Cómo descifré anoche el disco de Phaistos antes de irme a bailar

En mi deseo de contribuir al avance del conocimiento, como ya hice cuando mostré cómo enviar un mensaje a mayor velocidad que la de la luz, y queriendo dejar testimonio para la posteridad del proceso creativo del descubrimiento científico, intentaré reconstruir las diversas fases de la asombrosa intuición que me llevó a descifrar el disco de Phaistos.

Antes conviene explicar brevemente qué es el disco de Phaistos.

El disco de Phaistos o Festo es una pieza de arqueología legendaria que se encontró en las excavaciones de la ciudad cretense de Phaistos. Está grabado con extraños dibujos, que parecen pertenecer a una escritura de origen desconocido, pues no se asemejan, excepto en pequeños detalles, al lineal A o el lineal B ni al “Jeroglífico cretense”, las tres escrituras encontradas en las excavaciones de Creta.

El lineal A fue descifrado por Michael Ventris de una manera que, si no recuerdo mal, fue tan azarosa, intuitiva o sorprendente como la mía.

Que yo sepa, el lineal B y el jeroglífico cretense no han sido descifrados.

La misteriosa escritura del disco de Phaistos sólo se ha encontrado, al parecer en el propio disco, así que resulta muy difícil descifrarlo dada la escasa cantidad de signos y/o palabras.

Vamos a examinar esos signos un poco mejor.

Como cualquier persona que se haya encontrado con él, cuando, hace muchos muchos años, supe del disco de Phaistos, quedé fascinado y quise descifrarlo. Pasé muchas noches copiando sus símbolos, incluso conseguí un disco en miniatura que llevaba siempre conmigo, que creo que me regaló mi hermana Natalia. Durante meses, busqué regularidades, finales de palabras que pudiesen indicar formas verbales, semejanzas con otros lenguajes, patrones repetidos de signos. Es innecesario decir que fracasé.

Pero anoche lo descifré.

Quizá conviene aclarar que no es exacto decir que lo descifré completamente, pues las intuiciones de este tipo no llegan a tal precisión, y además yo estaba a punto de irme a bailar. No he averiguado qué significan los signos, pero sí cuál era su función y la del disco.

Mientras estaba tomando mi primera copa y mirando bailar a dos chicas polacas, en un momento de lucidez decidí dejar constancia del proceso creativo que me llevó al desciframiento. En la barra del bar, ocultando mi tarea a las miradas del público, porque soy una persona extremadamente tímida y no quería que pensaran que me estaba haciendo el interesante, anoté rápidamente lo que recordaba.

Más o menos fue esto lo que anoté en mi libreta:

“Estaba leyendo el borrador del fascinante libro de los laberintos que está escribiendo mi amigo Marcos Méndez y, al mismo tiempo, consultando un libro sobre el laberinto de Creta escrito por Rodney Castleden, The Knossos Labyrinth: A New View of the “Palace of Minos” at Knossos. Aunque en el libro de Castleden no vi nada acerca del disco de Phaistos, lo tenía presente desde hacía bastante rato porque recordaba la teoría que sostiene que el disco de Phaistos es un precedente del juego de la oca. Además, cuando estuve en el pasado mes de julio en el Festivalito de La Palma, tuve una conversación muy interesante con el director Mario Iglesias acerca de esa teoría, pues él también la conocía, no porque estuviera fascinado por el disco de Phaistos, sino más bien por el juego de la oca y el Camino de Santiago: resulta que también el juego de la Oca sería, según una hipótesis un poco loca, una representación del Camino de Santiago hecha por los templarios. Todos estos detalles son sin duda importantes para explicar mi desciframiento del disco.

Por otra parte, mientras leía el libro de Cristleden, pensé en varias ocasiones en buscar una imagen del disco de Phaistos en Internet, puesto, que como es obvio, en el disco los signos siguen una espiral, así que la hipotética relación con el laberinto del Minotauro es muy tentadora: podría ser el camino hacia el centro del laberinto. Pero, a pesar de las ganas de volver a ver el disco para comprobar qué relación podía tener de juego de la oca y qué relación podía tener de laberinto de Knosos, lo fui posponiendo, porque quería leer entero el libro de Cristleden, por si había algo interesante para mi amigo Marcos y su investigación acerca del laberinto.

Cristleden cuenta que, en las tablillas con inscripciones en lineal A y lineal B que se encontraron en las excavaciones de Knosos, los nombres descifrados de lineal A eran a veces de divinidades coincidentes con las de la Grecia de la época micénica, contemporánea de los palacios cretenses (del -1200 hacia atrás). También hablaba de las tablillas en las que se consignaba lo que se entregaba al templo o palacio de Knosos y de los diversos signos encontrados, como el doble hacha, inscrito en muchos lugares. Todo muy interesante pero con poca relación con el disco de Phaistos.

