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Hoy, los ordenadores forman parte integral de nuestra vida y las generaciones más jóvenes probablemente no sean capaces de imaginar cómo era la existencia sin ellos. Pero en 1984, cuando Apple lanzó su primer Macintosh (con 128 K de memoria RAM), eran vistos como unos artefactos exóticos, inaccesibles para el común de los mortales. Muchos de los que compraron aquel primer ordenador personal –y los que le siguieron‒ no sabían cómo funcionaba o de qué era capaz.