Dijo King regiamente

Dijo King regiamente Imagen superior: Stephen King (USO, fotografía de Mike Clifton. CC)

Es muy interesante lo que dice Stephen King acerca de los swifties, las aclaraciones en los diálogos del tipo:

–No seas tonto –dijo despectivamente Utterson.

King llama swifties a aclaraciones o descripciones como “despectivamente” en la frase anterior porque los usaba mucho un tal Victor Appleton II, que escribía novelas protagonizadas por el héroe Tom Swift, y que era aficionado a poner estos adverbios aclaratorios en los diálogos, casi siempre de manera innecesaria y redundante, como:

–Mi padre me ayudó con las ecuaciones –dijo modestamente Tom.

–¡Haced conmigo lo que queráis! –dijo valientemente Tom.

King reconoce que él mismo cometió ese error y por eso repite aquello de “Haced lo que digo, no lo que veis que hago, dijo el cura”. En su adolescencia, jugaba con sus compañeros al juego de los swifties. Se trataba de fabricar swifties ingeniosos o simplemente absurdos:

–Salgamos del camarote –dijo encubiertamente.

(Yo creo que es mejor con una pequeña variación: “Vayamos al camarote –dijo encubiertamente”.)

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Una de las veces en que me di cuenta claramente de la banalidad de este tipo de aclaraciones o de las precisiones innecesarias fue leyendo el clásico budista Las preguntas de Milinda, donde siempre en los diálogos se escribe: “dijo”.

Me di cuenta de que eso era preferible a escribir continuamente verbos variados como respondió, susurró, musitó, inquirió, preguntó, interrogó, contestó, exclamó, y palabras cada vez más sofisticadas, como masculló, jadeó, gimió, adelantó, lanzó, escupió, masticó.

Me parece que, además de lo fatigosa que resulta tanta ingeniosidad, casi siempre es redundante: si la frase aparece  con signos de interrogación, es evidente que alguien preguntó. Pero hay otra razón para usar el dijo que explica muy bien King:

“El dijo en realidad no sirve para explicar que el personaje dice algo, pues eso ya lo sabemos por las comillas o los guiones. El dijo sirve para indicar simplemente quién está hablando. Se podría indicar como en el teatro, poniendo al inicio de cada parlamento el nombre del personaje o, simplemente indicándolo entre paréntesis:

– No te vayas (Tony)

– Es tarde (Ann)

Incluso se podría, como hacen en Playboy o The New York Review of Books y otras revistas, poner en cursiva lo que dice uno y en negrita o letra normal (redonda la llaman los editores) lo que dice el otro. Pero, puesto que se trata de una convención muy arraigada, quedémonos con el dijo, y poco más.

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Curiosamente, James Joyce en su Ulysses utiliza casi sin excepción dijo en sus diálogos.

“Alguien dirá: pero, ¿No es fatigoso estar leyendo todo el rato dijo, dijo, dijo. No, le respondo, porque el dijo al final se convierte en un signo casi tan inocuo como un punto o una coma, o un paréntesis: apenas se repara en él. Y siempre que se se sepa quien está hablando, cómete el dijo, muchacho.”

Esto del dijo me recuerda a aquellos escritores que cada vez que se refieren a un personaje utilizan una atribución distinta:

Napoléon se acercó al prisionero. El marido de Josefina lo miró de arriba abajo y le preguntó si era ruso. El hombre, que apenas se mantenía en pie, no dijo nada al autor del Código Civil, pero el vencedor de Waxgram insistió, ante lo que el desdichado preso balbució: “Sí”. El infatigable corso no se esperaba esta respuesta pues había pensado que aquel despojo humano que habían capturado sus hombres era prusiano, pero el célebre General decidió entonces perdonar al fatigado cautivo. Suponía el autor de los Comentarios a la guerra de las Galias de Julio César que el hijo de las estepas ahora se sentiría agradecido…”

Casi siempre, no lo dudes ni un momento, es mejor decir sencillamente “Napoleón”. No te enviaré al sótano con las ratas si escribes de vez en cuando “el emperador” (cuando Napoleón sea ya emperador) o “el general (cuando Napoleón sea “general”).

Creo que tiene mucha razón King, aparte de que se puede añadir una consideración relacionada con sentido y referente e ideas de Frege y Russell. Y, puesto que se puede añadir, lo añado:

Hubo un tiempo en que no se sabía que ese punto brillante que se ve por las mañanas y ese otro punto brillante que se ve por las tardes (el lucero de la mañana y el lucero de la tarde) tenían el mismo origen: el planeta Venus. Existía un referente (Venus) y dos sentidos (lucero de la mañana y lucero de la tarde). Como en el caso de “Napoleón, el corso, el emperador…”, que tienen todos un mismo referente. Pero una vez que se supo que ambos luceros son Venus, resultó absurdo decir, el lucero de la mañana, sobre todo cuando era por la tarde, a pesar de que el lucero de la mañana es exactamente lo mismo que el lucero de la tarde.

King termina su defensa del dijo de esta manera:

“Por fácil que parezca un idioma, está sembrando de trampas. Sólo te pido que te esfuerces al máximo, y ten presente que escribir adverbios es humano, pero escribir dijo es divino”.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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