Decidí buscar la imagen del disco para descansar un poco de la lectura y comprobar lo de la oca y el laberinto. Me interesaba especialmente comprobar si había 7 o 14 signos que representaran a hombres y mujeres, por la relación que ello pudiera tener con los 7 muchachos y 7 muchachas que Atenas debía entregar cada año al monstruo del Laberinto. Este fue el resultado:

Como se ve, no hay ningún 7 ni ningún 14 por ningún lado, por lo que la teoría de que el disco cuente el mito del laberinto tal como nos ha sido trasmitido no quedaba descartada, pero tampoco reforzada. Otro detalle importante en contra es que entre los animales representados en el disco no hay ningún toro, y menos un toro-hombre, como el Minotauro.

Ahora había llegado el momento de revisar la teoría del juego de la oca. Enseguida se ve que, efectivamente, puede decirse que en el disco de Phaistos hay casillas como en un juego de tablero.

Fragmento en el que se aprecian las “casillas”

Podía tratarse, efectivamente de un juego, pero si además tuviera las mismas casillas que la Oca, la cosa se pondría al rojo vivo, así que conté las casillas.

Lado 1: 31 casillas

Lamentablemente, sólo había 31 casillas en el primer lado, muy lejos de las 63 del juego de la Oca.

Un juego de la Oca con sus casillas básicas: las ocas, la prisión (52), el puente (6), la posada (19), los dados (26 y 53), el pozo (31), la muerte (58) y, por supuesto, el Laberinto (42).

Ahora bien, tal vez en el otro lado estaban las 32 restantes. Me dispuse a comprobarlo, pero entonces pasó por mi mente como un rayo la idea que me llevó a descifrar el disco de Phaistos.

Treinta y una casillas.

31.

Treinta y una, como los días de un mes. ¿Y si cada casilla fuera un día de un mes? En tal caso, en el otro lado tendría que haber también 31 o 30, o tal vez 28 o 29 por un mes como febrero.

Lado 2: 30 casillas

Conté las casillas del otro lado y resultaron ser 30. Un mes de 30 días al que seguía uno de 31, o a la inversa.

Asombrosamente, hoy he encontrado una pequeña confirmación de mi desciframiento: he pensado que si se trataba de dos meses, habría que indicar de alguna manera cuál era el primero y cuál el segundo. Entonces me fijé en los pequeños puntitos que hay en el inicio exterior de la espiral. Los conté: cuatro en un lado y cinco en el otro. El mes cuatro y el mes cinco. Esta podría ser una buena manera de apoyar mi teoría, si en una futura excavación se encuentran discos con tres, dos o un sólo punto.

Entonces, en qué consiste mi desciframiento del disco? ¿Qué era o para qué servía el disco de Phaistos?

Era, digamos, una especie de agenda en la que se consignaba, en cada día del mes, algo. Por ejemplo, podía ser la agenda de un comerciante, que apuntaba lo que compraba o vendía cada día: esclavos, guerreros, mujeres, gatos, pieles.

Tal vez se usaba en el puerto, en relación con los trasportes que llegaban por mar. tal vez era la lista de necesidades (¿la lista de la compra?) de un templo, un palacio o un mercado de abastos.

Del mismo modo que durante siglos se pensó que los jeroglíficos egipcios eran sólo dibujos o símbolos y no un lenguaje, con el disco de Phaistos podría haber sucedido lo contrario: el error ha sido considerarlo un lenguaje, y no símbolos o signos, cada uno de los cuales se refiere a algo concreto.

Alguien dirá que eso no explica ciertas regularidades, por ejemplo que el guerrero con casco de plumas (el que parece un mohicano) aparezca casi siempre al final o al principio de cada grupo de signos. Pero eso se podría explicar porque los sellos estuvieran colocados en orden y que el grabador los fuese cogiendo respetando ese orden para no liarse en las cuentas.

En próximos días intentaré pensar a qué cosas se referían los signos y buscar alguna clave más, y dentro de un tiempo escribiré también aquí una refutación de mi desciframiento.

Como es obvio, mi desciframiento tal vez ya ha sido hecho por otras personas, pero eso, en la investigación del proceso creativo del descubrimiento, no tiene gran importancia. Sin embargo, he hecho una rápida consulta a las teorías e intentos de desciframiento del disco y no he encontrado a nadie que sugiera lo mismo que yo. Las propuestas son: un ritual o canto a los dioses, una fórmula matemática, un canto guerrero o un juego. Más adelante ofreceré argumentos en contra y a favor de estas teorías.

Pero nadie dice que se refiera a un mes y que las casillas sean los días del mes. Naturalmente, podría tratarse de una especie de agenda pero quizá de carácter no comercial, consignando otros datos de interés. Lo importante es la concepción mensual. Por otra parte, la vanidad implícita en un desciframiento como este no significa que me guste: yo preferiría que fuese un texto literario en vez de las hojas de una agenda.

Copyright © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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