Andrew Ingraham y el lenguaje

Andrew Ingraham y el lenguaje Imagen superior: Zeze57, CC.

En varias ocasiones he hablado de Andrew Ingraham (1841-1905) y sus teorías del lenguaje. Lo hice por primera vez en mi revista Esklepsis, dentro de la sección Misterios.

Leí varios fragmentos de Ingraham en The meaning of Meaning (El significado dle significado), un interesantísimo libro de Ogden y Richards que leí cuando estudiaba en un seminario de Inteligencia Artificial. Ogden y Richard reproducían tres textos breves de Ingraham. El primero es una enumeración de los usos del lenguaje:

USOS DEL LENGUAJE
1. Para disipar energía nerviosa superflua y obstructiva.
2. Para la dirección del movimiento en otros, tanto hombres como animales.
3. Para la comunicación de ideas.
4. Como medio de expresión.
5. Para finalidades de registro.
6. Para poner la materia en movimiento (magia)
7. Como instrumento de pensamiento.
8. Para deleitar como mero sonido.
9. Para dar ocupación a los filólogos.

¿Por qué puse a Ingraham en la sección Misterios?

Pues porque por más que busqué y busqué no encontré sus libros o más información acerca de él.

Años después, gracias a Internet, vi que su libro estaba en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Recién el año pasado conseguí el libro gracias a mi amigo Jordi, que me lo trajo a España.

El libro al que pertenecen los fragmentos citados se llama Mind, metaphysics and logic y fue editado en 1913.

Antes de seguir hablando del libro, veamos otro de aquellos fragmentos citados por Ogden y Richards:

“No tenemos ocasión de hablar a menudo, como de un todo indivisible, del grupo de fenómenos implicados o vinculados en el hecho de que un negro salte una empalizada con un melón bajo el brazo, mientras en ese mismo momento la luna pasa por detrás de una nube. Pero si esta situación relativa de fenómenos ocurriera frecuentemente y si tuviéramos ocasión de hablar a menudo de ella, y si su ocurrencia pareciera afectar al mercado monetario, entonces tendríamos algún nombre, como por ejemplo basino, para designarlo. La gente discutiría oportunamente si la existencia de un basino implica necesariamente una empalizada y si puede utilizarse el término cuando un hombre blanco se halla relacionado de forma similar con un muro de piedra.”

¿No es delicioso? Se podría hablar mucho de las sugerencias de este breve fragmento, pero lo dejo para otra ocasión.

En el libro de Ingraham, una preciosa edición por cierto, y muy bien conservada casi cien años después, no hay, lamentablemente, ningún prólogo ni información acerca del autor, excepto estas breves líneas:

Andrew Ingraham, late head–master of the Swain Free School. New Bedford, Mass”

Así que Ingraham fue director de la Escuela Libre de Swain, que estaba en New Bedford, Massachussets. La cosa suena interesante, pero antes vamos a ver el tercer fragmento:

“Supongamos que alguien afirme: “El gosta distima a los doches”. Nadie sabe lo que esto significa; yo tampoco. Pero si suponemos que esto es castellano, sabemos que los doches son distimados por el gosta. Sabemos además que un distimador de doches es un gosta. Además, si los doches son galones, sabemos que algunos galones son distimados por el gosta. Y así podemos seguir y, en efecto, a menudo seguimos.”

De Ingraham he averiguado poco más. Sé que escribió un prólogo a los Cuentos de Canterbury de Chaucer y que fue miembro de la subdelegación matemática del llamado Comité de los Diez para la reforma de la educación.

De la escuela Swain si he encontrado información. Fue creada siguiendo las directrices testamentarias de William S. Swain, quien la concibió como un tributo a su amado hijo Robert Swain, muerto en 1844, cuando sólo tenía 24 años.

El propósito de la escuela era ofrecer estudios a personas sin recursos gratis o a un precio simbólico de 10 dólares. En 1902 se convirtió en escuela especializada en arte, pasando a llamarse Swain Free School of Design.

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Un cartel de la escuela Swain del año en el que Ingraham escribió su libro

En cuanto al libro de Ingraham, es interesantísimo. La pena es que creo que está escrito de una manera ingeniosa y sutil que mi conocimiento del inglés no me permite apreciar como se merece. El índice de capítulos ya resulta atrayente:

I. Psicología, acerca de Mentes
II. Epistemología, acerca de Conocimientos
III. Metafísica, acerca de Existencias
IV. Lógica, acerca de Cosas como Relaciones
V. Un universo de Hegel
VI. Siete procedimientos del lenguaje
VII. Nueve usos del lenguaje
VIII. Muchos significados de Dinero
(Many Meanings of Money)
IX. Algunos orígenes del número Dos

Precisamente, Ingraham habla de la abducción, aunque Ingraham lo llama transducción, que seguramente es más útil, pues el uso actual se confunde con esa costumbre que tienen los extraterrestres de darles un paseo espacial a los terrícolas, como ya hizo Jehová con Elías y su famoso carro. Pero de la abducción o transducción hablaré en otro momento (que está cercano, pero no tanto como el momento en que escribí “cercano”).

Como leí el libro de Ingraham en La Palma, ahora que regreso allí lo releeré poniendo muchísima atención, a ver si así entiendo mejor sus juegos de palabras y sus ingenios. Sólo citaré por el momento un texto en el que claramente anticipa al Huizinga que en Homo ludens llegaba a la conclusión de que no era posible una definición de juego que incluyera todos los juegos:

“Todo esto significa sencillamente que los epistemólogos, es decir, los cultivadores del conocimiento del conocimiento, del mismo modo que los cultivadores de otras ciencias, todavía no han llegado a un acuerdo acerca de la definición del conocimiento, y tampoco clasifican los conocimientos de la misma manera. Me atrevo a pensar que no existe una clasificación, sino que siempre hay un cierto número de clasificaciones y que algunas de ellas sirve para un propósito y otra para otro; pero que no hay clasificación posible que responda a todos los propósitos por los que el ser humano busca el conocimiento.”

Y pronto hablaré de la relación entre Ingraham y secleb. ¿Que no sabes qué es secleb?

Averígualo en la página que he dedicado a este fascinante asunto: Secleb.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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