Placebos y malentendidos

Placebos y malentendidos Imagen superior: Patrik Nygren, CC

No es nuevo que las ideas, teorías y hasta el lenguaje de la ciencia sean secuestrados por místicos, charlatanes y otros los promotores del pensamiento mágico para tratar de dar un poco de lustre a sus deshilvanadas narrativas de merolico. Basta pensar en “curaciones cuánticas” o “energías positivas” para constatarlo. 

Un término usado en ciencia médica que se presta especialmente a confusión –y provecho de tramposos– es “efecto placebo”. 

Un placebo (del griego latín “yo complazco”) es, por definición, una sustancia que carece de actividad específica para un mal concreto. Hay quien lo define como un “tratamiento simulado o médicamente ineficaz para un padecimiento que tiene la intención de engañar al paciente”. En efecto: a pesar de no tener efecto terapéutico, los placebos son tremendamente útiles en investigación médica y farmacéutica, pues permiten realizar los llamados estudios de “doble ciego” para averiguar si un fármaco o tratamiento médico realmente funcionan. 

Para ello, se toman dos grupos de pacientes con las mismas características. A uno de ellos se le administra el tratamiento a probar; al otro –el grupo de control– se le da sólo un placebo (pastillas de azúcar o almidón, por ejemplo, idénticas a las que contienen el fármaco, o en el caso de tratamientos, una manipulación idéntica pero inocua; se llegan a hacer “cirugías placebo”, con incisiones pero sin operación real, o bien, para contrastar, por ejemplo, la supuesta efectividad de la acupuntura, se usan agujas especiales con resorte, que no penetran la piel). Si el medicamento no tiene un efecto estadísticamente superior al placebo, es inservible. 

Para evitar que el paciente perciba, así sea inconscientemente, si está recibiendo el tratamiento real o el placebo, ni él ni el médico que lo trata deben saberlo (de ahí lo de doble ciego). Esto se debe a que aun los pacientes que reciben placebo parecen presentar alguna respuesta, llamada precisamente “efecto placebo”. El doctor Steven Novella, médico norteamericano destacado por promover el pensamiento crítico y la medicina basada en evidencia, lo define como el “efecto de un tratamiento medido en el grupo de control de un estudio clínico”. 

Y ahí empiezan los problemas, porque muchos creen que se trata de una especie de efecto mágico, una curación inexplicable debida al “poder de la mente sobre la materia”. Incluso hay quien llega al extremo de proponer el uso de placebos en la medicina institucional, por su bajo costo (sin embargo, además de inútil, la comunidad médica está de acuerdo en que esto sería antiético, pues se estaría administrando un remedio inservible.) 

En realidad, como explica Novella, lo que llamamos “efecto placebo” es normalmente ilusorio: errores de observación, sesgos en la toma de datos debidos a las expectativas de médicos y pacientes, efectos no específicos (como que el paciente sea más cuidadoso sólo por estar en tratamiento) y sólo en un porcentaje muy pequeño de casos, efectos fisiológicos reales. Éstos últimos se deben a cambios en las hormonas o neurotransmisores que pueden producir relajación e influir así en síntomas como dolor, presión arterial, etcétera. 

En conclusión, los placebos no tienen nada de misterioso, y sus efectos son casi siempre ficticios. Al mismo tiempo, son una herramienta fundamental de la investigación médica, pues sirven, precisamente, para distinguir la medicina efectiva de la simple venta de ilusiones.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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