consumo de carne.

La realidad es que estos estudios, aunque son interesantes siempre y cuando estén bien hechos, nunca llegan a dar respuestas tajantes. Ni el consumir carne causa cáncer (aunque sí puede aumentar ligeramente el riesgo de padecerlo) ni el vegetarianismo protege contra las enfermedades, probablemente ni siquiera mejore la salud y quizá pueda perjudicarla (lo cual no sería sorpresivo, pues es un estilo de alimentación muy artificial que va en contra de nuestra naturaleza esencialmente omnívora).

¿Por qué entonces tanta discusión? Porque en el fondo se trata de temas ideológicos. Los vegetarianos y más aún los veganos parten de una idea que relaciona los productos de la actividad humana (lo “artificial”) con algo dañino, y lo “natural” con la salud (lo que no explico es por qué ven el comer carne como algo “artificial”). Los amantes de la carne, por el contrario, queremos justificar nuestro placer al masticar un filete arguyendo que “no puede” ser dañino, “porque siempre lo hemos hecho”.

Al final, la respuesta se encontraría, como suele ocurrir en temas de salud, en el justo medio: tomar en cuenta estos estudios (habrá que esperar a que nuevas investigaciones nos aclaren que tan confiables resultan ser los resultados del estudio austriaco) pero no caer en pánico; evitar los excesos y ejercer, sí, el sentido común. Desgraciadamente, eso no es noticia.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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