Todos somos zombis

Todos somos zombis Imagen superior: Alessandro Pautasso, CC

La ciencia ha comenzado a estudiar la mente. Durante siglos la única manera de abordarla fue la introspección: la reflexión interna sobre lo que uno piensa y cómo lo piensa. Desgraciadamente, este método tiene el defecto de no ser confirmable: no hay manera de demostrar si uno se engaña a sí mismo.

Hoy tenemos nuevas herramientas que nos permiten estudiar el cerebro y su funcionamiento en vivo: se trata de técnicas como la visualización por resonancia magnética y otras, que nos muestran imágenes funcionales del cerebro en acción.

Pero, ¡alto!: ¿no estábamos hablando de la mente? Sustituir el estudio de la mente por el del cerebro parece tramposo, a menos que se acepte una premisa fundamental: que la mente es producto del funcionamiento del cerebro y nada más.

Pero si un cerebro vivo y funcionando es todo lo que en principio se necesita para tener una mente, ¿qué pasa con eso tan especial que nos hace humanos? ¿Es el “yo”, la mente, la conciencia, sólo consecuencia del funcionamiento de unos cuantos millones de células nerviosas intrincadamente conectadas?

La suposición contraria, la de que para que exista el “yo” se requiere del cerebro y algo más, que “habita” en el cerebro pero es inmaterial (un alma o espíritu) se conoce como “dualismo”. Es una idea tan simple que ha sido adoptada a todo lo largo de la historia humana.

Sin embargo, el estudio científico actual de la mente y la conciencia tiende a rechazar el dualismo: parte de la suposición de que la mente humana es producto de un proceso de evolución natural que produjo primero vida, luego organismos cada vez más complejos y finalmente sistemas nerviosos y cerebros capaces de ser conscientes. Todo ello sin requerir —pues se trata de ciencia— milagros ni componentes espirituales.

Pero si nuestra conciencia, nuestro “yo”, es sólo producto del funcionamiento de un cerebro compuesto por materia y nada más, ¿no podría parecer que no hay diferencia fundamental entre un ser humano y, digamos, una computadora suficientemente compleja como para ser consciente?

Efectivamente.

Quizá lo milagroso no esté en la necesidad de entidades espirituales o sobrenaturales para explicar fenómenos como la vida o la conciencia, sino en la asombrosa capacidad de la materia organizada, gracias a un proceso de evolución, de dar pie a fenómenos emergentes de tal complejidad que le permiten a esa misma materia reflexionar sobre sus orígenes y maravillarse de su propia conciencia.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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