La ciencia de la magia

La ciencia de la magia John Dee realizando un experimento ante la reina Elizabeth I de Inglaterra

"Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia." (Tercera Ley de Clarke, Arthur C.Clarke, autor de 2001, una odisea del espacio)

Hoy en día tendemos a pensar en la magia, la alquimia y la astrología como lo opuesto a la ciencia, pero, en cierto modo, son expresiones de una misma manera de ver la realidad. James Frazer decía que la magia era la hermana bastarda de la ciencia, y no le faltaba razón, aunque quizá sea necesario aclarar que la hermana mayor es la magia, que se remonta al menos 4000 años en el pasado (tal vez a 10.000 o 30.000), mientras que la ciencia como tal apenas ha cumplido 300 o 400.

La principal similitud entre la magia y la ciencia es que ambas son materialistas o mecanicistas; ambas creen en las relaciones de causa y efecto: las cosas no suceden porque sí, por puro azar, pero tampoco por el designio de un Dios caprichoso. En ciertos aspectos, la magia y la astrología son más materialistas que la ciencia moderna, pues no se conforman con decir que la luna produce las mareas, sino que aseguran que alguien que nazca bajo su influjo será ciclotímico, desordenado, poético, protector, perezoso, soñador, disperso, tierno, sensible, sentimental e indolente, o incluso que se convertirá en hombre lobo los días de luna llena.

Existen dos tipos fundamentales de magia, la magia imitativa u homeopática y la magia contaminante o por contacto.

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Estatuilla egipcia (siglos II aI III) para practicar lo que hoy llamamos vudú

La magia homeopática o imitativa dice que lo semejante produce lo semejante (homo significa “igual”, “lo mismo”). Si fabricamos una figura de cera que representa a la persona a la que queremos perjudicar y luego la arrojamos al fuego, del mismo modo que arde la figura, así arderá de fiebre la persona: “No es cera esto que estoy quemando;
Es el hígado, el corazón y el bazo de fulano de tal lo que quemo”.

En cuanto a la magia contaminante o por contacto, afirma que las cosas que han estado juntas mantienen una conexión aunque ahora estén separadas. Si se tiene algo que ha pertenecido a una persona, cabellos, restos de uñas, secreciones de cualquier tipo, se puede influir en ella a distancia.

Frazer cuenta el caso de una criada inglesa del siglo XIX que impidió que se tirara el diente de leche de un niño, porque si lo encontraba algún animal y lo roía los dientes del niño serían como los del animal. Eso le pasó, explicaba la criada al señor Simmons, que tenía un diente largo y enorme porque su madre había tirado uno de sus dientes de leche a una pocilga.

Un método mágico, que se halla en la difusa frontera entre la magia imitativa y la contaminante consiste en influir sobre alguien empleando tan sólo su nombre. Es por eso que el nombre del dios hebreo YHVH era secreto, pues sólo así se puede conseguir que el dios de los hebreos siga siendo su propiedad y no pueda ser atraído por otro pueblo. Los romanos, por ejemplo, tenían la costumbre de robar los dioses extranjeros, para lo cual primero tenían que descubrir el nombre secreto de ese Dios.

La explicación de la efectividad de la magia, en definitiva, se resume en una de las ideas básicas del hermetismo y de la astrología: “Como es arriba, así es abajo”. El muñeco no sólo representa a la persona, sino que es la persona. Las uñas, los cabellos contienen la esencia de la persona, algo con lo que estaría de acuerdo cualquier experto de la serie policíaca CSI, que a través del examen de un simple cabello puede conocer el ADN de un sospechoso, y también si ha bebido o se ha drogado en los últimos seis días.

Esta texto es un fragmento de la introducción a los capítulos dedicados a las sociedades secretas relacionadas con la magia en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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