Redes sociales

Redes sociales Imagen superior: Maria Elena, CC

Había una vez una especie animal que desarrolló una extraña habilidad: el lenguaje. Al comunicarse a través de sonidos abstractos, pero altamente sistemáticos, sus individuos pudieron compartir entre sí información sobre su medio y sobre sus pensamientos.

Se detonó así el desarrollo de lo que hoy llamamos cultura: al compartir experiencias y transformarlas en conocimiento, el ser humano logró trascender las limitaciones de la  selección natural–que adapta a las especies lentamente, a lo largo de generaciones– y descubrir un nuevo nivel de evolución: el cultural. Esto nos ha permitido no sólo sobrevivir con tanto éxito (incluso con éxito excesivo, pues hemos invadido prácticamente todos los hábitats terrestres, causando en el proceso bastante daño ambiental), sino producir el arte, con el que creamos nuevos mundos intelectuales y estéticos, y la ciencia, que nos permite comprender y manipular el mundo natural.

Pero el desarrollo de la cultura requirió un nuevo invento: la escritura, con su contraparte, la lectura. Ello implicó, a lo largo de muchos siglos, la aparición y refinamiento de una serie de tecnologías de escritura y de preservación de lo escrito (arena, piedra, tablillas de cera, papiros, códices, pergaminos, papel, libros, imprenta, máquinas de escribir, bibliotecas, soportes digitales). Y también, aunque tendemos a olvidarlo, de las elaboradas técnicas que nos permiten descifrar lo escrito; leer.

No es cosa simple: se trata de un proceso tan complejo que costó siglos desarrollarlo (es bien conocido el asombro de San Agustín, ya en el año 380, al ver que San Ambrosio podía leer en silencio). Se requieren varios años de escuela para formar un lector elemental; pero ser verdaderos lectores, lectores expertos, capaces de leer de corrido libros completos (“darle el golpe al libro”, dice Gabriel Zaid), y no sólo best sellers facilones, sino libros profundos, es algo que sólo un porcentaje muy pequeño de la población mundial consigue.

Fue gracias a la lectura y la escritura que nuestra civilización pudo desarrollarse. Pero hoy damos un nuevo paso: construimos computadoras, las conectamos en una interred y creamos las redes sociales –FacebookTwitter– y otras herramientas –emailchatblogs, páginas web…– que han cambiado por completo nuestros hábitos socioculturales, de estudio… y de lectura.

En su fascinante libro Superficiales: ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011), el escritor, analista ybloguero  estadounidense Nicholas Carr propuso una tesis fascinante y preocupante –sustentada, entre otras cosas, en la neurobiología, la historia de la lectura y el conocimiento de las tecnologías de la información y comunicación, (o TICs)- : la plasticidad de nuestro cerebro (descubierta recientemente, y que nos ha permitido ser una especie tan adaptable), junto con las características propias de internet (inmediatez, brevedad, superficialidad, caducidad, globalidad, abundancia excesiva) están haciendo que ese logro de siglos de evolución cultural y desarrollo de tecnología educativa, la lectura profunda, se esté perdiendo.

A cambio de adquirir las nuevas habilidades multimedia y multitasking, de prestar atención a decenas de cosas simultáneamente, y de estar informados y comunicados constantemente, es posible que, como civilización, estemos sacrificando la capacidad de concentrarnos largamente en una sola cosa (y no sólo como costumbre, sino a nivel del desarrollo de nuestros cerebros).

En lo personal, como expresé en una interesante discusión que sostuve en mi página de Facebook, el uso de las redes sociales me ha resultado inicialmente difícil, pero luego utilísimo, muy interesante… y muy adictivo. Mi productividad "bruta" ha bajado sensiblemente (causándome muchos problemas), pero la información y contactos potencialmente interesantes a mi alcance crecieron en forma exponencial. Haciendo un balance costo/beneficio, todavía no sé si gano más de lo que pierdo… y probablemente no lo sabré, hasta que pase el tiempo suficiente.

Ya veremos si en 5 o 10 años seguimos usando las redes sociales, como seguimos usando el correo electrónico. Y veremos también si los temores de Carr se cumplieron. Mientras, querido lector o lectora, mientras tuitea a toda hora y siente que el tiempo cada vez le rinde menos, pregúntese: ¿cuándo fue la última vez que leyó un libro completo?

A mi hermano Ramón, por el libro

Copyright del artículo © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en "La Ciencia por Gusto" y reproducido en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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