La ciencia en la escuela

La ciencia en la escuela Imagen superior: Intel Free Press, Isabelle Saldana, CC

Todos los seres vivos heredan a sus descendientes sus características genéticas. Si les han sido útiles para sobrevivir, su progenie tendrá, a su vez, mayores oportunidades de subsistir y reproducirse. Así, la evolución selecciona las características más útiles para perdurar y adaptarse al ambiente.

Pero más allá de la información genética, algunas especies de animales cuentan con una nueva manera de transmitir información a generaciones futuras: la herencia cultural. Mediante ella se transmiten ideas, conocimiento, y depende fundamentalmente de la capacidad de aprendizaje.

Algunos mamíferos aprenden de sus congéneres al imitar sus comportamientos. Hay especies de simios, como los chimpancés, que van más allá y se comunican mediante lenguajes rudimentarios, compuestos de gestos y sonidos.

Otro simio, el Homo sapiens, ha desarrollado la capacidad de transmitir información, mediante un lenguaje muy complejo, a un grado que lo distingue de cualquier otra especie. Los humanos, desde que nacemos, comenzamos a aprender. Inicialmente el lenguaje mismo, que los niños adquieren en sus primeros años. Una vez que el niño domina el lenguaje hablado, su capacidad de aprender se multiplica enormemente. Se vuelve capaz de adquirir, en pocos años, una parte importante del inmenso caudal de la cultura humana.

Como culminación de este proceso, las sociedades modernas inventaron la escuela, donde los miembros jóvenes de la especie asimilan una cantidad de conocimiento inconcebible para otras especies, que no podría adquirirse sólo por medio de la experiencia.

De modo muy real, la educación escolar es uno de los factores que permiten la supervivencia de la especie humana. Nuestra herencia cultural, tanto o más que la genética, ha permitido que el ser humano se adapte admirablemente a casi todos los ambientes del planeta (a veces con un éxito excesivo, por el daño que les ha causado).

En cada país, la educación escolar incluye el conocimiento que, a lo largo de su historia, ha llegado a ser considerado indispensable para el desarrollo del ciudadano. En México incluye, como parte imprescindible, una formación en temas científicos, pues se ha demostrado que la cultura científica es útil para formar ciudadanos racionales, críticos y capaces de resolver problemas eficazmente. Al mismo tiempo, la educación pública en nuestro país es laica: excluye los puntos de vista religiosos, que pertenecen al ámbito de lo privado.

Hay buenas razones, históricas y sociales, que justifican estas decisiones. Cuando se discute la pertinencia de incluir la moral religiosa en temas de educación sexual escolar —sustituyendo, por ejemplo, la información sobre el uso del condón por ideas sobre las ventajas de la abstinencia—, conviene recordar que, más que dogmas, lo que conviene que los jóvenes aprendan es el conocimiento que les permita sobrevivir mejor.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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