La mitología, del marxismo a la magia

La mitología, del marxismo a la magia Imagen superior: Gabriela Fab, CC

La mitología es uno de los terrenos en los que se puede observar con más claridad el cambio de paradigma que ha tenido lugar en las últimas décadas, al ser sustituido el marxismo, dominante hasta el año 1989, por la magia, que ha empezado a extender su influencia entre todo tipo de público desde finales del siglo XX, pero especialmente en los últimos años.

La influencia del marxismo se hizo notar en los estudios de mitología de una manera clarísima. Se buscaban causas materiales tras los mitos, razones económicas, rutas comerciales, etcétera. Esta influencia se percibía incluso en pensadores muy alejados del marxismo, que practicaban estudios de tipo más fenomenológico, psicologista o simbólico.

A pesar de ser algunos de ellos enemigos declarados del marxismo, y a veces simpatizantes del fascismo, como Mircea Eliade, ni siquiera ellos podían librarse de su influencia: era eso que suele llamarse el "espíritu de los tiempos" o welstanchaung.

Pero ahora, caído el muro de Berlín y con él el marxismo, hay cada vez más escritores que introducen la magia en sus investigaciones mitológicas. No se trata tan sólo de que destaquen la importancia de la magia en el tema estudiado, sino que literalmente creen en ella. Así lo hace Peter Kingsley, por ejemplo, en su estudio acerca de Parménides (o Parmeneides):

“De la misma manera que nos gusta creer que somos nosotros quienes 'hacemos los descubrimientos', también pensamos que 'tenemos' sueños. Pero lo que no comprendemos es que algunas veces otros seres se comunican con nosotros a través de nuestros sueños, de la misma manera que intentan comunicarse a través de acontecimientos externos” (En los oscuros lugares del saber, Atalanta, 2010, p. 153).

Kingsley no está intentando mostrar ni explicar la visión de un griego que asiste a los rituales, no está intentando ponerse en su lugar: habla por él mismo. Es él quien opina que otros seres nos visitan a través de los sueños.

Curiosamente, a pesar de contarnos de vez en cuando su creencia en los ángeles o espíritus, Kingsley no nos habla (o no nos habla siempre) como un charlatán de feria: es un erudito temible y un estudioso que conoce a fondo sus fuentes. Un contraste curioso, sin duda.

Tal vez, dirá un pesimista, el caso de Kingsley es una muestra más de cómo los lunáticos se apoderan del método científico, con una técnica extraordinariamente semejante a la de los creacionistas.

Ellos, los creacionistas, los nuevos forofos de la magia, han aprendido de sus enemigos. Tal vez los científicos deberían aprender también algo de ellos: cómo resultar más cautivadores para audiencias no científicas o especialmente crédulas.

Se podría encontrar una comparación interesante con la interpretación de la música barroca: como es sabido, durante décadas se olvidó cómo se interpretaba la música barroca, especialmente la parte del bajo continuo.

Así que la música barroca se interpretaba casi siempre a la manera romántica (digamos, como lo hacia Karajan). Frente a esta interpretación barroca había otro modo muy frío, formal, mecánico. Eran las dos maneras de ver (o más bien de escuchar) la música barroca. Pero ambas eran erróneas. La manera romántica ponía en la música barroca sus propias ideas de una manera exagerada, mientras que la manera formal era aparentemente científica, pero perdía lo esencial, la vida que se suponía poseyó la música barroca.

Después, poco a poco, empezó a investigarse cómo se interpretaba la música barroca. Se hizo, no leyendo una y otra vez las partituras, sino buscando detalles en cronistas de la época, desde Casanova a cualquier novelista que hubiese asistido a un concierto y hubiese contado qué hacían los músicos: pellizcar las cuerdas, golpear el violín con el arco...

Se rescato así una manera de interpretar que unía el rigor de la manera formal junto al ardor y vida de la manera romántica. A veces, incluso, con instrumentos originales, aunque ese es seguramente un detalle que no es imprescindible.

Me da la sensación, que en la mitología, pero también en la historia, la antropología, la psicología o cualquier otra ciencia humana, también existe un camino intermedio entre el vuelo mágico de los iluminados y el metro subterráneo de los científicos. Entre volar por el aire estrellándose continuamente con los edificios y caminar sólo alrededor de los cimientos.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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