¿Darwin, equivocado?

Un lector amable pero acucioso se preocupa porque, leyendo lo que varios divulgadores hemos publicado sobre el pensamiento y la obra de Charles Darwin, y comparándolo con lo que él dice en sus obras El origen de las especies El origen del hombre, encuentra discrepancias.

Le angustia que diversos pasajes de Darwin parecen expresar la superioridad del ser humano respecto a los demás seres vivos, y su descendencia a partir del mono (lo cual es erróneo: hombre y mono descienden de un mismo ancestro, no uno del otro, y las especies pueden estar mejor o peor adaptadas a su ambiente, pero no puede hablarse de superioridad en términos absolutos).

Aunque Darwin no dijo eso, sí escribió cosas que hoy sabemos erróneas. En parte porque en sucesivas ediciones incorporó cambios como concesión a las críticas de pensadores religiosos, cambios que confundieron en algunos conceptos.

Por otro lado, en los 150 años desde que se publicó El origen, el conocimiento avanzó mucho. No se conocía el mecanismo de la herencia, clave en su teoría de la evolución por selección natural. A falta de algo mejor, él propuso una hipótesis (la pangénesis) para explicarla; se equivocó. El mecanismo correcto —los genes— fue descubierto por el monje Gregor Mendel casi en la misma época en que Darwin publicó su libro, pero fue olvidado y no fue redescubierto sino hasta 1900.

La genética se incorporó a la teoría darwiniana para dar origen a la genética de poblaciones, y la modernización de la teoría evolutiva continuó en los años 30 y 40 hasta la actual “síntesis moderna” o teoría sintética de la evolución.

No debe sorprender hallar en los textos de Darwin ideas que suenan erróneas: como cualquier teoría científica, la suya se ha corregido, refinado y profundizado. Si Darwin leyera un libro moderno de biología evolutiva, quedaría sorprendido pero no se molestaría: estaría feliz de ver que, lejos de tomarse como dogma inamovible, sus ideas han sido parte del proceso evolutivo que da a la ciencia su poder no de encontrar verdades absolutas, sino de generar teorías en constante cambio que buscan describir de la mejor manera posible el mundo natural.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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