Negacionismo

Hace unos días me atreví a publicar en Facebook una brevísima reflexión: “Hay gente para la que la ideología importa más que los hechos, por lo que si no coinciden con ésta deben «corregirse» o de plano negarse. Y hay gente para la que no. Una persona con verdadero pensamiento lógico y crítico debería pertenecer a la segunda clase.”

Ya se imaginará usted la andanada de airadas respuestas que recibí.

El filósofo de la biología Massimo Pigliucci, de la City University de Nueva York, un muy lúcido pensador sobre las seudociencias –en particular el creacionismo– y el pensamiento humanista (sus colaboraciones en su recién expirado blog Rationally Speaking, que sigue disponible, eran siempre interesantes y disfrutables), publicó en su nueva “revista web” (webzineScientia Salon un interesantísimo texto donde resume sus experiencias en una reunión internacional sobre negacionismo (titulada “Manufactuing denial”) llevada a cabo en la Clark University, en Massachusetts, Estados Unidos.

Para Pigliucci, el negacionismo (denialism) es “el desprecio consciente de la evidencia factual por parte de grupos o individuos motivados ideológicamente” (él mismo señala que el Diccionario Oxford lo define como “la resistencia a admitir la veracidad de un concepto o proposición sustentada por la mayor parte de la evidencia científica o histórica”).

El negacionismo es un problema grave: existen grandes grupos negacionistas que afirman que el SIDA no es causado por un virus, sino por drogas; que niegan la realidad del cambio climático causado por la actividad humana, o de la evolución por selección natural; que rechazan la eficacia de las vacunas, o la existencia de ciertas epidemias; que rebaten que el ser humano haya llegado a la Luna, o que haya ocurrido el Holocausto judío. En todos los casos, se trata de una resistencia a la evidencia que parte, precisamente, de una postura ideológica. Son ideas peligrosas o inaceptables. Y en todos los casos, hay gente –mucha– que las cree con vehemencia.

En la reunión, narra Pigliucci, se analizó el negacionismo como fenómeno general, y se exploraron sus distintas ramificaciones: mediáticas, políticas, sociales, éticas… Se llegó también a ciertas conclusiones, como que “la gran variedad de negacionismos tienen en común una muy fuerte, arrolladora, convicción ideológica [religiosa, étnica, política…] que ayuda a definir en forma central la identidad del negacionista”. Esta convicción “genera un fuerte apego emocional, así como un igualmente fuerte contraataque emocional hacia sus críticos”.

Esto causa que tratar de discutir racionalmente y de convencer con argumentos basados en evidencia a los negacionistas sea, básicamente, inútil (aunque puede servir para convencer a los indecisos). Aun así, concluye Pigliucci, es un deber de todo académico e intelectual combatir este dañino fenómeno, “para tratar de que el mundo sea al menos un poquito mejor para todos”.

No digo que las discusiones políticas en nuestro país sean así. Pero sí creo que la capacidad de distinguir entre posturas ideológicas (que pueden ser válidas o no, y en todo caso tienen un fuerte componente subjetivo) y hechos confirmados (que deberíamos ser capaces de reconocer aunque vayan en contra de nuestra ideología) ayudaría a relajar mucho la tensión, a alcanzar a acuerdos y actuar para mejorar las cosas… para todos.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

 Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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