Un mito político

Un mito político Imagen superior: “La Academia de Platón”, por Carl Johan Wahlbom

En Una mentira noble me referí al mito que Sócrates propone contar a los hombres que nazcan en su república ideal: que han nacido de la tierra misma y que por ello deben defenderla hasta la muerte, pues es su propia madre. Es una manera de fomentar el patriotismo quizá innecesaria, pues es fácil constatar que pocas cosas se dan con tanta naturalidad y espontaneidad como el sentimiento patriótico.

No parece necesario crear un elaborado mito para que las personas sean patrióticas o nacionalistas, sino que más bien, hay que hacer un tremendo esfuerzo cultural a lo largo no ya de años, sino de siglos, para que los seres humanos se vayan haciendo menos locales y más universales desde el punto de vista moral. Muchos, incluso casi todos los llamados “traidores a la patria”, actúan movidos por ese amor casi fanático a la patria, que solo puede ser sustituido de manera fácil por un amor no menos fanático a la raza, a los dioses o a la ideología.

En realidad, el mito que nos propone Sócrates no tiene el propósito de fomentar el patriotismo o el amor a la madre tierra, sino lograr la obediencia a las leyes de esa República ideal que quiere crear. Conseguir que los ciudadanos no cuestionen los preceptos, la ordenación social, esa división en tres clases (guardianes, auxiliares y pueblo) o las diversas disposiciones que Sócrates quiere establecer en su utopía.

Antes de continuar, se debe recordar que cuando escribo "Sócrates” me estoy refiriendo al Sócrates que habla en el interior de los diálogos de Platón y que, al menos en el caso de La República, sin duda tiene poco que ver con el pensamiento de Sócrates y mucho que ver con el de Platón. Parece haber pocas dudas de que el Sócrates que caminó por Atenas charlando con decenas de amigos, pertenecientes a todas las escuelas filosóficas, era más bien un demócrata crítico, pero un demócrata, tal como se muestra en los diálogos tempranos de Platón, en especial en el Critón, aunque la cuestión está lejos de haber quedado resuelta, pues el juicio a Sócrates fue por negar a los dioses de la ciudad y atentar contra los principios democráticos. En cualquier caso, la utopía que Sócrates propone a Glaucón en La República, parece claramente una invención del hermano de Glaucón, es decir, de Platón.

Regresemos al mito que Sócrates propone para educar a los ciudadanos, porque no consiste solo en decirles que han sido criados en las entrañas de la madre tierra, como los spartoi de Cadmo, sino que incluye otra fábula, que servirá para justificar la división social de esa República utópica:

“Vosotros, todos cuantos habitáis en el Estado, sois hermanos. Pero el dios que os modeló puso oro en la mezcla con que se generaron cuantos de vosotros son capaces de gobernar, por lo cual son los que más valen; plata, en cambio, en la de los guardias, y hierro y bronce en las de los labradores y demás artesanos”.

 El mito, como se ve, sirve para justificar que haya tres clases sociales, una de oro (los arcontes o guardianes), una de plata (los auxiliares o militares y ‘funcionarios’) y una de bronce (el resto de la población). Sin embargo, enseguida veremos que esas tres clases de oro, plata y bronce no están establecidas completamente por la genética, que lo de Platón es, por supuesto, clasismo, pero no racismo estricto. Y todavía, de todos modos, quedará el problema de cómo convencer a los ciudadanos para que crean a pies juntillas en estos mitos.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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