Los Swifties de Stephen King

Los Swifties de Stephen King Ilustración de Michał Szyksznian © Bluewater Comics

Los swifties es un juego del que habla Stephen King en Mientras escribo, sus memorias*.

Según parece, el juego se les ocurrió a King y sus amigos porque leían a un tal Victor Appleton II, que escribía novelas protagonizadas por un héroe llamado Tom Swift. Appleton siempre usaba adverbios explicativos en las acotaciones de los diálogos, del tipo:

–No seas tonto –dijo despectivamente Utterson.

–Mi padre me ayudó con las ecuaciones –dijo modestamente Tom.

–¡Haced conmigo lo que queráis –dijo valientemente Tom.

Estas acotaciones como se ve, son casi siempre redundantes e innecesarias.

Así que King jugaba con sus compañeros a hacer swifties, cuanto más absurdos mejor, como:

–Salgamos del camarote –dijo encubiertamente.

(Yo creo que es mejor con una pequeña variación: “Vayamos al camarote –dijo encubiertamente”.)

–¡Maldito seas! –maldijo Tom.

Sin embargo, King reconoce que él mismo cometió ese error y por eso dice aquello de “Haced lo que digo, no lo que veis que hago” (dijo el cura).

En una ocasión, a Ana Aranda se le ocurrió un swiftie buenísimo a partir de la célebre paradoja de la espontaneidad de la que habla a menudo Paul Watzlawick (“¡Sé espontáneo!”):

El swiftie de Ana es:

–Sé espontáneo –ordenó él.

Es buenísimo.

* En "Mientras escribo", Stephen King dice: "Las atribuciones de esta clase también se llaman «swifties», en referencia a Tom Swift, el valiente héroe-inventor que protagonizó una serie de novelas de aventuras escritas por Victor Appleton II. El autor tenía afición por frases como: «¡Haced conmigo lo que queráis! —exclamó valientemente Tom», o «Me ha ayudado mi padre con las ecuaciones —dijo modestamente Tom». En mi adolescencia había un juego que consistía en crear swifties ingeniosos (o simplemente idiotas), como: «Salgamos del camarote —dijo encubiertamente», o «Hoy salgo de la cárcel —dijo expresamente». Cuando tengas que decidir si plantas algún pernicioso diente de león adverbial en la atribución, sugiero que te preguntes si te apetece escribir algo que acabe como excusa para un juego. Algunos escritores intentan esquivar la regla antiadverbios inyectando esteroides al verbo de atribución. A cualquier lector de novelas baratas le sonará el resultado:

—¡Suelte la pistola, Utterson! —graznó Jekyll.

—¡No pares de besarme! —jadeó Shayna.

—¡Qué puñetero! —le espetó Bill.

No caigas en ello. Te lo pido por favor. La mejor manera de atribuir diálogos es «dijo». El que quiera verlo aplicado de manera estricta, que lea o relea alguna novela de Larry McMurtry, el Shane de la atribución dialogística. Parecerá una ironía pero lo digo con absoluta sinceridad. McMurtry ha dejado que le crezca muy poco diente de león en el césped".

Copyright © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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