Semblanza de Enrique José Varona

Enrique José Varona (Camagüey, 13 de abril de 1849 - La Habana, 19 noviembre de 1933) es un filósofo y pedagogo cubano al que no creo que nadie conozca, excepto en las escuelas de filosofía de Cuba. Yo lo encontré por pura casualidad en una de mis búsquedas azarosas en la base de datos de la Biblioteca Nacional.

Alguien decía que a Varona se le podía aplicar aquello que decía Landsberg: “Los grandes pensadores han tenido que ser discípulos de sí mismos”. Creo que es cierto, porque al leer los argumentos de Varona se advierte enseguida un pensamiento propio, que no consiste en la imitación sin más de las opiniones del momento, ya sean las aceptadas o las supuestamente revolucionarias y originales.

En alemán se llama selbstdenker al pensador que piensa para sí mismo, por el placer mismo de pensar, y eso mismo se le puede aplicar a Varona. Cuando uno piensa para sí mismo, cuando disfruta buscando la solución o la respuesta correcta a un problema, no se preocupa si tiene que tirar sus prejuicios a un lado y cambiar de opinión.

Varona decía: “Respeta tu pensamiento; no lo prostituyas; no te hagas traición a ti mismo”. Se refería no ya a mantenerse fiel a una idea o ideas concretas, sino más bien a ser siempre capaz de seguir pensando y dudando de todo. Un biógrafo le ha llamado “filósofo del escepticismo creador”. Su lema era el de Buffon: “Recojamos hechos para adquirir ideas”.

Algunos ejemplos del pensamiento libre de Varona: estaba a favor de la teoría evolutiva de Darwin en un momento en el que esa teoría no era aceptada como lo es hoy (a principios del siglo XX el darwinismo sufrió un eclipse de unos 15 años y llegó a considerase refutado). Sin embargo, y esto es verdaderamente meritorio, al contrario que la mayoría de los partidarios del darwinismo, Varona rechazaba aplicar a la sociedad la teoría darwinista y en especial todo lo relativo a la supervivencia del más fuerte o del más apto. Hoy en día, hay muchos que parecen querer volver a esos planteamientos interpretando de manera extrema teorías como la del gen egoísta de Dawkins.

Varona también era pacifista y de tendencias más o menos socialistas, pero advirtió, antes de las revoluciones rusas de 1917, de los peligros del comunismo y de la posibilidad de una dictadura comunista. También era feminista, lo que ya le hace casi único entre sus contemporáneos, con la excepción de Bertrand Russell y alguno más. Además, tiene un montón de estupendos argumentos contra la pedantería filosófica:

“No es que se vaya a escribir para todo el mundo, porque no existe la lengua de todo el mundo, pero si debe desterrarse la pedantería filosófica. En Alemania, hasta el aprendiz de filósofo se inventa un vocabulario incomprensible, y aún los españoles que estudian en las cátedras alemanas farfullan el mismo guirigay”.

Varona tenía 1832 cuadernos de notas, lo que parece indicar que seguía un precepto de Leibniz que yo también sigo: “Guárdalo todo”.

Es muy curioso este retrato que hace del carácter cubano. que quizá se pueda aplicar todavía a muchos de sus compatriotas, cuando le ruega a Plutarco que le envíe “unas cuantas remesas de hombres mediocres porque en Cuba todos los habitantes, aunque son pocos, son ilustres, nuestra historia no es historia, sino epopeya, nuestros hechos no son hechos, sino hazañas. Excepto la talla, todo en nosotros es grande, todo admirable, todo mayor de la ordinaria marca”.

Por ello, ruega Varona a Plutarco que le envíe, al menos, una docena de hombres mediocres para compensar tanta grandeza.

Comentario en 2015

No había estado yo todavía en Cuba, que ahora visito todos los años una o dos veces.

Comparé las aplicaciones sociales de la supervivencia del más apto con El gen egoísta, no solo por algunas interpretaciones extremas, sino también por algunas opiniones que expresó el propio Richard Dawkins al final de su libro (y de las que luego se arrepintió).

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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