Un momento cinematográfico

El cine, y también la novela, seleccionan ciertos hechos de la vida real porque le resultan especialmente interesantes o vistosos. La novela lleva haciéndolo desde hace siglos y el cine desde hace más de cien años. Muchos de estos momentos de la vida se han repetido tantas veces en el cine que acaban recordando no a la vida, sino a otra película.

No hay problema porque veamos a alguien caminando por la calle porque este acto es tan común que no nos llama demasiado la atención. Sin embargo, si un personaje camina por un tejado nos recordará a Cary Grant o a Grace Kelly en Atrapa a un ladrón, o quizá a James Stewart en Vértigo.

La sencilla explicación es que es frecuente ver a alguien caminando por la calle, pero no tanto caminando por los tejados, así que el primer recuerdo asociativo que nuestra mente nos ofrece no es aquel señor que un día vimos instalando la antena en el piso de enfrente, sino a cualquiera de los personajes que hemos visto en el cine (y hemos visto muchos sin duda), caminando por los tejados.

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Lo mismo sucede con todo lo que tenga que ver con pistolas, asesinatos o muertos, porque nuestra experiencia en tales asuntos suele ser muy modesta, a no ser que pertenezcamos a alguna mafia o trabajemos en una funeraria.

La manera en la que el cine se apodera de fragmentos de realidad a veces lleva a la paradoja de que la propia vida nos parece parte de una película, como en aquella anécdota del guionista William Goldman que cité en Las paradojas del guionista. Goldman viajaba en un coche con el director canadiense Norman Jewison:

"Jewison dijo: «Me pregunto qué tiempo hará mañana». Y según lo decía, puso la radio y en el instante en el que dijo la palabra mañana, una voz en la radio replicó: «Se esperan para mañana fuertes lluvias, torrenciales incluso, etc...». En otras palabras, si hubiéramos cerrado los ojos y escuchado, casi no habríamos notado pausa entre ambas frases. Jewison y yo nos miramos y dijimos a la vez: «Un momento cinematográfico»".

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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