¿Conocía Homero la escritura?

¿Conocía Homero la escritura? Imagen superior: Paul Jourdy, "Homer Reciting his Verses", 1834

Homero fue considerado durante mucho tiempo el primer escritor. Algunos prefieren decir “el primer escritor de la literatura occidental”, pero esa es sin duda una coletilla absurda, puesto que aunque en la época clásica los griegos eran el occidente del mundo conocido (conocido por los griegos, claro), también se hallaban en lo que siempre ha sido la parte más oriental de Occidente: Grecia y las costas de Turquía. Las conquistas de la Magna Grecia probablemente fueron tardías.

Es cierto que los griegos tenían la conciencia de ser una civilización diferente de las de Asia y que tanto Homero como Herodoto hablan de guerras entre Asía y Europa, pero la Europa de los griegos era fundamentalmente Grecia y sus mil islas, las costas turcas llenas de ciudades griegas, Sicilia y algunos lugares de Italia (la Magna Grecia). Los otros europeos que vivían alrededor de los griegos, celtas, germanos, eslavos, etruscos e incluso italos (si es que se pueden emplear todas estas denominaciones en aquella época) apenas interesaban a los griegos, que nunca se consideraron defensores o representantes de una civilización que incluyera a tales pueblos. Es cierto que los griegos llamaban bárbaros a todos los no griegos, pero los griegos de la época preclásica admiraban a los persas, a los egipcios e incluso a los libios (Libia era para ellos África), por ejemplo a los garamantes, a los escitas del noreste, a los tracios o a los fenicios, incluso a los misteriosos hiperbóreos, pero no a todos esos pueblos de lo que luego sería llamado Europa u Occidente.

Cuando los filósofos buscaban las fuentes de la sabiduría no se dirigían a Occidente sino al Oriente, como bien se sintetiza en el clásico “¡Ex Oriente lux!” (“La luz viene del este”).

Tales de Mileto y Solón de Atenas viajaron a Egipto a aprender de los sacerdotes y los astrónomos; Platón y Eurípides visitaron allí a los adivinos y Cleóbulo aprendió filosofía, según nos asegura Diógenes Laercio; se dice que Demócrito, el fundador del atomismo, viajó a Babilonia, Egipto y tal vez la lejana India y que fue educado por persas amigos de su padre. El propio Diógenes Laercio expone la extendida idea de que la filosofía nació entre los bárbaros, entre los cuales, sólo cita a un publo occidental, los galos:

“Dicen algunos que la Filosofía, excepto el nombre, tuvo su origen entre los bárbaros; pues como dicen Aristóteles en su Mágico, y Soción, en el libro XXIII De las sucesiones, fueron los magos sus inventores entre los persas; los caldeos entre los asirios y babilonios; los gimnosofistas entre los indios; y entre los celtas y galos, los druidas, con los llamados semnoteos. Que Oco fue fenicio; Zamolxis, tracio; y Atlante, líbico. Los egipcios dicen que Vuleano, hijo del Nilo, fue quien dio principio a la Filosofía, y que sus profesores eran. sacerdotes y profetas”. (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos más ilustres)

En definitiva, los griegos consideraban que Homero era el primero de sus autores, pero no el primer escritor de la historia, porque no tardaron mucho en descubrir, si es que no lo supieron siempre, que babilonios, asirios, egipcios y quizá también los judíos habían escrito antes que ellos. Admitían, por otra parte, que el alfabeto lo habían inventado los fenicios, como se cuenta en el mito de Cadmo, que aunque es el fundador de la Tebas griega, era de origen fenicio. Tan sólo algunas letras las atribuyeron a algún personaje griego, como Dédalo.

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Imagen superior: Lawrence Alma-Tadema, "A Reading from Homer" (1885)

¿Escribió algo Homero?

Desde la antigüedad se dijo que Homero era un cantor ciego que recitaba sus poemas valiéndose de la memoria. Aunque hay representaciones de Homero con un pergamino o papel en las manos, son imágenes que proceden de la época de la glorificación de lo escrito, muy posterior, al parecer a aquella en al que vivió Homero. En otros lugares de estas 900 tesis homéricas se examinan algunos aspectos relacionados con las primeras muestras escritas de los textos homéricos, pero ahora tan sólo nos interesa saber si Homero era analfabeto o no.

