¡Querida, construí una medusa!

Había una vez un bioingeniero llamado Kevin Kit Parker que quería construir un corazón. No por ambición superflua, sino porque deseaba poder reparar corazones dañados, o sustituirlos por otros diseñados a la medida. Visitando un acuario, vio el grácil nado de una medusa y de pronto pensó: “¡creo que puedo construir eso!”.

Gracias al cultivo de tejidos se habían logrado ya varios avances importantes en la sustitución de órganos: en 2006 Anthony Atala y su equipo, en Carolina del Norte, habían desarrollado vejigas artificiales, cultivadas a partir de células de pacientes sobre moldes biodegradables (la vejiga es un órgano morfológicamente muy sencillo, básicamente un globo), que pudieron trasplantarse para corregir malformaciones congénitas. En 2007 Atala logró generar penes artificiales de conejo para reemplazar a los naturales, y que pudieron funcionar para el coito y la fecundación. Y en 2010 otro equipo, dirigido por Laura Nicklason, en la Universidad de Yale, generó tejido pulmonar que pudo funcionar por unas horas en ratas para sustituir a los pulmones. También, en 2008, investigadores de la Universidad de Minnesota fabricaron un corazón a partir de células en cultivo de rata usando como molde el armazón fibroso de un corazón natural.

Pero la biomimética, campo de estudio de Parker, no busca necesariamente producir órganos idénticos a los biológicos, sino imitarlos usando una combinación de ingeniería, materiales artificiales y tejidos vivos. En 2007 Parker, que trabaja en la Universidad de Harvard, había logrado cultivar capas de células de corazón de rata sobre láminas delgadas de un plástico flexible, que al contraerse lo enrollaban.

Hacer una medusa no es ocioso: puede ser buena práctica para luego construir un corazón: ambos tienen tejido muscular que se contrae sincronizadamente. Colaborando con otros bioingenieros del Tecnológico de California (CalTech), Parker puso manos a la obra. Tomaron como modelo las larvas –llamadas éfiras– de una medusa simple (Aurelia aurita), que tiene ocho brazos formados por una matriz flexible sobre la que crece una capa de músculo, y estudiaron con detalle su anatomía y fisiología. Las señales nerviosas que viajan como una ola desde el centro –junto con unos “marcapasos” en cada brazo– hacen que los brazos se contraigan simétricamente, lo que produce el “latido” rítmico de la medusa, que la empuja hacia delante (y que impulsa también el agua al interior de la boca del animalito).

Luego construyeron una lámina de un silicón elástico (polidimetilsiloxano) en forma de flor con ocho pétalos y la recubrieron con la proteína fibronectina, para adherir células cultivadas de corazón de rata a la parte interior de la estructura.

La células crecieron hasta formar una capa uniforme con fibras musculares muy similares a las que presentan las medusas. Cuando éste “medusoide” de unos cuantos milímetros de diámetro (tamaño similar a las medusas bebé) estuvo listo, lo probaron en un tanque de agua. Haciendo pasar una corriente eléctrica a través del tanque, el medusoide se contraía en forma idéntica a una medusa. Al relajarse el músculo, el silicón recuperaba su forma original. En el video que acompaña su artículo –publicado el 22 de julio de 2012 en la revista Nature Biotechnology– puede verse su sorprendente nado.

¡La ingeniería inversa de Parker le permitió, en sus propias palabras, “desarmar una rata y volverla a armar en forma de medusa”! Como demostración del concepto fue un éxito: ahora tratarán de hacer un medusoide con células de corazón humanas, en el camino a intentar construir un corazón biomimético. Mientras tanto, piensan hacer medusoides que puedan dirigir su nado hacia la luz, y quizá intentar un “pulpoide”. El medusoide podrá servir también para probar fármacos para el corazón y medir su efecto en la capacidad de contracción del tejido muscular.

No sé a usted, pero a mí los avances científico–técnicos como éste me llenan siempre de un asombro gozoso. Ya veremos qué nos presentan en unos años.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

Social Profiles

logonegrolibros

  • Adentro y afuera
    Escrito por
    Adentro y afuera Una semanita en París. Aprovecho para revisitar los lugares proustianos. El pueblo de Illiers (hoy también, Combray, como en la novela) me recuerda a un modesto barrio de Buenos Aires, Villa del Parque, Proust iba…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • De lo bueno, ¿poco?
    De lo bueno, ¿poco? “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, sentenció el jesuita español Baltasar Gracián en su Arte de la prudencia, publicado en 1647. El consejo pasó a la sabiduría popular en la frase “de lo bueno,…
  • La historia de un perdedor
    Escrito por
    La historia de un perdedor "... esas andanzas medió enigmáticas de Cervantes, esas huidas imprevistas, tantas vaguedades, zozobras, cautiverios, vienen a trazar como la síntesis biográfica de un perdedor, de un hombre de azarosos lances, casi de un aventurero que,…

Cartelera

Cine clásico

  • John Dall, un intérprete encasillado
    Escrito por
    John Dall, un intérprete encasillado Muy frecuentemente los actores hacen cualquier cosa por obtener un papel que quieren, y John Dall no es una excepción. Cuando supo que Alfred Hitchcock estaba por rodar «La soga» estudió el personaje de Brandon…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • "1984" (1949), de George Orwell
    "1984" (1949), de George Orwell Mientras que la ciencia ficción norteamericana apostó en la primera mitad del siglo XX por un tono optimista, orientado hacia el espacio y con vocación escapista (entiéndase esto no como algo necesariamente peyorativo), en Europa…

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • Victor Herbert, un inventor del glamour
    Escrito por
    Victor Herbert, un inventor del glamour El escritor argentino Manuel Puig decía que el glamour de Hollywood provenía de la Europa Central anterior a la guerra de 1914 y que bastaba con comprobarlo viendo la iluminación nocturna de Budapest. Podría agregarse…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC