La dama de los microbios

El martes 22 de noviembre de 2011 falleció la famosa bióloga Lynn Margulis, a quien muchos admirábamos, a los 73 años, debido a un derrame cerebral. 

La primera vez que oí hablar de ella fue en uno de los extraordinarios cursos que el biólogo mexicano Antonio Lazcano impartía, en esa ocasión en el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, a finales de los ochenta. Nos platicó de su teoría –que en se momento me pareció descabellada, inaudita– de que varios de los organelos que forman parte de las células eucariontes (con núcleo, como las humanas), como los cloroplastos y las mitocondrias, provenían de bacterias que entraron a otra célula y se quedaron a vivir dentro de ella.

También me impresionó saber que había sido la primera esposa del astrónomo y divulgador científico  Carl Sagan, a quien los entusiastas de la ciencia de mi generación admirábamos por su célebre serie televisiva Cosmos

En realidad la idea de la aparición de células con núcleo a partir de la unión de varias células sin núcleo procariontes–, por un proceso de endosimbiosis seriada (recordemos que la simbiosis es la convivencia entre dos organismos distintos que dependen estrechamente uno del otro) la había publicado en 1967; se confirmó unos 15 años después gracias a los nuevos métodos moleculares. Pero tardó todavía varios años en lograr consenso y llegar a los libros de texto de biología. 

Hoy este proceso, que Margulis posteriormente llamó “simbiogénesis”, es considerado una de las revoluciones más grandes que ha sufrido la biología evolutiva. En cierta forma, significa que los cuatro reinos de organismos eucariontes –plantas, animales, hongos y protozoarios (que ella renombró como “protoctistas”)– son derivados, por simbiosis, del reino de los procariontes, es decir, bacterias (la clasificación de los seres vivos en cinco reinos, por cierto, fue también defendida y popularizada por Margulis, otra revolución suya que llegó a los libros de texto). 

Margulis argüía también que la simbiosis era una fuerza evolutiva mucho más central que la selección natural, por lo que se describía como “darwinista, pero no neo–darwinista”; actualmente la comunidad biológica continúa dividida en cuanto al papel central o no de la selección natural, como propuso Darwin, frente a otras fuerzas evolutivas… pero esa es otra historia. 

Lynn Margulis también colaboró con el químico inglés James Lovelock en el desarrollo de la hipótesis de Gaia: la idea de que la biósfera entera es un sistema complejo y autorregulado que se comporta como un organismo vivo (concepto que desgraciadamente ha sido adoptado y desprestigiado por sectas esotéricas que creen literalmente en la “madre Tierra” como un ente vivo). También trabajó afanosamente para ampliar el estudio, clasificación y comprensión del reino protoctista, donde se encuentran los eucariontes unicelulares que conocemos como “protozoarios”. 

Como científica, fue siempre polémica. Quizá demasiado: llegó a defender obstinadamente ideas para las que nunca hubo evidencia sólida, como la de que el flagelo de los espermatozoides –o undulipodio, como hoy se le llama, gracias también a ella– era derivado de una simbiosis con una bacteria del tipo de las espiroquetas, similar a la que causa la sífilis (llegó a decir que la idea era rechazada porque los hombres no podíamos aceptar que nuestros gametos fueran descendientes de una bacteria patógena) o más recientemente la de que las orugas y las mariposas habían evolucionado separadamente, para luego unirse evolutivamente por “hibridogénesis”. Rechazó la disciplina bien establecida de la genética de poblaciones, que da fundamento matemático al estudio de la evolución biológica. A veces daba la impresión de creer que, sólo por ser polémicas, sus ideas tenían que ser correctas. Pagó un precio por esa forma de ser: en los últimos años, sus proyectos de investigación recibieron muy escaso apoyo económico, hecho del que se quejó amargamente. 

Sin duda el punto más bajo de su carrera fue cuando abrazó el negacionismo del sidaafirmando que este síndrome no era causado por un virus, sino que era simplemente… ¡sífilis
Aun así, Lynn Margulis es reconocida, por sus grandes logros y su pensamiento audaz, como una de las biólogas evolutivas más importantes de las últimas décadas. Como acertadamente dijo la tuitera @LouiseJJohnson: “La ciencia no se trata sólo de tener razón, sino también de equivocarse de maneras nuevas e interesantes. Margulis hizo ambas cosas. La extrañaremos”.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

Social Profiles

logonegrolibros

  • El pescador Urashima
    Escrito por
    El pescador Urashima Imagen superior: Edmund Dulac (1882-1953) Había una vez un joven pescador llamado Urashima que se paseaba junto al mar. De pronto oyó los gritos de unos chiquillos. – Venga, corre, súbete tú también. – ¡Dale fuerte! –gritaba…
  • La poesía de Leopoldo Castilla
    Escrito por
    La poesía de Leopoldo Castilla Una rápida ojeada a la obra de este poeta salteño recoge la difícil síntesis que produce el encuentro de Rilke y Vallejo. Del primero palpita el ánima exaltado al descubrir que el mundo está lleno…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • Mark Schultz: arte y fantasía pulp
    Escrito por
    Mark Schultz: arte y fantasía pulp Las tentaciones más inmediatas de un lector que se acerque a la obra de Schultz son dos: una, la de identificarle exclusivamente con su creación más famosa, Xenozoic Tales. La otra es la de verle…

Cartelera

Cine clásico

  • "La ley del silencio" (Elia Kazan, 1954)
    Escrito por
    "La ley del silencio" (Elia Kazan, 1954) Palomas. Blancas, grises, moteadas. Palomas enjauladas. Palomas libres. Palomas que picotean la mano. Palomas que buscan comida en el asfalto. Palomas mimadas, palomas perseguidas. Palomas oscuras. Palomas transparentes, palomas hambrientas. Palomas en un poema de…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • "Une petite cantate", de Barbara
    Escrito por
    "Une petite cantate", de Barbara El primer disco que grabó Barbara se llamaba Barbara à L'Écluse (Pathé Marconi / La voix de son maître, 1959). L'Écluse era el pequeño club donde cantaba desde 1958. En 1961 empezó  a acompañarla al…
  • Reinecke, la serenidad
    Escrito por
    Reinecke, la serenidad Un par de augurios recibió en su juventud Carl Reinecke que, podemos imaginarlo, apuntalaron su biografía de compositor. Uno fue Mendelssohn, quien revisó, benevolente, sus pinitos para piano de adolescencia. Otro fue Schumann, encantado con…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

  • Nuestros antípodas extintos
    Escrito por
    Nuestros antípodas extintos Antes de llegar al País de las Maravillas, mientras caía a través del hoyo del conejo, Alicia comenzó a imaginarse lo que sucedería si atravesara la Tierra y apareciera en el otro lado del planeta.…

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC