¿Dónde están los escritores soviéticos?

¿Dónde están los escritores soviéticos? Los escritores Osip Mandelstam, Korney Chukovsky y Benedikt Livshits, junto al artista Yuri Annenkov, en 1914. Mandelstam y Livshits perdieron la vida durante la purga estalinista.

A menudo muchos nos hemos preguntado dónde están los escritores soviéticos que la Revolución de Octubre prometió. El que tan pocos de los partidarios del régimen comunista hayan pasado a la historia de la literatura es otra de las vergüenzas de las antigua Unión Soviética.

Sin embargo, sí resulta posible encontrar a grandes escritores soviéticos: son precisamente los exiliados, los torturados, los fusilados, los traidores pequeñoburgueses, los enemigos de clase a los que no había que leer.

La escritora Anna Barkova pasó veinte años de su vida en el Gulag.

“Hoy, al pensar en aquella época –escribe Nina Berberova–, me doy cuenta de que el aniquilamiento de la intelligentsia no se produjo de manera inmediata y brutal. Fue, por el contrario, un proceso complejo, que incluyó un corto período de expansión durante el que disentir no resultaba fácil. Algunos triunfaban y caían a la vez, arrastrando a otros a su perdición. Al cabo de algún tiempo, las víctimas ya se contaban por cientos; después, por miles.”

El Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) tomó esta foto del escritor Isaac Babel después de su arresto en 1939. Tras diversos interrogatorios y torturas, en 1940 fue fusilado en la prisión de Butyrka.

Al principio, la persecución afectó a cualquiera que no estuviera de acuerdo con la cúspide de poder, ya fuera Lenin o Stalin, pero poco a poco afectó casi a cualquier escritor o intelectual, incluso a los que creían estar contribuyendo a ese nuevo régimen:

“Desde Trotski, pasando por Voronski, Pilniak, los formalistas y sus discípulos, hasta los futuristas y los jóvenes poetas surgidos del proletariado y del campesinado, cuyas obras no dejaron de despuntar hasta el final de los años veinte y que sirvieron al nuevo régimen con convicción y sinceridad. Desde los barbudos ancianos que habían participado en las reuniones de la Sociedad Filosófica y Religiosa de principios de siglo hasta los miembros de la V.A.P.P., la Asociación Panrusa de Escritores Proletarios, que habían lanzado —al parecer, en el momento oportuno— el eslogan que preconizaba la necesidad de poner la cultura al alcance de las masas, todos fueron barridos sin excepción”.

Fotografía tomada por el NKVD en 1938. Se trata del poeta Osip Mandelstam, que murió ese mismo año en un campo de trabajo en Siberia.

Berberova cuenta que la cultura fue barrida de manera sistemática, pero también cambiante, en función de quiénes ocuparan el poder o de las nuevas directrices políticas aprobadas. Lo que ayer era revolucionario, hoy se convertía en reaccionario sin que se supiera muy bien por qué:

“No se eliminaba a las personas como individuos, pero sí como miembros de un grupo, de un movimiento o de una «clase». La represión estaba planificada igual que la producción en serie. Así suprimieron a Mandelstam y prohibieron a Zamiatin escribir. Hasta al final de los años treinta, la política cultural formaba parte integrante de la política general; de la de Lenin y Trotski, primero; de la de Zinóviev, de Kamenev y de Stalin, después, y, finalmente, de la de Stalin, Ejov y Zdánov. El resultado fue la desaparición de los nacidos hacia 1880; después, la de quienes lo hicieron alrededor de 1895 y, al final, la de la generación de 1910″.

El director teatral Vsevolod Meyerhold fue detenido en 1939, bajo falsas acusaciones de espionaje. Padeció terribles torturas, y su esposa, la actriz Zinaida Raikh, fue salvajemente asesinada en su apartamento. Un pelotón de fusilamiento acabó con la vida de Meyerhold en 1940.

Tres generaciones de escritores rusos fueron eliminadas por los dirigentes comunistas, pero ahora esos son precisamente los nombres a los que recurrimos cuando queremos hablar de la gran literatura rusa del siglo XX. De muchos de ellos ni siquiera conocemos su nombre, de otros sabemos que escribieron, aunque sus obras fueron destruidas o se perdieron, tal vez para siempre, basta con recordar el caso de Vida y destino de Vasili Grossman, que se creía definitivamente perdida, pero que pudo ser recuperada por disidentes y publicada por fin en 1980, dieciocho años después de la muerte del propio Grossman.

Copyright © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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