Secleb y la Biblioteca de Babel

Secleb y la Biblioteca de Babel Imagen superior: biblioteca del Trinity College (Autor: Rob Hurson, CC)

Borges es uno de mis autores favoritos. He leído probablemente todos sus libros, algunos de ellos varias veces y también muchos dedicados a analizar su obra, entrevistas o conferencias. Pero Borges apenas ha aparecido en mis artículos. Es una ausencia que comienza a ser corregida con esta entrada.

Borges no sólo es una delicia inagotable por sus cuentos y ensayos, sino que es uno de esos autores que hacen interesantes a todos o casi todos sus comentadores. Ya me he referido alguna vez a esto, pero aplicándoselo a otros autores igual de estimulantes y contagiosos, como Shakespeare, Platón, Einstein o Goethe. Muchos desprecian a Eckerman, el confidente de la vejez de Goethe, pero pocos consideran que sus Conversaciones no sean una lectura extraordinaria (incluído el siempre implacable Nietzsche).

Los biógrafos de Borges tampoco pueden evitar escribir libros interesantes. Es obvio que casi todo el mérito pertenece a Borges: sólo de vez en cuando surge un Samuel Johnson capaz de aportar tanto al comentario sobre Shakespeare como el propio Shakespeare.

No sé si has leído el cuento de Jorge Luis Borges La biblioteca de Babel. Si no lo has hecho, puedes leerlo antes de continuar con esta entrada. Doy por supuesto que ya lo has leído.

La biblioteca de Babel fue escrito en 1941 y ha sido tal vez uno de los más interpretados por lectores y expertos en Borges. Además, Internet rebosa de artículos y páginas dedicadas a La Biblioteca de Babel. Una de las razones de esta presencia de Borges en la red es que existen ciertas semejanzas evidentes entre la Red Mundial digital o Internet y la Biblioteca imaginada por Borges. Pero también hay diferencias.

 La Biblioteca de Babel, de forma hexagonal, contiene un número que parece infinito de libros, pero que quizá sólo es inconcebible para nuestras mentes, que se pierden mucho antes de llegar a imaginar diez mil seres:

“A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro”.

Si a este dato se le añade el límite de los símbolos empleados…

“Todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto”.

…se puede calcular la cifra:

“Así, cada libro tiene 410 páginas (al revés, 014, número recurrente en Borges. ¿Casualidad?). Cada página tiene 40 renglones, es decir 164000 renglones en un libro. Cada renglón tiene 80 letras, esto es, hay 1.312.000 letras en un libro. Ya que sólo pueden utilizarse 25 símbolos, el número total de posibilidades es de 251312000 (número, aunque vastísimo, no infinito)”. (Cálculos realizados por Santiago Gallego Franco en Borges el cuentista)

251.312.000. Un número descomunal, pero no infinito. Aunque me asalta la duda de si a ese número no habría que sumarle muchos más, puesto que Borges, o el pobre desdichado que en su cuento “fatiga los hexágonos de la Biblioteca”, dice que los libros están escritos en todos los idiomas que existen (¿se supone que transcritos a 22 caracteres y tres signos de puntuación concretos?).

Eso significa que un libro que contenga los mismos caracteres podría estar escrito en dos idiomas, que un libro en el que encontremos la palabra “sin” debamos leer lo que esta palabra significa en español (lo opuesto de “con”), pero que en otro libro la lectura correcta será su significado anglosajón: “pecado”. En un tercero, quizá en una transcripción de una gramática de griego antiguo, “sin” significaría “con”.

Pero tal vez esas interpretaciones pertenezcan al lector, y la combinación de caracteres, líneas y páginas sea sólo una para todos los idiomas y combinaciones de idiomas. Por este camino tal vez llegaríamos a plantear que bastaría un sólo libro para contener todos los libros: en algún idioma posible cualquier significado posible será expresado por cualquier combinación de signos.

Sin embargo, no voy a ir por ese camino que, en mi opinión, prohíbe explícitamente el relato de Borges. Esa interpretación tal vez se acerque más a algunas sugerencias de los místicos árabes acerca del Corán. Lo que ahora me interesa del asunto es la relación inesperada entre secleb y la Biblioteca de Babel (si no has leído la entrada dedicada a secleb, puedes hacerlo ahora, accediendo a ella desde este enlace).

Digo que es una relación inesperada porque, aunque es evidente que existía cierta relación entre secleb y la Biblioteca de Babel y que yo leí el cuento de Borges hace quince años o más, pero en el momento de definir secleb hace unos días yo no era consciente de esa relación. La sorpresa vino cuando revisé las últimas novedades en Google acerca de secleb.

Como dije en el artículo inicial de Secleb, cuando escribí secleb en mi página por primera vez, el día 6 de septiembre de 2005 , no había en Google ninguna página en la que se hablase de secleb. Pero, al buscar secleb en Google ayer, día 19 de septiembre de 2005, he encontrado cinco páginas con la palabra secleb. Tal como preví, la primera de ellas era mi propia página:

Otras dos páginas parecen referirse no a secleb directamente, sino a una combinación de dos abreviaturas: SECleb y SECLEb.

