El problema educativo

El problema educativo Imagen superior: Jean-Pierre Dalbéra, CC

Vengo de una familia de maestros. Quizá en parte debido a eso, siempre he pensado que el principal problema de México es la educación. O, mejor dicho, que la educación es el primer paso para solucionar todos nuestros problemas.

Por eso, y pese a todas las complicaciones, defectos, sesgos y hasta injusticias que trae aparejadas, me parece que la reforma educativa es una medida necesaria, urgente. De una manera u otra, tendremos que lograr que redunde en una mejora del nivel educativo del país.

Una nación donde el nivel educativo de los alumnos de todos los ciclos (básico, medio, avanzado) está en crisis; donde la profesión de maestro se ha devaluado de manera vergonzosa, donde los sueldos y las condiciones de trabajo de los docentes son lamentables, y donde los programas de estudio se renuevan cada sexenio sin que haya un plan a largo plazo para formar mexicanos con la preparación adecuada para ser buenos ciudadanos del siglo XXI, no va a dejar de ser un país tercermundista.

El 31 de mayo de 2016, en el suplemento que Milenio ofrece a sus lectores con contenido del diario español El Mundo, apareció un reportaje muy provocador. Titulado “¿Son los exámenes de ahora más fáciles que los de antes?” y firmado por Olga R. Sanmartín, reporta una investigación periodística para averiguar si los contenidos escolares en España, y los exámenes nacionales que se aplican para evaluar el aprendizaje, han ido bajando de nivel: si se han vuelto, en efecto, “más fáciles”.

Sanmartín, a través de entrevistas a profesores y expertos en educación, reporta varios hechos significativos. En primer lugar, que sí parece haber un descenso en el nivel de dificultad y la cantidad del contenido que se enseña, desde primaria hasta cursos universitarios.

En los exámenes de física que forman parte de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), por ejemplo, halla que “se ha rebajado el nivel de exigencia”. Lo cual suena preocupante. Pero, por otro lado, también que la educación, desde los años 60 hasta ahora, se ha ido concentrando menos en la memorización de contenidos, y más en el desarrollo de habilidades, que no parece mala idea.

El fenómeno es global, y nuestro país no es la excepción. El problema es que evaluar la calidad en educación es extremadamente complicado: depende demasiado de cómo se la defina, y la definición cambia, necesariamente, con los tiempos.

Si bien los estudiantes que llegan a las universidades parecen tener hoy menor dominio de habilidades básicas necesarias para un profesionista, en especial en matemáticas y en el manejo del lenguaje, vienen mucho mejor preparados para usar las tecnologías de la información y la comunicación.

Por otra parte, como explica un especialista, el número de estudiantes en España ha aumentado notoriamente. Antes sólo accedía a la educación, sobre todo la superior, una minoría selecta: “sólo unos pocos podían acceder a ella. El nuevo modelo busca integrar a todos y quizá es más difícil mantener esa excelencia que antes disfrutaba una minoría reducida".

¿Educación de alto nivel, o educación para todos? Ese parecería ser el dilema, en España, en México y en muchos otros lugares.

Y ni hablar de los contenidos de ciencia, que en nuestro país se concentran en aportar conocimientos y descuidan formar en los alumnos una cultura científica que les permita entender cómo la ciencia genera conocimiento, por qué lo consideramos válido y cómo se aplica el pensamiento científico –que no es otra cosa que pensamiento crítico– a otros campos de la vida ciudadana. El auge de charlatanes y embaucadores que venden como “ciencia” cualquier cantidad de ideas sin sustento o productos inútiles o peligrosos es una consecuencia de esta carencia de formación en ciencia.

Ojalá en nuestro país, además de resolver los problemas estructurales urgentes de la educación, pudiéramos además tener tiempo de discutir como sociedad cómo hallar un balance aceptable para lograr que los programas de estudio de escuelas y universidades tuvieran cada vez mejor, no peor, calidad.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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