Contacto

El 11 de julio de 1997 se estrenó Contacto, la película de ciencia ficción basada en la novela del mismo nombre escrita por el nunca suficientemente llorado Carl Sagan, y con guión de él mismo y su esposa (y ahora viuda) Ann Druyan.

Yo había leído la novela tiempo atrás, por lo que, aunque no recuerdo todos los detalles, sí noté algunos de los cambios que se hicieron al adaptarla para el cine. La novela es más rica, pero la película no desvirtuó la historia. Lo que pensé al leer el libro, y que luego confirmé al ver la película, es que Sagan lograba transmitir en todas sus obras su gran amor por la ciencia y su asombro constante ante sus logros.

Recordemos que, además de ésta (hasta donde yo sé), su única incursión en la ciencia ficción, Sagan escribió una cantidad de ensayos de divulgación de la ciencia, recopilados en varios excelentes libros (Los dragones del edén recibió el premio Pulitzer), además de realizar la maravillosa serie de televisión Cosmos. Su último libro, La ciencia y sus demonios (Planeta, 1997) es una apasionada defensa de la ciencia y su método ante los ataques del oscurantismo que resurge en estos tiempos.

La idea fundamental de Contacto no es nueva: ¿qué pasaría si tuviéramos, por fin, alguna señal inequívoca de que existen otros seres inteligentes en el universo? Y es más, ¿si supiéramos que están tratando de comunicarse con nosotros? Nada nuevo, como se ve. De hecho, hay escenas y situaciones que remiten a varios clásicos del género (la escena del viaje espacial, en particular, es un hermoso tributo a 2001: Odisea espacial, de Clarke / Kubrick, y la maravillosa secuencia inicial de la cinta es un homenaje a los famosos créditos iniciales de Cosmos).

Pero lo que es único en Contacto es la manera en que Sagan presenta el tema en una forma que, sin dejar de ser interesante (y hasta apasionante), no cae en los lugares comunes de darle al público lo que quiere ver sólo para obtener éxito comercial. Los conceptos científicos que se presentan son sólidos.

Las implicaciones extracientíficas de la comunicación con seres extraterrestres también son encaradas en forma interesante, realista y profunda: los conflictos entre políticos y científicos, las luchas por el poder y, sobre todo, las diferencias y disputas entre la fe religiosa y el afán científico de hallar explicaciones.

Hay también (claro), una historia de amor, pero Sagan supo combinarla con los temas más profundos de la trama para convertir el clásico encuentro entre la mujer dedicada a su trabajo y alejada de todo contacto sentimental (e, irónicamente, buscando el contacto con seres de otros mundos) en una oportunidad para discutir las verdaderas diferencias y las semejanzas profundas que hay entre ciencia y religión. En esto es fácil caer en lugares comunes. Sagan, sin embargo, toca el punto fundamental: en el fondo, ambas empresas son una búsqueda de sentido para el universo que habitamos.

En caso de que aún no la haya visto, quiero recomendar a lector que, si disfruta de la buena ciencia ficción, vea esta película: es emocionante, interesante, profunda. Desde la época de su estreno, me sorprendo de cuánto les agrada a tantos de mis conocidos, provenientes de los campos más dispares. Algo tendrá, para gustar tanto. Y algo, definitivamente, tenía Carl Sagan. Tal vez ese algo era su capacidad para transmitirnos no sólo el interés, sino también la importancia y la belleza de la ciencia.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en Humanidades, periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Warner Bros., South Side Amusement Company. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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