Otra de las páginas resulta especialmente intrigante porque secleb aparece como una dirección de correo electrónico. Ya he escrito a esa persona y espero los resultados.

Pero la página más interesante que aparece en Google al poner secleb es esta:

Sí, en efecto, es una página de uno de los libros de la Biblioteca de Babel. Como es lógico, secleb es una de las palabras que tiene que aparecer en los libros de la biblioteca imaginada por Borges, porque SECLEB es una combinación de ese abecedario de 22 letras, punto, coma y espacio. ¿Quiere decir algo secleb en el libro babélico en el que aparece o es sólo una mera combinación de letras?

Lo curioso es que cuando viajas al vínculo de la biblioteca de Babel encuentras, en efecto, una página de ese libro e incluso te indican la posición exacta del libro en los hexágonos sin fin:

You are in hexagon 227652, -129486, 341339 and you are reading the two hundred twenty-eighth page of the twentieth book of the ninth shelf.

Novena estantería, libro veinte, página doscientos veintiocho…

Sin embargo (lo he comprobado) en la página, en esa página 228, no aparece la palabra secleb.

Así que me pregunto por qué secleb es reconocida como una palabra de la Biblioteca de Babel y sin embargo no se corresponde la referencia: ¿algún bibliotecario descuidado intercambió dos libros?

También me hago otra pregunta: antes no aparecía secleb en Google, ni siquiera en esa Biblioteca de Babel digital, ¿por qué aparece ahora? ¿Aparece porque yo la puse en Internet?, ¿por simple casualidad?, ¿porque ese libro no era accesible? Probablemente porque la Biblioteca de babel rastrea de manera automática cualquier nueva palabra aparecida en Internet y la asigna a un hexágono (¿real o imaginado?).

Los vínculos a Borges y a las obras de Borges no acabarían nunca, pues es uno de los autores más mencionados y comentados en Internet, así que me limito a proporcionar algunos especialmente interesantes.

Borges Babel Builder ofrece un cálculo quizá más correcto que el que mencioné antes, acerca de la cantidad de libros que hay en la Biblioteca de Babel:

También te da la posibilidad de construir tu propia Biblioteca, con formas distintas al hexágono (precisamente los cinco sólidos platónicos de los que hablé hace unos días al referirme a Kepler).

The Library of Babel (La biblioteca de Babel), es la página en la que están, se supone, todos los libros de la Biblioteca de Babel. De ser cierto, la Biblioteca estaría contenida en Internet, en vez de a la inversa. Esta Biblioteca parece haber sido construida por los constructores del Borges Babel Builder. El enlace a la página en la que puede verse la Biblioteca de Babel y leerse el cuento de Borges en inglés es este: The Library of Babel. Pero si lo que quieres es consultar un libro, puedes hacerlo con este enlace: Página del libro en la que debería aparecer secleb.

The Borgesian Cyclopedia es una página completísima desde la que puedes enlazar con otras páginas dedicadas a Borges.

Especialmente interesante es A Dictionary of Borges, un libro de 279 páginas escrito por Evelyn Fishburn y Psiche Hughes y con prólogos de Anthony Burgess y Mario Vargas Llosa. Trata de los personajes, obras y autores reales o ficticios de las que habla Borges en sus cuentos, pero no de las invenciones propiamente borgianas. Así, hay una entrada para Lord Jim de Joseph Conrad o para Zunz, pero no una para La Biblioteca de Babel (aunque sí para Babel y para Babilonia).

En cuanto al ensayo Borges el cuentista, de Santiago Gallego Franco, que he mencionado antes, es una buena aproximación al tema, breve y clara.

Acerca de las semejanzas y diferencias entre la Red o Internet y la Biblioteca de Babel, un artículo escrito por Christopher Rollason en respuesta a otro de Ignacio Ramonet: Borges, Library of Babel and the Internet.

Sobre Goethe he escrito de vez en cuando, por ejemplo en el weblog Circolo dei forestieriel día 27 de agosto de 2003. Pero también escribí un comentario al libro de Goethe Viaje a Italia.

Sobre Einstein, hace poco he hablado en este blog (Mundo flotante) de la biografía de Dennis Overbye y volveré a hacerlo pronto.

Acerca del Corán como libro eterno (como la Biblioteca de Babel) y ciertas interpretaciones, escribí hace años un cuento llamado La nueva teología, del que hablaré próximamente, también en relación con secleb.

Nota de 2012

He escrito recientemente un artículo acerca de Borges como precursos de Internet y el hipervínculo: Borges, santo patrón del hiperenlace. También lo cuento en El guión del siglo 21.

El cuento que menciono en relación al Corán y la interpretación de los textos sagrados, La nueva teología, ganó poco después el segundo premio del II concurso de relatos La Revelación, y apareció publicado en El camino de los mitos II, que puedes conseguir aquí. El relato pertenece a la antología Recuerdos de la era analógica, también editada por Evohé, aunque no está incluido en ella al haber sido editado anteriormente.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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