Parásitos manipuladores

Parásitos manipuladores Imagen superior: Hormiga parasitada por hongo Cordyceps. Nótese el tallo lleno de esporas (David P. Hughes, Maj-Britt Pontoppidan - PlosOne)

No, no me refiero a los políticos y funcionarios mexicanos (aunque ganas no me faltarían… pero éste es un espacio dedicado a la ciencia). Lo que pasa es que un post en el magistral blog del escritor científico Carl ZimmerThe loom (auspiciado por la revista de divulgación científica Discover), me hizo recordar –y ampliar mi conocimiento– sobre las inquietantes maneras en que los parásitos pueden llegar a manipular el comportamiento de los animales a los que infectan. 

Es bien conocido el caso del protozoario Dicrocoelium dendriticum, o duela menor del hígado, que para infectar a rumiantes como vacas y ovejas (en ellas, igual que en el humano, se aloja en dicho órgano) pasa primero por un hospedador intermedio (el segundo, en realidad, pues antes invade al caracol Cochlicopa lubrica), las hormigas de la especie Formica fusca. Pero las vacas no comen hormigas: lo que hace Dicrocoelium es invadir el sistema nervioso de la hormiga y convertirla en un “zombi” que por las tardes, cuando baja el calor y los rumiantes se alimentan, sube hasta la punta de las hierbas y se queda quieta ahí, lista para ser devorada y pasar el parásito a su siguiente víctima.

Suena escalofriante, pero el caso no es único: Zimmer describe cómo un hongo del género Cordyceps infecta hormigas y las hace subir a plantas de mediana altura, donde se sujetan firmemente, con sus mandíbulas, a la parte inferior de las hojas. El hongo luego perfora por dentro el exoesqueleto de la hormiga para formar un órgano de reproducción lleno de esporas (que literalmente sale a través de la cabeza de la hormiga). Así, las esporas pueden caer sobre otros insectos e infectarlos a su vez. 

Pero lo increíble es que incluso los virus, esas unidades mínimas de la reproducción, en el límite de lo vivo y lo inanimado, pueden también manipular animales. El virus de la rabia es un ejemplo bien conocido: convierte a un animal doméstico y juguetón como el perro en una furiosa máquina que busca desesperadamente infectar a otros animales mediante su mordida, que transmite el virus en su saliva. 

Pero hay casos más sutiles: los baculovirus, que infectan a invertebrados (como los insectos). Zimmer narra cómo pueden obligar a una oruga a trepar a lo alto de una planta y quedar ahí, colgando. Luego el virus se reproduce en cantidades inmensas y termina disolviendo a la oruga, diseminándose así sobre las hojas de otras plantas para infectar a nuevas orugas.

Naturalmente, no es que los virus, protozoarios u hongos manipulen conscientemente a sus víctimas, como titiriteros malévolos. Lo novedoso es que ahora se comienzan a entender los mecanismos con que lo logran. El hongo Cordyceps, por ejemplo, al parecer paraliza los músculos de las mandíbulas de la hormiga luego de que ésta se fija a la hoja, para impedir que la suelte. Los baculovirus, por su parte, tienen un gen que produce una enzima que hace que la oruga busque la luz.
La selección natural, nuevamente, muestra que lo que desde nuestro punto de vista puede sonar monstruoso, en el mundo biológico es sólo una estrategia más (en esta ocasión, de los parásitos) para sobrevivir.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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