Muchos investigadores han pensado que lo era y algunos incluso han defendido que sus obras no se pueden explicar de otra manera que como el resultado de los esfuerzos de un cantor ciego, un asunto interesante que se trata en otra de estas tesis. Pero hay una pregunta que podría aclarar mucho la cuestión es: ¿podemos encontrar en los textos atribuidos a Homero alguna mención a la escritura? Un momento perfecto sería cuando Ulises es acogido en la corte de los feacios y el cantor Demódoco, al que algunos han identificado con el propio Homero, se dispone a entonar un canto. ¿Emplea algún escrito para ayudarse? Al parecer no, o al menos tal cosa no llega a mencionarse.

Sin embargo, hay un lugar en el que Homero sí menciona la escritura. Lo hace en la Ilíada. El fascinante hallazgo se encuentra en el pasaje en el que Homero cuenta la historia del héroe Belerofonte.

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Imagen superior: "Furia de titanes" ("Clash of the Titans", 1981), de Desmond Davis © Warner Bros.

Belerofonte

Belerofonte es el héroe que muchos confunden con Perseo, porque monta sobre un caballo alado llamado Pegaso. La magnífica película Furia de titanes (me refiero por supuesto a la primera versión) es probablemente la culpable de esta confusión, al mostrarnos a Perseo a lomos de Pegaso, pero en la principal versión del mito Perseo no monta a Pegaso aunque sí es el culpable de su nacimiento: el caballo alado nace de la cabeza cortada de Medusa, junto a un personaje secundario muy interesante por lo desconocido, el guerrero Chrisaor, que nace completamente armado, del mismo modo que lo hace Atenea de la cabeza de Zeus. Una coincidencia que nos llama la atención con razón, puesto que sabemos que Atenea y Medusa están estrechamente relacionadas y que Atenea colocó la cabeza de Medusa en su escudo una vez que Perseo le hubo sacado todo el partido posible a ese despojo capaz de petrificar a quien lo mirase.

La cuestión que nos interesaba (¿se acuerda todavía el lector?) es esa mención que hace Homero de la escritura. La cosa sucede cuando el rey Preto intenta deshacerse de Belerofontes, pero no se atreve a hacerlo él mismo y envía al joven a la corte del rey Yóbates para que lo mate él. Al propio joven le entrega su sentencia de muerte, que él deberá entregar sin saberlo, al rey Yobates (este es un motivo que nos recuerda muchos cuentos y fábulas). La sentencia de muerte está escrita (¡hélas!) en unas tablillas.

Esta es la mención clara e inequívoca de Homero de la escritura. Después de esto, poco quedaría por discutir, pero los expertos viven para dudar y discutir, lo que es una suerte, aunque a veces pueda llegar a irritarnos su puntillosidad, y ahora se preguntan qué signos eran esos scritos en la tablilla: ¿se trataba de una escritura alfabética? ¿No serían más bien una serie de signos más o menos toscos, como riptogramas o jeroglificos (en el moderno sentido más que en el egipcio) en los que se pudiera entender: “Mata a Belerofontes”. Digamos, por ejemplo, dibujos en los que se ve la figura de un hombre que sostiene precisamente dos tablillas y después la misma figura, ahora en el suelo con un puñal clavado en el pecho y la mano de un rey hundiendo ese puñal. Puede ser. A mí me parece, pero admito que es una opinión y no una certeza, que la manera en la que se describen las tablillas da la sensación de que contienen un verdadero escrito. Lástima que Homero no fuese un poco más concreto.

Si tan sólo nos hubiera descrito uno o dos signos, la historia de la escritura alfabética o incluso de los orígenes de la civilización griega serían completamente diferentes, no sabemos en qué insospechada dirección. La pregunta fascinante que nos hacemos ahora es: ¿en qué idioma, lenguaje y alfabeto estaban escritos esos signos? ¿En lineal A, en lineal B, en los extraños signos todavía no descifrados del disco de Phaistos? Una simple indicación de Homero nos habría dado pistas increíbles. Como eso no ha sucedido, tenemos que seguir investigando en busca de respuestas que quizá nunca encontraremos.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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