Hable como un verdadero experto

Hable como un verdadero experto Imagen superior: Christopher Michel, CC

Si usted quiere ser un experto en arte y literatura, filosofía y sociología, y si pretende usted optar a alguna ayuda, beca o premio oficial relacionado con el sector del arte, lo más importante no es que aprenda todas las cosas que ese tipo de expertos aprende. Eso puede ser útil, pero le llevará demasiado tiempo. Lo que importa es que usted aprenda a hablar y a escribir como ellos. Veamos algunos consejos de urgencia.

1) No diga “persona”, diga “sujeto”

2) No diga “lugar”, diga “espacio”

3) “No diga “lugar de encuentro o reunión”, y tampoco “sociedad”, diga siempre “espacio social”.

4) Diga a menudo:

a. “Estructura”, pero no refiriéndose a edificios.

b. “Consenso” pero no aplicado a la política (como el consenso entre varios partidos). Por el contrario, úselo para relacionar entes concretos o abstractos que carezcan de cualquier atisbo de la voluntad o conciencia necesaria para establecer un consenso. Por ejemplo: “Se muestra así un consenso entre el espacio social y la estructura productiva”

c. “Flujo” y “reflujo”, pero no referido a la regla de las mujeres.

d. “Metáfora”. Esto es lo mejor de lo mejor. Todo son metáforas, amigo mío, las cosas metaforizadas no se sabe si han existido alguna vez, porque todo es metáfora de algo. Si quiere rizar el rizo y epatar a la audiencia, puede usted darle la vuelta a las metáforas más conocidas: “A mí, los falos siempre me han parecido una metáfora de los faros”

e. “Lenguaje”, para referirse a cualquier cosa, desde la construcción de un hormiguero por las hormigas a los procesos gástricos.

f. “Continuo” y “discontinuo”

g. “Lineal” y “elíptico”, pero no en contextos relacionados con el dibujo o la astronomía.

h. “Contexto”, en cualquier contexto.

i. “Extremos”, “extremista”: para referirse a las propuestas artísticas de alguien o a sus ideas políticas (siempre, en este último caso, de un modo elogioso)

j. “Interno” y “externo”, pero intente no emplearlos como opuestos, sino más bien mostrar que lo interno es lo externo y a la inversa, o que ambas cosas son lo mismo. Recuerde, además, que una de las conclusiones inevitables a la que llegan los expertos cuando la discusión ya se hace un poco fatigosa es que “Todo es lo mismo en definitiva”

k. “Identidad” y “diferencia”

l. “Performativo” y “preformativo”, “labor”, “configurar”.

m. “Sistema”: siempre que pueda, es perfecto en combinación con “contexto”.

n. “Sentido” y “producción de sentido”, aunque no tenga ningún sentido. La segunda expresión tiene puntuación extra.

o. “Perfil”, en lugar de “retrato” o “descripción”, pero nunca referido a un rostro, sino siempre a una mente, a una biografía, por ejemplo, o a una actividad política.

p. “Minoridad”. Puntuación máxima.

q. “Criticidad”, y todo lo que termine en “idad”

r. “Implementar”: no abuse de ello, porque ya ha pasado al lenguaje de los políticos.

s. “Vertebrar”. No lo use, no sea antiguo hombre, que se le va a notar (ver, sin embargo, el anexo Expertos y marxistas)

t. “Discurrir”, “Economía cultural”, “pasividad existencial” y “afirmación”.

Si usted, siguiendo estos consejos, escribe un texto convincente y en el que todo el mundo entiende lo que ha dicho, entonces es que ha hecho usted algo mal: ha fracasado y se van a dar cuenta enseguida de que usted no es un experto. Un experto ha de ser convincente, pero no se debe entender lo que dice, aunque todo el mundo jure que lo ha comprendido todo.

Memento

Recuerde siempre la anécdota de Eugenio D’Ors.

D’Ors dictaba los textos a su mecanógrafa Angelita.

Cuando terminaba, le preguntaba:

‒¿Se entiende, Angelita?

‒Perfectamente, maestro.

‒Pues entonces, oscurezcámoslo.”

Y recuerde también la máxima de Cossío:

“Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos.”

Lecturas recomendadas

Lea usted a muchos autores franceses de la segunda parte del siglo XX. Empiece con Sartre, siga con Foucault, Derrida, Lacan, Althusser, etcétera. No se preocupe si no entiende nada o si lo que entiende le parece poco interesante, lo importante es ir contagiándose de la manera de expresarse.

Hoy en día, lo más actual es repasar los escritos de Guy Debord y los situacionistas.

Es decir, escriba usted como un español del siglo XXI que quiere escribir como un francés del siglo XX que imita a los alemanes del XIX. Espeso y contundente, con cierto aroma científico, pero con argumentos siempre incomprobables.

Dos buenos ejemplos para memorizar (¡¡ejemplos reales!!)

EJEMPLO 1

“El espacio social queda evocado en la imagen de una mesa redonda, una estructura democrática, igualitaria. Mesa sobre al que se produce sentido y donde se llega al consenso de la realidad por medio del lenguaje, que cumple una labor preformativa. Sin embargo se presenta aquí como un espacio ciego: Ausentes las imágenes, la representación opera a través de la palabra, del sonido que se articula en el “tiempo real”. La continuidad del flujo temporal es una metáfora psíquica construida y reforzada por el lenguaje -lineal o continuo como el tiempo común o consensual. Lo discontinuo supone una pérdida, una negación, el vacío, la muerte, la nada. Sin embargo, estas nociones negadas por la sociedad, están en nosotros. La vida se opone a la vida. El ser es contradictorio, dramático, extremo.

EJEMPLO 2

Dos condiciones de posibilidad para hacer sostenible este esquematismo. Primera: su minoridad, cuanto más micro sea el aparato, menos requerimientos de ingeniería para equilibrar energía de gasto y ecuación de audiencia. Y segunda: la consistencia de sus contenidos de criticidad. Desasistida de instrumentos que implementen su credibilidad por la posición de fuerza ocupada en el sistema institucional, su única potencia, como inductora de interés público la extrae de su participación en el público y libre juego de las argumentaciones, de la pública exposición del pensamiento y su contraste. Cierto que eso determina su enorme fragilidad -y si se quiere la certidumbre de una muerte rápida tan pronto como se produce decaimiento de la tasa de interés cognitivo- pero al mismo tiempo ello asegura la pertinencia de su existir”.

Epílogo en 2015:

A pesar de que han trascurrido unos doce años desde que escribí este artículo, el lenguaje de los expertos no ha cambiado demasiado (parece evolucionar mucho más lentamente que cualquier otra jerga), así que muchas palabras y expresiones todavía le resultarán útiles. Pero también será necesaria una actualización, por supuesto.

Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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